Publicado el 21 de Julio de 2010

Carlos Alonso / Editor

La medición del tiempo siempre fue un arma de doble filo desde el Medievo. Definía el trabajo y el ocio, la guerra y la oración. El repique de campanas regulaba la vida y quien las tocaba era el amo de las horas. Carlos V de Francia decretó en 1370 que todas las campanas-relojes debían ajustarse a las del palacio de L’Ile de la Cité. Fue un gesto para afianzar la supremacía del poder real, pero el idilio entre horas canónigas y civiles tardaría en llegar. Así, los golpes asestados por los santos-autómatas en las torres de las iglesias, el ángel que giraba con el día, el gallo cantando a la salida del sol o el disco lunar creciente han sido desde entonces lecciones de teología y astronomía al mismo tiempo. Nicolas G. Hayek sabía de historia medieval cuando a finales de los años 70 su agudo olfato de consultor le previno que era mejor rescatar todos los campanarios helvéticos en ruinas que sucumbir a la racionalidad del poder terrenal del cuarzo. Desde entonces, no se ha apeado del púlpito. Su papel de demiurgo relojero ha permitido en la última década que se abran múltiples vías expresivas entre la técnica y Dios. Desde diciembre, por cierto un mes religioso, vuelve a recordarnos que los componentes para las máquinas de regular nuestra existencia van a regresar al canon de entrega selectiva divina. Es curioso pero ninguna de sus diecinueve marcas ha rescatado este año el gusto por los relojes Memento Mori (en forma de cráneo, del siglos XV y XVI) para recordar a algunos usuarios que cada tic-tac que pasa les acerca a la muerte, y eso que el fundador de Swatch Group siempre fue un maestro en los cálculos entre purgatorio versus redención. Este Papa-monarca incombustible vuelve a protagonizar su segundo concilio de refundación de la industria relojera mientras la multitud más pecadora se pregunta si, como en tiempos de Calvino, se le permitirá reformarse. Hayek, señor de la rueda epicicloidal, no ha podido ser más preciso: “Es tiempo de regresar a la relojería real, al trabajo limpio de los artesanos”. Mientras, veinte firmas se han esmerado en los últimos años al presentar calibres propios y una decena de proveedores emerge como alternativa al Swatch Group. Los más vulnerables buscan nuevas iglesias con el consuelo de que, hoy, el tiempo y la vida se regulen por impulsos evolutivos que escapen a Dios.

TR VERANO 10

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REFUNDACIÓN