Se presentaba especial esta séptima edición de la Watch Art Grand Exhibition y las expectativas se cumplieron con creces. A su favor, una ciudad que vive la relojería como ninguna otra en el mundo y de la cual han salido muchas de las tendencias que han dominado la industria a lo largo de las últimas décadas. El emplazamiento elegido contribuía además al éxito de la propuesta. Simplemente espectacular. El antiguo Palazzo delle Scintille, actualmente conocido como CityOval y uno de los mejores recintos con los cuenta la ciudad de Milán para exposiciones de este calibre, demostró ser un espacio idóneo para acoger los cerca de 2,900 metros cuadrados empleados por la exhibición, con una enorme cúpula metálica de 30 metros de altura para dar al evento el empaque que se merecía. En definitiva, un escenario perfecto.
Por supuesto, no faltaron los nervios de los minutos previos a la inauguración. Así lo reconoció Laura Gervasoni, directora general de Patek Philippe Italia, quien fue la encargada del discurso inicial como anfitriona del evento. Como apuntó Gervasoni, “todos los directores de mercado soñamos con acoger esta exposición a lo largo de nuestra carrera y hoy este deseo se hace realidad para nosotros”.
Tampoco ocultó la tensión del momento el propio Thierry Stern, quien dedicó a su padre las primeras palabras de su discurso y recordó que él fue el primero en apoyar la idea de organizar Watch Art Grand Exhibition para recuperar esa naturaleza pedagógica que siempre tuvo Patek Philippe en el pasado con el objetivo de mostrar la mejor alta relojería suiza por todo el mundo. Un empeño que, alcanzada la séptima edición, ya ha visitado Dubái, Munich, Londres, Nueva York, Singapur, Tokio y, ahora, Milán. Acabadas las presentaciones, pronto descubrimos que los temores de los organizadores eran totalmente infundados. La experiencia acumulada a lo largo de estos 14 años de Watch Art Grand Exhibition apenas dejaba espacio para la improvisación. Como cualquiera de sus grandes relojes, Patek Philippe había controlado cada detalle de la exposición para hacer de su recorrido una experiencia única para el visitante.
Sus responsables han sabido aprovechar con maestría la arquitectura del City Oval. Dividida en 15 salas, Milano 2026 ha sido la edición más grande de cuantas ha organizado hasta ahora Watch Art Grand Exhibition. El espacio estaba preparado para acoger al menos 1,500 personas por hora; algo difícil de imaginar en un evento relojero, solo al alcance de una firma como Patek Philippe.
El gran espacio oval ubicado bajo la cúpula sirve de punto de inicio de la exposición. Allí nos recibe la espectacular escultura Jet d’Eau, de nueve metros de altura, realizada con 2,026 cristales y que simula el surtidor de agua, símbolo de la ciudad de Ginebra, hogar de la manufactura. La presencia del Jet d’Eau tiene algo de simbólico. La primera sala a la que pasamos reproduce el interior de los salones de la sede histórica de Patek Phillippe, ubicada en el número 41 de la Rue du Rhône de Ginebra, a muy pocos metros de la famosa fuente. En este espacio encontramos 152 piezas de la colección actual de la marca, a las que unas pocas horas más tarde se sumarán la nueva línea femenina Gondolo Ladies First, que Patek Philippe acaba de presentar aprovechando la inauguración de la cita milanesa. Vista la colección, tenemos dos alternativas de recorrido. Nosotros decidimos comenzar por el pasado. Pronto descubriremos una de las grandes novedades de Milano 2026 respecto a las anteriores ediciones.
Historia en vivo
Uno de las grandes alicientes de visitar Watch Art Grand Exhibition es tener la oportunidad de disfrutar en vivo de una selección de piezas históricas del Patek Philippe Museum, considerado la mejor colección privada de relojería del mundo y de cuya apertura se cumple ahora un cuarto de siglo. Los curadores han traído a Milán 84 piezas, incluyendo 35 de la colección antigua y 49 de la colección Patek Philippe. Entre las primeras, creaciones deslumbrantes, como algunos de los primeros relojes mecánicos fabricados en el mundo, nada menos que del siglo XVI. Esta parte de la exposición se ha ampliado en esta ocasión con una nueva sala, denominada Historical Owners, con una selección de una docena de piezas expuestas de un modo más detallado con el fin de comprender su contexto histórico. De entre todas ellas nos llamó la atención de manera especial el reloj colgante que fue presentado a la reina Victoria de Inglaterra con motivo de la Grand Exposición de 1851 y el cual fue una pieza clave para que la fama de Patek Philippe comenzara a propagarse por todo el mundo.
Pero fue en la siguiente estancia donde nos encontramos con la gran novedad de Milano 2026 respecto a las anteriores citas. Por primera vez en Watch Art, la exposición recoge un área dedicada en exclusiva a documentos históricos de la firma. Patek Philippe siempre ha presumido de tener uno de los archivos más completos de toda la industria relojera suiza, gracias en gran medida a Philippe Stern, que siempre mantuvo un celo especial en conservar los orígenes de la marca.
Este trabajo realizado durante décadas se muestra por primera vez al público fuera de Suiza en una formidable sala repleta de información de toda la trayectoria de la marca, incluyendo documentos tan interesantes como el contrato de asociación entre Antoine Norbert de Patek y Jean Adrien Philippe, o el mecanismo relojero de carga sin llave que hizo el segundo y que tanto llamó la atención del primero hasta el punto de contactarle para crear juntos la casa que lleva sus nombres. Los documentos y explicaciones que han traído a Milán son tantos que se nos presenta la duda de si dedicarles nuestro tiempo a leerlos o pasar a la siguiente sala. Con gran dolor, optamos por la segunda opción. La manufactura nos espera.
Laboratorio relojero
Watch Art Grand Exhibition está concebida como una reproducción en miniatura de los tres pilares de Patek Philippe, cada uno de ellos fácil de identificar por la decoración sus espacios. Antes hemos recorrido los lujosos espacios del Salon de Rue du Rhône, llenos de muebles de madera oscura. Después hemos visitado las salas del Patek Philippe Museum, con unos tonos crema que invitan a la sosiego y disfrutar de sus piezas con calma. Sabemos que llegamos a la manufactura porque ahora el blanco es el color predominante, igual que si estuviéramos en un laboratorio de última generación.
El flamante edificio de Plan-les-Ouates, conocido de manera interna como PP6, es la inspiración de unas salas en las que se impone el silencio y la concentración, porque la información que recibimos es mucha y muy técnica. El área de entrada sirve de muestra del potencial tecnológico que hoy en día acumula la manufactura. Un enorme panel transparente acoge un total de 53 movimientos ordenados desde el más sencillo hasta el más complicado del actual catálogo. Si nos sobra tiempo, tenemos la oportunidad de descubrir los detalles de cada mecánica, el proceso de fabricación y las diferentes reglas del Patek Philippe Seal, creado por la familia Stern en 2009, que se aplican en su elaboración. Las explicaciones se extienden a la fabricación de las cajas y los brazaletes, lo que nos recuerda que la perfección en Patek Philippe se extiende al menor de los detalles de cada reloj.
Esta sala de los movimientos nos sirve de perfecta introducción para el siguiente espacio, pensado para los aficionados de la faceta científica de la relojería. Se trata del área de Investigación y Desarrollo, un área de la manufactura que comprende más de 160 trabajadores, divididos en 15 departamentos diferentes. Si ya es complicado fabricar un movimiento de Patek Philippe, desarrollarlo es una tarea al alcance de unos pocos genios. El área de Investigación y Desarrollo tiene la misión de lanzar entre dos y tres innovaciones técnicas cada año. Asimismo, debe desarrollar los calibres que equiparán las futuras referencias, una tarea que puede llevar desde dos años para los mecanismos más sencillos hasta una década en los casos de Gran Complicación.
Todo este conocimiento y experiencia acumulados durante décadas tienen su más fabulosa expresión en la próxima sala de nuestro recorrido: la habitación de las Supercomplicaciones, algo que convierte a Patek Philippe en un caso único en la historia de la relojería. Porque ninguna otra casa ha sido capaz de crear las piezas que aquí encontramos. Comenzamos con el legendario Calibre 89, creado en 1989 con motivo del 150 aniversario de la firma, un espectacular reloj de bolsillo con un mecanismo de 1,728 componentes y un total de 33 complicaciones. El Star Caliber 2000 es un poco más sencillo, con “apenas” 21 complicaciones, aunque no nos importaría para nada llevárnoslo a nuestra casa. La visita se completa con el Grandmaster Chime, el reloj lanzado en 2014 para celebrar el 175 aniversario de Patek Philippe y el gran símbolo de la manufactura en la actualidad, como demuestra su elección como reloj de cartel de Milano 2026.
A continuación, visitamos la zona de las sonerías, el arte relojero más complicado y donde Patek Philippe lleva décadas demostrando una maestría difícilmente igualable dentro de la relojería suiza, como nos demuestran las 21 piezas diferentes reunidas para la ocasión. Si el visitante quiere probar su pericia relojera, tiene a su disposición unas pantallas interactivas donde tratará de adivinar la referencia correspondiente a cada sonido reproducido. Ya decimos que la tarea es mucho más complicada de lo que pueda parecer en un principio.
Pasión por Italia
En Watch Art Grand Exhibition las estrellas son los relojes, pero quienes los fabrican son personas, y ese factor humano tiene que estar siempre representado en cada exposición. Así nos lo recuerda la última sala de esta parte técnica, donde encontramos varios relojeros, los cuales nos explican, con un lenguaje muy didáctico el proceso de fabricación de los mecanismos y los factores más complicados en cada etapa. También encontraremos profesionales en el otro ala de la exposición.
Son los artesanos del área de Rare Handcrafts, una de las más apreciadas por los visitantes en las pasadas ediciones de la exposición. Aquí no solo podemos ver cómo los profesionales de la casa realizan in situ su trabajo, sino el resultado de su labor, plasmada en los 25 modelos que componen la Rare Handcrafts Milano Collection que la firma ha preparado para esta cita. Como dice Carlos Alonso, difícil decantarse por uno solo. Puede ser el divertido set de cuatro piezas dedicado a otros tantos paisajes italianos a bordo de un Fiat Cinquecento, el soberbio reloj de bolsillo dedicado a Dante a partir del retrato de Sandro Botticelli o el reloj de mesa con el mapa de Milán, ya convertido en una tradición de cada una de las ediciones de la exposición.
Tampoco será fácil de elegir entre las siete piezas que componen Milano Special Collection, todas ellas limitadas y de compra exclusiva para los clientes del mercado italiano. Entre todas ellas destaca de manera especial la referencia 5978P al ser la única con un movimiento inédito. Realizado en edición limitada de 120 piezas, este reloj no es el primero de Patek Philippe en combinar el calendario perpetuo con un cronógrafo, pero sí en el cual estas dos funciones actúan de un modo instantáneo. Como decíamos, este modelo está únicamente disponible para los clientes italianos, aunque los coleccionistas del resto del mundo no tienen que desesperarse. La firma también presentó novedades técnicas importantes en las ediciones de Singapur y Tokio que más tarde acabaron incorporadas al catálogo general de Patek Philippe, aunque con una carátula diferente.
Más complicado será que veamos en el futuro disponible para todo el mundo la preciosa versión que han realizado del Aquanaut con caja de acero y una carátula azul petróleo degradada a negro, con detalles en negro. Sin duda será uno de los relojes más buscados por los coleccionistas de todo el mundo en los próximos años cuando algún comprador se anime a venderlo. Es muy probable que ese momento llegue cuando Patek Philippe ya esté organizando la que será la octava edición de Watch Art Grand Exhibition, de la cual ya sabemos dónde se celebrará. Nada menos que la exótica Bangkok.