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Audemars Piguet demuestra su fervor y dominio del tourbillon

Aunque injustamente no ha tenido la repercusión de otras novedades de 2016, ningún aficionado a la relojería debería pasar por alto la serie especial que Audemars Piguet preparó con ocho de sus tourbillones más emblemáticos. La razón de que este lanzamiento haya sido más bien discreto quizá sea la ausencia de un calibre verdaderamente nuevo entre estas referencias.

En efecto, son ocho recreaciones de modelos ya conocidos —o al menos la mayoría— con el tourbillon como vínculo común. Pero una iniciativa ambiciosa como ésta tiene al menos dos efectos positivos: por un lado, la manufactura demuestra su profundo dominio de una de las complicaciones más admiradas del momento y por el otro, aumenta la oferta de un producto que suele escasear.

El atractivo de poner simultáneamente en el mercado un número tan amplio de versiones con tourbillon radica en la posibilidad de apreciar mejor la extensa variedad de estilos, complicaciones técnicas y habilidades artesanales que atesora la firma fundada en Le Brassus en 1875. Frente a los más conocidos Royal Oak, Royal Oak Offshore y Royal Oak Concept, destaca la incorporación de dos guardatiempos Jules Audemars, la línea más clásica de Audemars Piguet. Uno de ellos es el elegante y sofisticado Jules Audemars Tourbillon Cronógrafo.

Caja de 41 mm de oro rosa. Movimiento calibre 2936 de cuerda manual con 299 componentes y 72 horas de reserva de marcha.
Caja de 41 mm de oro rosa. Movimiento calibre 2936 de cuerda manual con 299 componentes y 72 horas de reserva de marcha.

Como ya se mencionaba, no es el primer reloj de la casa con este tipo de mecánica. La capacidad de la manufactura para elaborar movimientos nuevos es tal que le permite tener la misma combinación de complicaciones (cronógrafo y tourbillon) en dos calibres distintos. Lo que sí aporta esta versión es una estética inédita con caja de oro rosa y realces en marrón en los diferentes elementos de la carátula. Por debajo aparece una reconocible y bellísima arquitectura esqueletada, cuyos nervios van dibujando un motivo floral bajo el fondo de la esfera. En dicho fondo sobresale la aparición del muelle del barrilete de carga junto al índice de las 12 horas, que se convierte en uno de los protagonistas de la pieza, sobre todo en el momento de cargar la cuerda con la corona.

Para dar mayor profundidad al esqueletado se han empleado diferentes acabados tanto para la platina como para los puentes del mecanismo. El gris oscuro de estos soportes contrasta con el metalizado del barrilete y el dorado del tren de rodaje, sin olvidar el fino acabado de tipo espejo del puente del tourbillon.

Ya que el movimiento es el espectáculo principal, los elementos de la carátula se han reducido al mínimo. El segundero aparece discretamente en la posición de las 9 horas, mientras que el contador de minutos del cronógrafo a las 3 horas permite una lectura exacta de la función.

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