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La Esmeralda se viste de oro blanco

Resulta muy conocido en México porque perteneció a Porfirio Díaz. La Esmeralda llegó a México gracias a Hauser, Zivy & Cie, la firma que regentaba la joyería con sede en París y Ciudad de México que acabaría dando nombre al reloj.

Una pieza de bolsillo que ganaría la medalla de oro en la Exposición Universal de París de 1889 por su construcción innovadora. El reconocido primer reloj con tourbillon y tres puentes fue creado ya en 1860. Diseño y función técnica en perfecta armonía.

La arquitectura simétrica del movimiento sigue en la cara visible del reloj que, por primera vez, se viste de oro blanco. Un movimiento equipado con microrrotor en platino integrado en el fondo bajo el barrilete. La construcción ya recibiría su primer reconocimiento con el primer premio de cronometría de 1867 en el Observatorio de Neuchâtel.

Una expresión mecánica de eterno valor que en 2016 obtendría el Gran Prix d L´Horlogerie de Genève en la categoría Tourbillon por la versión presentada para el 225º aniversario en oro rosa.

Un calibre inhouse de 310 componentes fabricados a mano. Para aumentar el contraste visual de la nueva Esmeralda Tourbillon, los puentes han sido redondeados y, en el centro, los chatones diamantados matienen la alienación exacta en el mismo plano del barrilete, la rueda central y la jaula del tourbillon.

Una arquitectura de bello equilibrio. Una construcción escultórica que sigue intacta desde 1860. Estéticamente, para las flechas se ha utilizado la técnica del pulido espejo, los bordes se han biselado a mano y los flancos se han estirado. Su calibre oscila a 21,600 alt/h y ahora garantiza 60 horas de reserva de marcha gracias al aumento del diámetro del tambor del barrilete que ha permitido alargar el muelle. El reloj legendario de Girard-Perregaux no pasa de moda.

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