Con la cita italiana que se celebra en estos momentos, son ya 32 las ocasiones en las que Omega ha aportado su conocimiento en la medición y control de las pruebas olímpicas. Un recorrido que comenzó en Los Ángeles en 1932 y que ahora se perpetúa en Milano Cortina. Lógicamente, los medios han cambiado mucho en estos 94 años de diferencia. En aquella ocasión, Omega desplazó a la ciudad estadounidense un trabajador de la casa, el cual era responsable de treinta cronómetros certificados por el observatorio de Neuchâtel, con una precisión de una décima de segundo. Aunque hoy en día nos parezca rudimentario aquella puesta en escena, la labor de Omega fue vital para que se registraran en Los Ángeles diecisiete récords del mundo. También sirvió a los organizadores para constatar que el cronometraje era parte esencial del espectáculo olímpico. Y Omega tomó nota de aquel descubrimiento.
Los medios actuales no tienen nada que ver los demostrados por Omega en Los Ángeles. A esta cita repartida entre la ciudad italiana y la famosa estación de esquí de Cortina D’Ampezzo han llevado 300 profesionales de la cronometría. A estos hay que sumar los cerca de 250 voluntarios que se han unido. El material reunido es igual de impresionante: 130 toneladas de equipamiento, el cual incluye más de 100 kilómetros de cables y fibra óptica, 65 paneles electrónicos y 20 marcadores públicos. Todo para que no se les escape ningún gesto de los más de 2,900 atletas, procedentes de más de 90 comités olímpicos, que compiten ahora mismo en Italia.
Control y espectáculo
Al igual que el equipo y las habilidades de los deportistas han crecido con el paso de las décadas, la tecnología de Omega ha vivido una constante evolución hasta llegar a los medios actuales. Los cronómetros mecánicos fueron desplazados por los equipos electrónicos desde los Juegos Olímpicos de St. Moritz en 1948. Fue el año en el que Omega introdujo las cámaras de photofinish en las competiciones de esquí. Esta tecnología mejoró en la década de los noventa con las nuevas cámaras capaces de medir tiempos con una precisión de una milésima de segundo.
O, ya más recientes, dispositivos como la Scan ‘O’ Vision Ultimate, estrenada en los Juegos Olímpicos de París, capaz de tomar 40,000 imágenes por segundo. O el Quantum Timer, el “cerebro” de la medición cronométrica, que mide los tiempos con una precisión de una millonésima de segundo. La firma indica que el modelo que se ha llevado a Milano Cortina es hasta cinco veces más preciso que las versiones previas.
Sin embargo, la cronometría deportiva debe ir más allá del mero control de tiempos. En Omega saben bien que tan importante es la medición como el modo de mostrarla a los espectadores y televidentes. Porque los Juegos Olímpicos son, ante todo, puro espectáculo.
En tiempo real
En los tiempos primitivos de las competiciones esta necesidad de espectáculo se centraba en la instantaneidad de los resultados de las pruebas.Ya fuera en vivo o retransmitidas por televisión. De este modo, los espectadores de los Juegos Olímpicos de invierno celebrados en Innsbruck en 1964 fueron los primeros en poder ver los resultados de las pruebas de esquí en las pantallas de sus televisores gracias a una tecnología denominada Omegascope. La tecnología mejoró años más tarde (1980 en Lake Placid) con Game-O-Matic al trasladar estos mismos resultados de manera al instante a los televidentes.
Las expectativas actuales van más allá y, controlada la precisión de las competiciones, el siguiente paso es la creación de un relato más completo gracias a una información más amplia de las actuaciones de los deportistas. El resto ahora es conseguir que el espectador viva de manera directa el drama de la competición al reunir una información más rica en detalles. El uso de la nueva generación de pistolas electrónicas, los silbatos que usan los árbitros de los partidos de hockey o la implementación de la Inteligencia Artificial en las salidas de las carreras de patinaje son buena muestra de esta búsqueda de una narración que atrape la atención de los espectadores.
Novedades en Milán
El concepto clave para entender el actual trabajo de Omega Timing, el departamento de la firma especializado en cronometría, es Computervision. Esta tecnología fue estrenada en los Juegos Olímpicos de Pyeongchang de 2018 y define el apartado visual de todo el proceso de seguimiento óptico de los atletas durante la competición capaz de capturas los movimientos, velocidades y distancias, entre otros parámetros. Como decíamos antes, la cronometría moderna va más allá de la captación del dato numérico.
La actualización que Omega ha traído de Computervision a Milano Cortina ha centrado su atención en aspectos como el desplazamiento de los patinadores artísticos o los saltadores de esquí. Computervision logra mediante Inteligencia Artificial realizar gráficos de los movimientos que están realizando los atletas para que los espectadores una comprensión más clara de la dificultad de los ejercicios. Algo vital en pruebas tan técnicas como las indicadas.
Hospitalidad y pedagogía
La presencia de Omega en estos Juegos Olímpicos de Milano Cortina va más allá de su labor cronometradora. Cuenta además con un nutrido número de estrellas de los deportes de inviernos reunidos en Italia que son sus embajadores. La firma mantiene abierta a lo largo de todo el evento la Omega House. Un hospitality con el que atender a todos los amigos de la firma que quieran visitarla durante en estas fechas. Omega House cuenta con una ubicación privilegiada en el centro de la ciudad. Nada menos que al lado de la famosa Galleria Vittorio Emanuele II, a pocos metros de la catedral de Milán.
Para conseguir tan fantástico espacio ha recurrido a Carlo Crocco, famoso restaurador italiano y también amigo de la marca. Omega ha ocupado la totalidad del edificio del Restaurante Crocco para que pueda ser visitado a lo largo del día. Omega House cuenta con una cafetería en la planta baja. El restaurante y salas de estar se encuentran en los pisos superiores, así como una pequeña exposición que repasa algunos de los hitos cronométricos de la firma.
Una función más pedagógica cumple Omega Pavilion, un recinto temporal fabricado en madera que la casa suiza ha levantado en Piazza San Babila. Omega Pavilion es una invitación a todos los milaneses para que conozcan de primera mano toda la labor que la compañía está realizando durante los Juegos Olímpicos que están celebrándose en su ciudad. Un entretenido e instructivo modo de explicar la sigilosa, pero esencial, labor de Omega en el mundo del deporte. . Omega Pavilion es una invitación a todos los milaneses para que conozcan de primera mano toda la labor que la compañía está realizando durante los Juegos Olímpicos que están celebrándose en su ciudad. Un entretenido e instructivo modo de explicar la sigilosa, pero esencial, labor de Omega en el mundo del deporte.