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REPORTAJE TdR
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LA CERTEZA DEL OCTÁGONO. Su silueta inconfundible, ‘alter ego’ de la manufactura de Le Brassus, es valor seguro en tiempos revueltos. A sólo dos años de su 40 aniversario, el incombustible Royal Oak se enfunda en múltiples trajes y aborda géneros diversos, con especial predilección por los códigos tecno-futuristas y las ediciones conmemorativas. México, por supuesto, tiene la suya.
Su bisel atornillado de ocho flancos es el más reconocible de la industria y su capacidad de hibridación, infinita. Así lo ha entendido el equipo de prospección de Audemars Piguet, que en un curso marcado por la cautela generalizada ha optado por dar otra vuelta de tuerca al roble real. De modo que las series más formales del portafolio –como Jules Audemars o Millenary– se refugian en las declinaciones, mientras el peso de la colección recae sobre el tenaz Royal Oak. Concretamente, en su dimensión posvanguardista, con Royal Oak Offshore Tourbillon Chronograph –un nuevo diseño de AP Renaud & Papi, relojero de cabecera en la maison que dirige Philippe Merk–, cuya caja de oro rosa con bisel de carbono encierra la arquitectura hi-tech de un crono rueda de pilares con torbellino. En la vertiente automotriz, el cronógrafo Royal Oak Offshore Grand Prix abraza el carbono forjado, los perfiles aerodinámicos y los colores primarios de los bólidos y sus tableros de instrumentos. Por el contrario, en la faceta subacuática, AP opta por la simplicidad extrema del Royal Oak Offshore Diver, que reivindica la ausencia de complicaciones. En el ámbito de las celebraciones, Royal Oak Offshore Pride of Mexico puede jactarse de haber sido la primera edición conmemorativa del Bicentenario de la Independencia de México que salió al mercado. Con la bandera nacional deconstruida en los elementos de la carátula y en versiones de titanio/acero u oro rosa, ha batido récords de ventas.




















































































