Publicado el 22 de Febrero de 2012

Jaeger-LeCoultre Atmos Marqueterie "El Beso"
Jaeger-LeCoultre Atmos Marqueterie - gabinete cerrado

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Jaeger-LeCoultre dedica una nueva serie limitada a diez ejemplares del péndulo Atmos Marqueterie, encarnación perfecta de los valores del Art Nouveau, reinterpretados por las tradiciones artesanales de la Manufactura. Su gabinete reproduce fielmente “El Beso”, transfiriéndole el virtuosismo de los oficios inauditos de la Manufactura, los que enaltecen maravillosamente el talento único del pintor simbolista austríaco.

Más de 1200 piezas de madera recortadas individualmente, en bruto o cubiertas de láminas de oro de diversas tonalidades a la manera de Klimt, y luego pegadas unas a las otras, tapizan el gabinete de un Atmos elaborado con una suntuosa marquetería íntegramente realizada a mano.

Las más preciosas maderas entremezclan sus vetas y matices creando un camafeo de marrones y  anaranjados sobre un fondo de raíz de Amboan color marrón. Mientras el boj camassari se codea con el limonero de Ceylán y el palo amarillo se une con la raíz de madrona, el arce se conjuga con el peral, la madera de tulipanero se asocia al nogal y la raíz de fresno con el boj de los Andes.

Dotado de un sistema mecánico discreto y equipado con un botón disimulado en la decoración, el gabinete se abre majestuosamente sobre este tiempo que ocupa cada parcela de su cuerpo. En un recinto de cristal reposa el péndulo que permite el paso de las horas con una regularidad sin falla.

La indicación de los meses y de las fases de la luna acompaña la visualización del regulador de las horas y minutos. Un zafiro amarillo de talla cojín reina en los 60 minutos para marcar el zénit, mientras que los índices rombo de madera petrificada recuerdan inexorablemente a la Tierra. La luna dorada exalta las paradojas en un disco de madera petrificada e incrustada de diamantes de talla brillante que constela de estrellas su cielo marrón. La rueda de los meses está circundada por una corona de latón plateado de espíritu puro y contemporáneo.

Pero, ¿cómo consigue el Atmos su perpetua marcha?

A pesar de que el Atmos se ha beneficiado de constantes perfeccionamientos, el principio sigue siendo el mismo: las variaciones térmicas proporcionan la energía necesaria para el funcionamiento del péndulo. ¿Su secreto?... una cápsula hermética dotada de una mezcla de gas –originalmente mercurio- que se dilata cuando la temperatura aumenta y se contrae cuando ésta baja. Asociada al muelle de arrastre del péndulo, la cápsula funciona como un pulmón mecánico cuya respiración remonta el barrilete al ritmo de las fluctuaciones atmosféricas. Hasta el más mínimo grado Celsius arma el mecanismo garantizando una reserva de marcha de 48 horas.

Su volante anular manifiesta una economía ejemplar pues sólo oscila dos veces por minuto y consume una cantidad de energía 250 veces menor que un reloj de pulsera clásico, el que requiere un promedio de 300 latidos por minuto.

Un mecanismo ecológico de vanguardia, tan parsimonioso que se necesitarían sesenta millones de Atmos para igualar el consumo de una bombilla eléctrica de 15 vatios.

Ficha Técnica.



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