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Cielo blanco, estrella negra: Tudor y la historia de los All Blacks

La primera vez que una pelota de rugby surcó los aires de Nueva Zelanda fue en 1870. Charles Monro, originario de la ciudad de Nelson, dio a conocer a sus amigos un deporte que había aprendido durante su estancia estudiantil en Inglaterra y, a partir de entonces, la actividad se enraizó de manera profunda en la sociedad “kiwi”. En toda ciudad, suburbio pequeño e incluso en las zonas rurales, se pueden encontrar un par de postes de rugby, sean profesionales o improvisados.

Los neozelandeses respiran, comen y beben rugby. Es su deporte nacional, ese que los mueve a pasiones insospechadas. Por lo tanto, resulta natural que su selección nacional sea no sólo la más dominante en el mundo, sino uno de los equipos más reconocidos a nivel internacional en cualquier deporte.

Los All Blacks en plena celebración.

Bajo el apelativo All Blacks, el representativo de Nueva Zelanda es el más ganador en la historia de la Copa Mundial de Rugby (tres veces: 1987, 2011 y 2015), además de ser el que ha obtenido más veces el Rugby Championship o Torneo de las Tres Naciones, con 15 trofeos en 21 años que lleva la competencia. La cantidad de victorias sumadas los llevan a presumir un impresionante récord de 77% de victorias en compromisos internacionales, porcentaje al que ningún equipo de otro deporte ha podido siquiera acercarse.

¿Cómo es posible que un combinado alcance tal perfección en su disciplina? Hay que remontarse al pasado para saber de dónde proviene el poderío de los All Blacks. El primer paso se dio en 1893, cuando se creó la selección nacional de rugby. Debutó en un partido internacional una década más tarde, el 15 de agosto de 1903, cuando se enfrentó a la selección de Australia en Sídney. En aquella ocasión, los All Blacks aplastaron a sus vecinos con un marcador de 22 a 3. La leyenda comenzaba.

Un par de años después otra selección nacional realizó su primera gira, que estaba programada sólo para visitar las Islas Británicas, pero se extendió a Francia y Estados Unidos. Durante seis meses ese equipo se enfrentó a clubes ingleses, galeses, escoceses e irlandeses, así como a los representativos de aquellos países. El cuadro neozelandés, conocido como The Originals, disputó un total de 35 partidos, de los que sólo perdieron uno contra Gales en la ciudad de Cardiff. Este duelo contó con su dosis de controversia, pues aún hoy existen personas que aseguran que Nueva Zelanda anotó el empate durante una jugada que los árbitros decidieron marcar como ensayo.

Tudor entró de lleno a las canchas de rugby este año, al convertirse en patrocinador de un sinfín de competencias oficiales.

Aquel primer descalabro significó el nacimiento de un clásico, pues el Nueva Zelanda contra Gales es uno de los platillos más esperados durante los mundiales de la especialidad. Los llamados Originals marcaron una época no sólo por su estilo salvaje y aguerrido, contrario al espíritu de caballerosidad que distinguía a los británicos, sino también por su indumentaria: el mítico color negro en todos los elementos del uniforme, excepto por un helecho plateado a la altura del corazón.

Como resultado de su juego tosco y su silueta oscura, el mote All Blacks se popularizó fuera de Nueva Zelanda y se convirtió en uno de los apelativos más famosos del mundo.

La actividad continuó con su desarrollo natural hasta que sufrió un parón durante la Primera Guerra Mundial, pues ante el conflicto armado se suspendieron todos los juegos programados. No obstante, una comitiva compitió en la llamada Copa del Rey que enfrentaba a los servicios militares de distintas naciones.

De esa formación nació un nuevo conjunto All Black, que realizó una gira por Sudáfrica antes de volver a Nueva Zelanda. Durante los duelos con el conjunto sudafricano, se fraguó otra rivalidad histórica ya que empataron varios partidos, al tiempo que cada bando ganó dos encuentros. Con dichas victorias, Sudáfrica entró al selecto y reducido grupo de naciones que han podido derrotar a los All Blacks en la historia, junto a Gales, Francia, Australia e Inglaterra.

Tudor Black Bay Dark, el reloj oficial de los All Blacks

Luego de varias giras y la consolidación de Nueva Zelanda como la máxima potencia del rugby (durante un largo período fueron conocidos como “Los invencibles”), se llevo a cabo la primera Copa Mundial de Rugby en 1987, que fue ganada por los All Blacks de manera relativamente sencilla al imponerse a Francia en la final con marcador de 29 a 9.

Pese a su dominio histórico, para 1991 el equipo se encontraba bastante envejecido, lo que se hizo notar durante el mundial de dicho año en el que fueron derrotados por sus vecinos de Australia, quienes se convirtieron en los campeones.

Este duro golpe hizo que iniciara un plan de renovación que incluyó un cambio inmediato en la dirección y la plantilla. Como resultado de esta acción, el equipo vio nacer a su primera estrella internacional, Jonah Lomu, quien gracias a su increíble capacidad física (correr 100 metros en menos de 11 segundos) y el miedo que infundía en los rivales (1.96 metros y 120 kilogramos de poder) dotó de aire nuevo a la selección. Esto coincidió con la profesionalización del rugby, que ocurrió de manera oficial en 1995 luego de que Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda la impulsaran. Estos países disputaron entonces el primer Torneo de las Tres Naciones (al cual después se sumó Argentina), competición que, como se señaló antes, es dominada por los All Blacks.

La actividad constante (más de 110 años de competencia casi ininterrumpida al nivel más alto) y la imposición de un estilo de juego, han hecho de este equipo una leyenda que además ha contado con algunos de los mejores exponentes individuales de la disciplina, como Beauden Barrett, quien fue nombrado el mejor jugador de rugby del año pasado.

Beauden Barrett

En 2017 fueron galardonados con el premio Princesa de Asturias de los Deportes, dado su “extraordinario éxito deportivo”, aunado a su capacidad para “reflejar grandes valores como la solidaridad y la deportividad”. Gracias a este espíritu, la casa relojera Tudor los convirtió en embajadores oficiales de la marca, pues no existe otro conjunto en el mundo que represente mejor el “Born To Dare”, lema rector de la empresa suiza, que ha homenajeado a los All Blacks con el modelo Black Bay Dark, tan robusto, elegante y preciso como el juego neozelandés.

Para concluir con esta historia épica, no podemos dejar de mencionar uno de los elementos mágicos que conforman la fórmula del éxito para los All Blacks. Cada que un equipo neozelandés se presenta en competencia, todos los integrantes realizan una ceremonia llamada haka, danza de desafío que fue utilizada por primera vez en 1888, cuando equipos de Australia y el Reino Unido jugaron contra conjuntos nativos del país austral. La haka no es otra cosa que un canto de intimidación maorí, lengua propia de los primeros habitantes neozelandeses. De hecho, Nueva Zelanda es conocida en maorí como Aotearoa, que significa “tierra de la gran nube blanca”. Es justo esta unión entre lo claro y lo oscuro, lo sofisticado y lo tradicional, la vanguardia deportiva y el coraje tribal, lo que infunde su poderío a los All Blacks.

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