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Tenía 23 años cuando se embarcó rumbo a Bangkok como ejecutivo junior de Diethelm, el mayor importador y distribuidor de Tailandia donde terminó como director de la división relojera. Fue un Marco Polo suizo en Asia, una zona geográfica que conocía en profundidad. Organizó expediciones a lugares entonces poco accesibles, fue capitán del equipo de rugby Royal Bangkok Sport Club; de los años 60 a los 80 fabricó carátulas, espirales, cristales de zafiro, cajas y ensambló módulos de cuarzo para la relojería helvética desde Malasia y Filipinas. En 1983, cuando esquiaba en St. Moritz, escuchó el rumor de que Ulysse Nardin estaba en venta. Al frente de la manufactura desde 1983, impulsó la relojería astronómica,
descubrió el silicio como el nuevo mantra de la microrregulación y creó el Freak.
Primero fue el silicio. Después
usaron silicio con diamante.
¿Cómo se les ocurrió la idea?
Empezamos con una producción de
laboratorio y únicamente creamos
cien piezas porque no se podía hacer
mecánicamente. Lo creamos en Sion,
el Silicon Valley de la industria relojera,
con nuestro socio Mimotec que
desarrolló desde el principio la tecnología
con científicos de la universidad
de Lausana. Nosotros llevamos la
idea y aportamos el 50% del capital.
Después se nos ocurrió combinar
silicio y diamante con Sicatec, incluso
hicimos algunas espirales únicamente
de diamante. Nunca hubiera pensado
que un diamante es más flexible que el
acero. Pero no hay ninguna ventaja en
hacerlo de diamante; el silicio es mejor.
Nuestro socio trató de mejorar el
proceso del diamante pero no fuimos
capaces de producirlo con calidad.
¿Podrán otras marcas servirse
de estos avances algún día?
Primero pensamos abrir una nueva
área en nuestra manufactura para
esta tecnología junto a nuestro socio.
Pero pensamos que si otras marcas
se interesaban tendrían que venir a
nuestro mismo edificio y dimos marcha
atrás. Seguimos fabricando todo
en Sigatec, que es una empresa libre y
no tiene sentido que sólo trabaje para
nosotros. El silicio que hace el CSEM
(Centro Suizo de Electrónica y Microtecnología)
es sólo para tres (Patek
Philippe, Rolex y Swatch Group).
Cuando empezamos con el Freak
llevamos la idea al CSEM pero después
ellos vieron a otras compañías que
hasta patentaron algunas cosas que
nosotros empezamos.
¿Alguna aportación de la que se
sienta especialmente orgulloso?
Cuando a tu hijo le va bien en la escuela,
no vas por ahí presumiéndolo. Lo
que hacemos lo hacemos para que no
nos excluyan, pero tampoco nos gusta
excluir. Lo que hemos invertido en el
desarrollo con el diamante han sido
más de 10 millones de francos y es un
gran paso. Ahora se puede ofrecer esta
tecnología y estoy seguro que todos
están tratando de experimentarla.
Este año las firmas prefieren rescatar
sus archivos que inventar.
Probablemente sí, pero sabe, hay
tantos materiales diferentes que se
pueden traer todavía. Por ejemplo,
para hacer cajas. Nosotros hemos
puesto un caucho que no se desgasta
sobre la caja, para reforzarla.
Díganos, ¿cuál es la verdadera
razón de la vuelta de los clásicos?
China, que es un país muy particular
al que le gustan los clásicos. Pero
al mismo tiempo puedes encontar
20 millones de chinos que pueden
compran un Freak. Todo el mundo
corre a China pero sólo unos pocos
pueden vender allí. Para empezar, hay
muchos impuestos. El costo para que
el producto esté en el país es un 63%
y 67% más caro que en Hong Kong.
Ellos compran sólo lo que conocen y
no son aventureros, todos son clási-
cos. Cuando empezaron a llegar los
joyeros chinos a Baselworld por primera
vez se llevaban marcas nuevas,
pero no las vendían. Me pidieron que
fueramos más clásicos. Y yo les dije
que era imposible en Ulysse Nardin
porque pensé que lentamente su
mercado cambiaría, pero no cambió.
Así que he tenido que regresar a mis
libros y rescatar los modelos de los
años 80.
¿Esa es la explicación del regreso
de los ultraplano y las tallas mini?
Sí, ya los 40 mm les parecen grandes.
Tampoco les gustan los cronógrafos
porque aprietan el pulsador y se preguntan
¿y esto para qué sirve?
Son muy prácticos.
¿Está contento con el mercado
chino?
Vendemos pero nunca las piezas
grandes, porque cuando van a la
tienda preguntan cuánto cuesta y
desde su teléfono llaman a Hong Kong
para comparar precios y ahí mismo se
termina el negocio. Cuando un chino
da un regalo es importante que el
que lo recibe sepa cuánto ha costado
y si no identifican el producto a la
primera pues no funciona porque no
puede presumir el precio. Son felices
así. Cuando la gente se casa o tiene
un hijo el regalo más común es algo
de oro, y dejas el ticket para que vean
cuánto pagaste.
Usted ha sido un pionero de la relojería
en Asia desde los años 50,
¿qué lecciones ha extraído?
Más que verlo como lecciones lo considero
oportunidad. Lo primero que
vi es que los asiáticos pueden aprender
muy rápido. Cuando llegué no
tenían las habilidades, no existía esta
industria. Fui el primero en lanzarla.
Y hay dos formas de enseñarles: o les
traes a Suiza o llevas las máquinas
allí con el personal suizo. Ellos tienen
mejor disciplina que en Suiza.
¿Nunca ha pensado en regresar a
producir en Asia?
No, ya tengo una esposa asiática y con
eso es suficiente. Ja, ja.
¿Cuál es el mercado que asimila
mejor las locuras relojeras como
el Freak o la Trilogía del Tiempo?
América. Estados Unidos es el tipo de
país donde puedes llegar con algo nuevo
y ellos lo prueban; al menos hasta
la crisis financiera. El día antes de Baselworld
había americanos viniendo
a nuestra manufactura para ver qué
pueden adquirir en exclusiva antes de
que abra la feria. Claro, un minorista
compra lo que está seguro que puede
vender y los americanos no tienen
el mejor gusto. Los europeos aun si
tienen una marca con ventas bajas le
dejan una esquina en su joyería, sólo
por respeto.
La ropa, los autos o la electrónica
se hacen bien en Asia... ¿Por qué
no la alta relojería?
No hacen movimientos pero sí cajas,
esferas, agujas. Los chinos pueden fabricar
cosas baratas o cosas más caras
pero no de muy buena calidad. Pero no
hay que subestimarles. Siempre digo
que Japón puede producir calidad
y función pero no tienen emoción
porque quieren producir mucho. Pero
Seiko hace movimientos perfectos y
China puede hacer lo mismo.
¿Ve a China como un competidor
a futuro para la alta relojería?
No lo creo. Acabo de recortar un
artículo del Herald Tribune que le di a
Patrick (Hoffman) hace dos días, en el
que se habla de los relojes de imitación
de Shanghai donde tú puedes encontrar
copias perfectas de cada marca,
con movimientos chinos que llaman
Valjoux-Asia.
¿Y pueden producir silicio?
Aún no. Es muy complicado. No me
extrañaría que lo estén estudiando.
En la universidad de Neuchâtel
predominan los estudiantes chinos,
después los rusos y les siguen los
suizos.
¿Se siente cómodo con esta globalización
del conocimiento?
Todos tienen el derecho a saber y si se
desarrollan podremos venderles más
relojes. Hay que dar y recibir.
En Rusia adoran Ulysse Nardin.
Para nosotros Rusia está muy desarrollado.
Hemos hecho varias veces
piezas especiales. Ahora tenemos
boutiques y hasta 30 personas cuidando
el mercado.
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