Anuario 2012


  • PURISMO EN ESENCIA. Grandes complicaciones en su expresión más nítida, reedición de calibres casi intangibles, lacas
    sutiles de memoria ancestral, reflejos volátiles de oro blanco y platino... Una magnética sensación de levedad recorre un repertorio
    colmado de fundamentos, que apelan a la simplicidad como forma de estilo y al espíritu imperecedero de la gran dama.

    A las tres manecillas que configuraron su reloj estelar el curso pasado, Vacheron Constantin contrapone este año una formidable y gran complicación. Sólo una institución como la firma que dirige Juan Carlos Torres puede permitirse semejantes argumentos de humildad y maestría en una misma colección con apenas doce meses de diferencia. Sólo la maison ginebrina –que enarbola orgullosamente la exclusividad de manufactura en activo de forma ininterrumpida más antigua de la industria– puede acometer con éxito un salto tan aventurado. Sin embargo, el riesgo se desvanece ante los valores eternos de una saga como Patrimony Traditionelle, que esta temporada alcanza cotas sublimes con una suite de calendarios perpetuos integrada por un tourbillon con ecuación del tiempo (Calibre 2253), una repetición de minutos (Calibre 2755) y un cronógrafo (Calibre 1141QP). La misma serie declina en oro blanco el crono bi-compax, y en Patrimony Contemporaine, la retrografía adopta idéntico material que, junto con el platino, inunda el portafolio de la casa y le da un aire diáfano, casi etéreo. En ese ejercicio de fidelidad a las líneas puras, se inscriben también dos interesantísimas propuestas: Historiques Ultra-fine 1955, reedición del reloj que encierra el calibre de carga manual más esbelto del mercado –1.64 mm de espesor–, y Métiers d’Art La Symbolique des Laques, que recrea la poética alegórica del arte tradicional japonés con la técnica milenaria de lacado Maki-e.
     

Vacheron Constantin