Hacía mucho tiempo que no ocurría: según los datos de la Federación de la Industria Relojera Suiza (FHS) correspondientes a septiembre, Estados Unidos ha caído a la tercera posición como destino de exportaciones, superado por Reino Unido y Japón. Una anomalía que, una vez superados los problemas arancelarios, debería corregirse pronto para devolver al país su papel histórico como primer cliente de la relojería suiza. Durante décadas, así ha sido: un mercado gigantesco, con un potencial de crecimiento que, según los expertos, aún no ha tocado techo.
El negocio relojero estadounidense se distingue por su dinamismo y diversidad, reflejo directo de los cambios económicos y sociales del país. Existen polos consolidados como Nueva York, Miami y Beverly Hills; ciudades con tradición relojera como Boston y Chicago, y áreas emergentes que ganarán protagonismo en los próximos años, con Houston y Dallas a la cabeza. No olvidemos que dos de las grandes revoluciones del sector (la venta online y el auge del mercado de segunda mano) tuvieron en Estados Unidos a su pionero y líder indiscutible.
Era previsible que los cambios que vive la sociedad estadounidense se reflejaran también en su mercado relojero. Y hay un elemento clave que define la evolución económica del país en los últimos años: el ascenso de las empresas tecnológicas. Basta mirar la lista de compañías con mayor capitalización bursátil: Nvidia lidera, seguida por Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Broadcom y Meta. Solo Berkshire Hathaway (finanzas) y Eli Lilly (salud) rompen la hegemonía tecnológica en el top 10, ocupando los últimos puestos. Hace tres décadas, esa lista estaba dominada por nombres como General Electric, Exxon, Coca-Cola o Procter & Gamble. Esta concentración sectorial tiene una consecuencia sociológica evidente: nunca tanta riqueza se había acumulado en un área geográfica tan reducida.
Otro uso del silicio
Silicon Valley, término acuñado por el periodista Don Hoeffler en los años setenta, se ha convertido en el epicentro mundial de la innovación. Allí se concentran las sedes de Nvidia (Santa Clara), Apple (Cupertino), Alphabet (Mountain View), Broadcom (San José) y Meta (Menlo Park). Solo Microsoft y Amazon rompen el patrón desde el estado de Washington, aunque mantienen presencia estratégica en la región. El motor de esta concentración es la Universidad de Stanford, vivero de talento que ha nutrido a las principales firmas tecnológicas del país. El resultado: el condado de Santa Clara es hoy la tercera región más rica del mundo por renta per cápita, solo por detrás de Zúrich y Oslo.
Esta generación de riqueza se refleja en los fundadores y directivos de las grandes tecnológicas, convertidos en las personas más ricas del planeta. Elon Musk, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg son solo algunos ejemplos, junto a pioneros como Larry Ellison (Oracle) o Bill Gates. Su influencia trasciende el ámbito empresarial: son figuras mediáticas, analizadas al detalle por la prensa y las redes sociales. Protagonistas de un fenómeno que redefine el concepto de poder económico.
Como no podía ser de otro modo, los aficionados también han investigado los gustos de estos multimillonarios en cuestión de relojes. Los resultados, hasta ahora, no podían ser más desalentadores. A diferencia de las clases altas estadounidenses tradicionales, ya sean grandes fortunas de la Costa Este, deportistas de élite o estrellas del entretenimiento, estos Big Tech CEOs han mostrado un desinterés absoluto por la relojería. Un fenómeno interpretado como un choque cultural entre las nuevas tecnologías y la artesanía tradicional que representa la relojería mecánica. O eso pensábamos hasta ahora.
MARK, EL COLECCIONISTA
Mark Zuckerberg ha cambiado por completo la relación de los Big Tech CEOs con el mundo de la relojería. El fundador de Facebook había mostrado hasta el año pasado nula pasión por esta afición, como demuestran las innumerables imágenes en las que aparece con las muñecas desnudas. Según recogen los medios, todo cambió con motivo de la boda de Anant Ambani, heredero de la mayor fortuna de Asia. A ella acudió acudió junto a su esposa.
En redes sociales circula un vídeo en el que se aprecia cómo la pareja Zuckerberg queda fascinada por el reloj que luce Ambani, uno de los muchos Richard Mille que atesora en su colección. Si esto ocurrió en el verano de 2024, desde entonces Zuckerberg ha abrazado la pasión por los relojes con la fe de un auténtico converso, construyendo una impresionante colección en apenas un año.
Era obvio que un potentado como Zuckerberg iba a escoger piezas de precio elevado, aunque lo sorprendente es el grado de conocimiento que ha adquirido en tan poco tiempo. Su selección es tan amplia como exquisita, con referencias de casas como H. Moser & Cie, De Bethune, F.P. Journe o Greubel Forsey. De esta última incluso ha aparecido en un vídeo reciente explicando que el modelo que llevaba en la muñeca era un prototipo del innovador Nano Foudroyante. Fue una petición expresa para comprobar cómo funcionaba esta creación tan singular. Como vemos, son modelos que comparten un rasgo común: pertenecen a firmas de autor, muy poco conocidas por el gran público, pero que parecen haber encontrado en Silicon Valley un público ansioso por descubrirlas.
Cualquier interesado en la relojería de autor que viva en la bahía de San Francisco no tiene que ir muy lejos para conseguir una pieza de coleccionismo. En el corazón mismo del valle se encuentra Stephen Silver Fine Jewelry. Acaba de inaugurar un espectacular showroom en The Villa Menlo Park, donde se pueden encontrar firmas como Arnold & Son, Cyrus, Greubel Forsey, Krayon o Urwerk. Incluso cuenta con boutiques propias de H. Moser & Cie, MB&F y Ulysse Nardin.
Stephen Silver abrió su negocio en 1980 como especialista y fabricante de joyería, llegando a ser uno de los más importantes del mercado estadounidense. Su hijo Jared Silver se unió a la compañía en 2012 y seis años más tarde fue nombrado presidente. En esa misma época, Stephen y Jared tomaron la decisión de ampliar su negocio a la relojería, con la curiosidad de centrarse casi de manera exclusiva en firmas de autor.
ATRACCIÓN INDEPENDIENTE
“Fue una decisión que vino sobre la marcha”, nos comenta Jared. “Acudimos a las grandes ferias de Suiza y hablamos con muchas firmas para que se sumaran al proyecto. Encontramos una gran reticencia en las marcas pertenecientes a grandes grupos. Nos dimos cuenta pronto de que eso no iba a salir bien. Después acudimos a los pabellones pequeños y descubrimos nombres como MB&F, Urwerk o Ressence. Fue un flechazo a primera vista. No solo sus relojes eran estupendos, sino que la relación con ellos era muy cercana. Bastaba con un apretón de manos para sellar un acuerdo de colaboración”.
El proyecto de la familia Silver tomó forma definitiva con la apertura de The Villa Menlo Park, inaugurada a finales de noviembre de 2024 y aún en fase de ampliación, con la próxima incorporación de un nuevo salón dedicado a la joyería. Según Jared Silver, la apertura de The Villa ha sido la decisión más importante en los 45 años de historia de la compañía. Se trata de un elegante edificio de estilo Art Déco, situado a escasos metros de la Universidad de Stanford. “Estamos en el corazón de Silicon Valley. Este edificio acogió el primer concesionario que tuvo Tesla en el mundo”, comenta Jared.
Para él, existe una conexión natural entre la relojería independiente y el espíritu de Silicon Valley: “Siempre he sentido interés por las firmas independientes, y creo que eso también forma parte del modos de ser de esta zona. La gente aquí se considera contracultural y está orgullosa de ir a contracorriente. Porque esa actitud fue la que motivó la creación de empresas como Apple y Google. Fueron pioneros y abrazaron lo desconocido, igual que muchas firmas relojeras con las que trabajamos. Creo que nuestro público aprecia esa filosofía”.
Los clientes de The Villa son, según Jared, muy especiales: “No tienen nada que ver con la clientela de Los Ángeles, Nueva York o Miami. Por un lado, son muy diversos: aquí hay personas de todo el mundo, atraídas por la universidad y las empresas tecnológicas. Por ejemplo, ahora mismo existe una comunidad india cada vez más creciente, además de muchos europeos y asiáticos”. También destaca su estilo de vida discreto: “No somos una comunidad llamativa ni nos gusta aparentar. Vivimos de manera relajada. Siempre cuento que, en nuestra antigua boutique, podía entrar alguien vestido de lo más informal, con manchas de mostaza en la camiseta, calcetines desparejados y sandalias… y perfectamente ser un multimillonario”, comenta entre risas.
¿Y cómo entra este tipo de cliente en el mundo de la relojería de autor? Jared lo tiene claro: “El mejor embajador que hemos tenido en los últimos años ha sido el Apple Watch. Hasta su aparición, muchas personas nunca se habían preocupado por llevar nada en la muñeca. A partir de ese momento, la curiosidad crece y comienzan a interesarse por la relojería mecánica”. Las conexiones entre tecnología y relojería son más profundas de lo que parece.
Así lo explica Tony Fadell, fundador de Nest Labs y considerado el padre del iPod. Fadell colaboró con Ressence en la creación del Type 2, encontrando un vínculo natural entre la innovación relojera y el ADN tecnológico de Silicon Valley. Así lo confirma Jared: “La relación está ahí, solo hay que descubrirla. Cuando surge, todo fluye de manera natural. Recuerdo la vez que un cliente vino con un amigo que solo había usado G-Shock en su vida y se marchó con un Urwerk UR-220 en la muñeca”.
HABLA UN COLECCIONISTA
Para entender mejor la mentalidad de estos nuevos coleccionistas, hablamos con Tushar, un ingeniero de seguridad en una empresa tecnológica, formado en la Universidad de California, Berkeley, y residente en Silicon Valley. Acaba de cumplir 30 años: “Recuerdo mi primer contacto con los relojes en la infancia, cuando mi padre me regaló un Casio Wave Ceptor por mi cumpleaños. Desde entonces, mi interés se centró en dispositivos digitales y no fue hasta hace poco que empecé a fijarme en los relojes mecánicos”. ¿La razón del cambio? “Creo que es por lo que tienen en común. Al fin y al cabo, un reloj mecánico no deja de ser un pequeño computador, algo muy atractivo para un ingeniero como yo”.
Tushar recuerda un Nomos como el primer reloj importante que adquirió, justo después de graduarse. Después vinieron un Omega Speedmaster y un Grand Seiko Shunbun. Fue entonces cuando me di cuenta de que me había convertido en un coleccionista”, confiesa.
Nos cuenta que sigue una regla muy clara: mantener un máximo de cinco relojes. Su estructura es sencilla: un GADA (Go Anywhere, Do Anything), que actualmente es un Grand Seiko, más dos parejas con acabados distintos para combinar con su vestimenta.
El salto a la relojería de autor lo dio hace dos años, cuando tuvo la oportunidad de conocer el trabajo de MB&F y Laurent Ferrier. Y aquí nos explica las claves de su interés: “Claro que me gustan las marcas tradicionales como Rolex, Patek Philippe o Audemars Piguet, pero creo que las firmas independientes me aportan algo más. Por un lado, tienen más libertad creativa. Se arriesgan más y crean cosas que nunca verás en las casas clásicas, como lo que ha hecho Berneron con su Quantième Annuel”.
Además, añade un segundo aspecto no menos importante: “Lo que me atrae de la relojería de autor es la cercanía. Hace poco tuve la ocasión de recibir una masterclass sobre Laurent Ferrier impartida en persona por Charles Marin, representante de la firma para América. Esa complicidad entre la marca y el aficionado me temo que es imposible de encontrar en las grandes firmas”.
La conversación continúa sobre sus gustos personales y nos revela algunas piezas que sueña incorporar a su colección, como el Nº 9 de Ōtsuka Lōtec, la micromarca de Jiro Katayama (“un reloj con un carácter impresionante”)—, o algunas de las últimas creaciones de Simon Brette (“aquí ya hablamos de un nivel superior de acabado”).
Le pregunto si cree que el repentino interés de Mark Zuckerberg por los relojes puede estar relacionado con el auge de la relojería mecánica en Silicon Valley. Tushar lo duda: “Creo que la cosa es más simple y tiene que ver con el deseo de encontrar un modo más definido de expresar la personalidad de cada uno. Muchos de mis amigos empiezan a cansarse de llevar el Apple Watch porque lo ves en todas las muñecas, y un reloj mecánico puede ayudarte a expresar mejor tu gusto. Además, la parte mecánica aporta un valor intrínseco que no encuentras en un dispositivo electrónico”. Una curiosa simbiosis entre la relojería mecánica y la región más tecnológica del planeta.