De las canteras de Carrara a los grandes escenarios del arte contemporáneo, Pablo Atchugarry (Montevideo, 1954) ha construido una trayectoria de más de cinco décadas marcada por su capacidad para transformar la dureza del mármol en formas orgánicas, ligeras y casi etéreas. Sus esculturas monumentales, reconocibles por sus pliegues y ritmos verticales, han recorrido espacios como la Bienal de Venecia, el Palazzo Reale de Milán o el Mercado de Trajano de Roma, y forman parte de colecciones como las de los Museos Vaticanos. Afincado entre Italia y Uruguay, donde fundó el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA), el artista entiende la escultura como un diálogo con la materia, la luz y la eternidad.
Su universo creativo se encuentra ahora con el de Gerald Charles, la firma relojera fundada por Gérald Genta, de la que se convierte en Friend of the Brand. La relación, impulsada por Federico Ziviani, CEO de la compañía, encuentra su expresión en Emozioni, una escultura de mármol de Carrara destinada al atelier de la marca en Ginebra. Atchugarry, que luce un Maestro GC Sport Tennis blanco, descubre en la alta relojería una forma de creación cercana a la suya, aunque separadas por una diferencia de escala abismal. En esta conversación con Tiempo de Relojes, reflexiona sobre los vínculos entre escultura y relojería, la emoción que despiertan los objetos y el desafío de crear obras capaces de sobrevivir a sus autores.
¿Cómo surgió tu relación con Gerald Charles? ¿Qué llevó a un escultor uruguayo afincado en Italia a vincularse con una firma de alta relojería?
El vínculo surgió a través de unos amigos, entre ellos Máximo, relacionado con el mundo del arte desde hace varias generaciones. Fue quien nos puso en contacto. A mí me gustan mucho la excelencia, la precisión y tantas otras cualidades que encontré en Gerald Charles. Así nació esta relación. Una obra mía estará en la sede de la firma y, a su vez, yo llevo uno de sus relojes. De esta manera comenzó nuestra comunicación y se estableció un vínculo.
¿En qué consiste esta colaboración? ¿Existe la posibilidad de que diseñes un reloj para Gerald Charles, quizá una edición especial destinada a Latinoamérica?
Creo que de este encuentro pueden nacer sueños. Los artistas perseguimos los sueños. A mí me ha tocado trabajar desde la obra monumental en mármol de Carrara, con esculturas de 56 toneladas y 8.60 metros de altura, hasta piezas de acero, madera de olivo, bronce y oro. Cuando trabajo el oro en pequeñas piezas, que yo llamo esculturas para llevar íntimamente, ya me acerco al mundo de la joyería y también al de los relojes. Por eso creo que existe la posibilidad de continuar esta relación y desarrollar algo especial, quizá incluso para Latinoamérica.
Por ahora hay una amistad y una estima por la calidad de la marca. Estoy muy feliz con este encuentro, que podría llevarnos a una colaboración más formal, incluso al diseño de algún elemento de un reloj. Muchas veces los encuentros nos conducen hacia situaciones que todavía no conocemos. Lo que sí reconocemos es la emoción de contemplar algo de calidad, realizado con tanta pasión. Hay ciertas cosas que nos unen.
Tus esculturas alcanzan dimensiones monumentales, mientras que la alta relojería trabaja en una escala minúscula. ¿Qué conexión encuentras entre estos dos mundos aparentemente tan diferentes?
Hay una relación muy importante: el tiempo. Un reloj nace para medir el tiempo y, en mi obra, el tiempo también es fundamental. Cuando hablo con los arquitectos que construyeron el MACA, mi museo en Uruguay, les digo que me preocupa cualquier cosa que dure menos de cinco mil años. Por eso utilizo materiales imperecederos, materiales que perduran. Existe, por tanto, una relación con el tiempo. Es cierto que muchas veces trabajo en una escala monumental, pero también resulta un ejercicio muy hermoso llegar a dimensiones más pequeñas. Por ejemplo, cuando realizo joyas de oro en ediciones limitadas. Ese trabajo me acerca a la apreciación del detalle, de la perfección. Es algo que me atrae mucho.
En la relojería se ha recuperado la utilización de piedras ornamentales y preciosas en las esferas. Si tuvieras que trasladar tu experiencia con el mármol y otros materiales al diseño de un reloj, ¿cómo imaginarías esa intervención? También me interesa mucho el tema de la fundición, tanto en acero como en bronce y oro. Si tuviera que trabajar en las dimensiones tan pequeñas de un reloj, probablemente pensaría en una microescultura. Algo que fuera como una especie de núcleo, el centro de una escultura monumental. Sería como su corazón.
En el trabajo de un escultor y en el de un relojero existe una conexión natural: ambos dependen de la intervención de las manos. ¿Qué importancia tiene para ti esa dimensión artesanal?
Para mí existe un circuito virtuoso formado por la imaginación, que podríamos situar en la cabeza; el sentimiento, que está en el corazón; y todo eso traducido a través de las manos.Ese proceso me parece fundamental. Y es precisamente lo que encuentro también en la realización de los relojes. Esa relación entre la imaginación, el sentimiento y las manos es algo que me acerca mucho a la relojería.
Gerald Genta fue uno de los grandes diseñadores de la relojería contemporánea. ¿Qué significa para ti llevar un reloj concebido por alguien cuya obra ha tenido tanta influencia en la industria?
Para mí es una gran emoción utilizar un objeto concebido por un creador como Gerald Genta. Es un diseño que pasó por su mente y por su corazón. A lo largo de mi vida he aprendido a amar a artistas de otras generaciones, como Miguel Ángel y Leonardo da Vinci. Son grandes creadores que siguen siendo contemporáneos, a pesar de haber vivido en pleno Renacimiento. Con ellos establezco puentes afectivos, puentes que atraviesan el tiempo.
¿Has tenido oportunidad de conocer los diseños originales de Gerald Genta para la firma?
Sí, por supuesto. Incluso he tenido la oportunidad de ver algunos dibujos originales de Gerald Genta, y eso ha sido muy emocionante. No sé cuántos de esos proyectos llegaron a realizarse ni cuántos se harán realidad en el futuro, pero me fascina pensar que un artista puede dejar un legado creativo que continúa desarrollándose después de su vida. Son dibujos y proyectos hermosos. Hay todo un mundo por descubrir.
Cuando observas un reloj, ¿qué te interesa más: su diseño estético o la complejidad técnica de las funciones que incorpora?
Me interesa especialmente el diseño, la parte de la creatividad estética. Es lo que más me estimula cuando observo un reloj. La estética ocupa un lugar muy importante en mi vida.
¿Usas reloj habitualmente, incluso cuando estás trabajando en el taller?
Sí, utilizo reloj, pero cuando estoy en el taller y paso muchas horas trabajando prefiero quitármelo. Es una manera de respetarlo y salvarle la vida. Trabajo rodeado de polvo, ruido y martillazos. A veces me corto las manos o los pies. Imagínate lo que significa estar frente a un bloque de mármol, trabajando todo el día con un martillo de un kilo y ochocientos gramos, el cincel o una amoladora con disco de diamante. Hay piedras y polvo por todas partes. Por eso prefiero proteger el reloj. Es un objeto muy hermoso que quiero y respeto mucho. Aunque quizá algún día rompa ese tabú y me atreva a utilizarlo mientras trabajo. Podría ser una buena prueba de resistencia.
El tiempo también está ligado a la astronomía, al movimiento del sol y al paso del día a la noche. ¿Cómo intervienen estos elementos en la concepción y ubicación de tus esculturas?
La luz es fundamental en mi obra, tanto la natural como la artificial. Cuando realizo una escultura monumental pienso también en su ubicación y en cómo se verá bajo diferentes condiciones. Por ejemplo, imagino cómo se observará debajo de un cielo estrellado, iluminada únicamente por las estrellas y la luna, o cómo cambiará su apariencia con la luz del sol. A medida que la Tierra se mueve, tenemos la sensación de que el sol cambia de posición, y eso provoca iluminaciones diferentes. Por tanto, desde el momento en que comienzo a realizar una obra tengo muy en cuenta la acción y el movimiento de la luz.
Has mencionado la excelencia y la precisión como algunas de las cualidades que más admiras de la alta relojería. ¿Cómo se manifiesta esa búsqueda de perfección en tu trabajo?
El trabajo en mármol es un buen ejemplo. Actualmente también estoy trabajando mucho con alabastro de Volterra, en la Toscana italiana. Son materiales que exigen una enorme precisión porque el escultor llega a la obra quitando materia. Tiene que ser capaz de detenerse en el momento en que encuentra la imagen. Si continúa más allá, la destruye. Como decía Miguel Ángel, la escultura ya está dentro del bloque. El trabajo del escultor consiste en retirar lo que sobra. Esa imagen me parece una metáfora extraordinaria para explicar la escultura, la precisión y también el descubrimiento. Porque yo voy descubriendo la obra a medida que retiro el material. Eso es lo que me estimula a trabajar doce horas diarias. Y, aun así, me falta tiempo para hacer todo lo que quiero.
Una de tus esculturas, Emozioni, estará en el atelier de Gerald Charles en Ginebra. ¿Qué representa esta obra y qué significado tiene dentro de vuestra relación?
Creo que fue precisamente a partir de esa escultura cuando Federico descubrió mi obra y yo descubrí los relojes de Gerald Charles. Fue nuestro punto de encuentro. La escultura se titula Emozioni, algo que creo que Federico todavía no sabe. Y ese nombre expresa muy bien lo que nos une. Una obra de arte despierta emociones, igual que puede hacerlo un reloj de alta calidad y de gran diseño. Bajo ese gran paraguas de las emociones hay muchas cosas por descubrir. Estoy muy feliz de que esta obra reciente vaya a instalarse en la nueva sede de la firma. La escultura ya está terminada y ahora solo queda resolver el traslado y su instalación en Suiza. Tengo muchas ganas de verla allí.
Naciste en Montevideo, pero tu familia tiene raíces europeas y llevas muchos años viviendo en Italia. ¿Cómo ha influido ese encuentro de culturas en tu identidad artística?
Mi abuelo era italiano y mi bisabuelo procedía del País Vasco francés. Pero también llevo conmigo una buena mochila del arte de las Américas, especialmente del arte mesoamericano, de las culturas de México y de Perú. Todo ese universo cultural lo he llevado conmigo a Europa, donde he encontrado el Renacimiento y el arte griego. Esa fusión de culturas ha supuesto un enorme enriquecimiento personal. He viajado mucho y en cada lugar he ido acumulando, en los ojos y en las pupilas, las experiencias de esos encuentros. También he aprendido a observar el mundo desde perspectivas muy distintas. Nací en Uruguay, en el hemisferio sur, y vivo en Italia, en el hemisferio norte. He pasado de un lado al otro del Atlántico, atravesando también el Mediterráneo. Todo eso me ha permitido comprender que el mundo es muy vasto, pero que existen numerosos puntos de encuentro y muchas cosas en común.
Además de tu actividad como escultor, impulsaste el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA), en Uruguay. ¿Te imaginas que ese espacio pudiera acoger una exposición de Gerald Charles?
Sí, ¿por qué no? Tengo un museo en Uruguay, en la zona de Punta del Este, y sería muy interesante que Federico pudiera realizar allí una exposición de sus relojes. Punta del Este es un lugar fantástico y un punto de encuentro muy importante durante el verano austral. En el museo hemos organizado exposiciones de artistas como Lucio Fontana y Christo, y también tenemos prevista una muestra de mi obra que estuvo anteriormente en Roma. Sería muy interesante generar ese encuentro entre el arte y la relojería en Latinoamérica.
Entre Federico Ziviani y tú existe una diferencia generacional importante. ¿Crees que el arte y la creatividad permiten superar esas distancias?
Por supuesto. Cada edad del ser humano puede aportar sus conocimientos y experiencias. A través del arte y de la relojería pueden establecerse conexiones entre personas de generaciones diferentes. Creo que esa conexión puede perdurar en el tiempo porque las vidas pasan, pero los objetos permanecen.