El guardián del mar

Jorge Cervera Hauser da voz al océano con sus fotografías y su activismo medioambiental. Es amigo de marca de Blancpain.

Jorge Cervera vive dentro del mar aunque esté en tierra firme. Su casa en la Ciudad de México es un santuario submarino en medio del asfalto, un refugio atestado de tesoros conectados con su vida en la naturaleza. Este fotógrafo subacuático, productor de cine, propietario de Sherpa GX, una empresa de viajes de naturaleza, y amigo de marca Blancpain, ha logrado unir sus pasiones para concienciar al mundo sobre la conservación del mar. Nos lo cuenta junto a su perro Héctor, rodeados de fotografías inspiradoras, un diente de megalodón, libros que huelen a mar y anécdotas que nos asombran.

¿Cómo fue tu encuentro con Blancpain? ¿Qué fue lo que resonó en ambos?

La marca me resuena de toda la vida. Yo soy mucho de relojes, soy muy análogo. Tengo mi Leica de 1955, de carrete. Si ves mi casa, tengo todo lleno de cosas antiguas. Le doy mucho valor a la parte artesanal, a la precisión, a las cosas que duran. Siempre he sido mucho de relojes, y Blancpain, siendo pionero en relojes de buceo, siempre me ha resonado. En 2019 me invitaron a participar en el libro de Fifty Fathoms Final Edition 2020 y fui seleccionado como uno de los 50 fotógrafos del proyecto. Mi foto terminó siendo la portada. Un año después, en 2021, para el Día Mundial de los Océanos, vistieron la boutique de la marca de Fifth Avenue en Nueva York con mis fotos. Y este año ya he comenzado una relación con el equipo de México de Blancpain.

Foto: Jorge Cervera. La cola de ballena jorobada portada del libro Fifty Fathoms Final Edition.

¿Cuál es la causa de Blancpain a favor de los mares que más te toca?

La más cercana a mi corazón es la iniciativa en Revillagigedo. Es un lugar muy especial para mí. Cualquier persona o empresa que esté haciendo algo ahí resuena conmigo. Se necesita difusión, se necesita política pública, se necesitan medios, se necesita mucho para cuidar el mar y cuidar estos lugares. Cualquier empresa o persona que esté poniendo su granito de arena para cuidar esto, resuena conmigo inmediatamente. El hecho de que Blancpain estuviera presente en la expedición de Pristine Seas, que fue clave para convencer al gobierno de México de crear el Parque Nacional, hace que me sienta más cercano a Blancpain. Yo peleé la misma batalla desde otra trinchera al mismo tiempo. Los dos tuvimos algo que ver ahí para que se creara el Parque Nacional de Revillagigedo como existe hoy en día.

¿Cómo te sentiste cuando te pusiste por primera vez un Fifty Fathoms?

La primera vez que me puse uno fue cuando tenía los barcos que iban a Revillagigedo. Mi principal competencia es una empresa canadiense y estaba desayunando con el dueño, con mi principal competidor, que se llama Mike Lever. Él traía un Fifty Fathoms, y le dije, wow, me encanta ese reloj, préstamelo. Me lo puse, y lo primero que pensé es: “me urge el mío”.

Si tuvieras que involucrarte en el diseño de una edición de Fifty Fathoms, ¿qué harías?

Soy un poco diseñador frustrado. Ya hasta diseñé un barco de 140 pies. Hago un poco de todo sin saber mucho de nada. Yo creo que lo que haría es diseñar una carátula con minerales volcánicos de Revillagigedo. Es un archipiélago que a mí me encanta, todo es roca volcánica ahí.

¿Cuándo decidiste tomar una cámara?

Yo estudié comunicación y cine. La foto siempre me gustó.Yo trabajaba en una agencia de publicidad y un amigo diseñador gráfico me dijo que tenía un housing (carcasa submarina) y una cámara Olympus, que si la ves hoy parece de la Edad de Piedra.” “Si quieres te la presto”, porque es para bucear, me dijo. Entonces me fui con una cámara prestada a un liveaboard en el mar de Cortés y regresé con unas fotos buenas. Y me dije: me tengo que tomar esto más en serio. Entonces compré mi primer housing para mi cámara grande. Y empecé con la foto subacuática.

Foto: Jorge Cervera

Estar ahí dentro debe ser alucinante, viendo, fotografiando… ¿Qué sientes cuando estás ahí abajo?

Es una paz absoluta. Pone muchas cosas en perspectiva. Cuando estás en una lancha donde voltees todo es azul y horizonte y no hay absolutamente nada. Esto pone en perspectiva qué tan chiquitos somos en comparación con las cosas. Y estar abajo del agua, ya sea haciendo apnea o buceando, es una meditación muy profunda donde siento mucha paz. Incluso estar cerca de un tiburón, que yo creo que es uno de los animales más incomprendidos del mundo, es una cosa que transmite mucha paz y que te relaja. Un momento en que se te olvida que hay que pagar facturas… Como que te desconectas un poquito del mundo real, pero en realidad te estás conectando al mundo real.

¿Hay momentos en los que sientes miedo bajo el agua?

Yo creo que he pasado miedo un par de veces. Mi cámara ya la mordió un tiburón tigre, un cocodrilo y una anaconda. La del cocodrilo estuvo interesante porque fue un ataque y puse la cámara de escudo. Una vez una orca me puso un estáte quieto y me latió muy rápido el corazón, pensé que me iba a atacar. Y la típica también es, por más experimentado que seas, los ataques de ansiedad que te dan de repente buceando, es lo peor de todo. No pasa seguido, pero a veces te desorientas. A mí me pasa mucho cuando algo está mal con mi máscara, está empañada o se está metiendo el agua y hay mucha corriente. Son ratitos de ataques de ansiedad. Miedo como tal no, pero todo lo que representa estar fuera de tu elemento y muchas veces cerca de depredadores, más cerca de lo normal, pero me encanta.

Foto: Jorge Cervera

¿Tienes que tener algún entrenamiento de control mental antes de sumergirte?

Lo más importante, por ejemplo, hablando de un cocodrilo, de un tiburón blanco o de una orca lo más importante es saber leer el comportamiento del otro animal y saber cómo reaccionar. Esto se consigue leyendo mucho, platicando con gente que tiene más experiencia que tú y muchas horas de vuelo. Por ejemplo, me pones enfrente de un tiburón blanco y voy a estar como pez en el agua. Pero por ejemplo, la primera vez que mis amigos y yo fuimos los primeros en fotografiar a un cocodrilo americano de agua salada abajo del agua, fue otra historia. Y eso que hablé con gente que ya lo había hecho con cocodrilo africano en Botswana. Pero las condiciones eran completamente diferentes. Entonces, todos los tips que me dieron no servían de nada y en realidad estábamos entrando a un territorio inexplorado.

¿Hay alguna textura, criatura marina o algo del mar que te obsesione, que quieras captar y no has podido todavía?

Sí, me encantaría poder fotografiar un oso polar abajo del agua. Es sumamente peligroso. Conozco a dos de las tres personas que lo han hecho. Ellos son Ramón Bravo, Paul Nicklen y Amos Nachoum. A Ramón no me tocó conocerlo porque murió hace mucho. A Amos y a Paul los conozco. Eso es algo que me encantaría. Yo quería ser la primera persona del mundo en fotografiar un hipopótamo abajo del agua. Hace dos años me ganó alguien más en el mismo lugar donde yo ya tenía planeado hacerlo. Y también es peligrosísimo. Pero ya vimos que se puede. Sigue en mi lista. De la anaconda fui de los primeros, pero no fui el primero.

Foto: Nicolás Pérez.

¿En qué momento haces ese clic de dar el salto a ser un activista medioambiental?

Yo antes me burlaba mucho de los fotógrafos que decían que hacían conservación con su fotografía. No entendía cómo una fotografía podía hacer eso. Pero hace 10 años hicimos el documental México Pelágico, que tuvo un impacto mucho más fuerte del que yo me hubiera imaginado. Estuvo en cines, en Netflix, en Discovery Channel… Este documental detonó acciones en la gente que lo vio. Es cuando decido que quiero dedicarme a este tipo de cosas. Aquí es cuando me cayó el 20 de que sí se puede hacer conservación con un documental, con una fotografía. Además, todo lo que conozco, que no todo el mundo tiene la fortuna de ver de primera mano, también puedo compartirlo. Y yo creo que si hay cariño, hay pasión en lo que compartes, algo se contagia. Luego, ya cada quien hace con esa información lo que quiere. A lo mejor van a donar a una ONG, compran un boleto de avión para ir a Baja a ver las ballenas… Para mí la conservación es un tema social, no ambiental.

Foto: Jorge Cervera.

¿Hay alguna inmersión que te haya tocado especialmente?

Todo el tiempo, lo que más quería documentar era orcas cazando una ballena. Y fue en marzo o febrero de este año cuando ocurrió. Tengo una lanchita en Los Cabos y me gusta mucho estar allá cuando están las ballenas jorobadas. Iba con unos amigos y de repente nos encontramos una familia de orcas. Después de dos horas de perseguirlas empezamos a ver una gran cantidad de splashes en la superficie. Y me cayó el veinte de que estaban atacando a dos ballenas grises, a la mamá y a la cría. Era lo que yo me moría de ganas de ver. Me metí al agua. Fue una situación peligrosa. La mamá me trataba como si yo fuera una orca, se me acercaba y me daba cabezazos, coletazos. Me quería pasar al otro lado porque era donde las orcas estaban atacando y la mamá no me dejaba. Y al mismo tiempo, entre la adrenalina y estar viviendo una de las cosas que toda mi vida había querido vivir, dejó de ser algo que necesitaba documentar.

Dejé la cámara a un lado y se volvió un tema de impacto absoluto con la situación que estaba viviendo. La mamá tenía a la cría en el lomo y era un desgaste físico absoluto porque ella estaba tratando de mantenerla fuera del agua, lejos del alcance de las orcas, que eran como seis. Y al mismo tiempo con la cabeza y con la cola la estaba defendiendo. Se volvió mucho más emocional de lo que yo me hubiera imaginado. Al final la mamá logró ahuyentar a las orcas. Fue muy conmovedor ver cómo se iban, estaban agotadas, no se podían sumergir, fue una experiencia increíble. Tengo unas fotos ahí, malonas, pero es un momento que no se me va a olvidar nunca en la vida. Y que viví muy diferente a como me imaginaba que lo iba a vivir.

También te dedicas al cine ambiental…

Yo produje México Pelágico y una buena parte de las tomas son mías. Y he participado en otras producciones de Bonne Pioche, los mismos que hicieron La Marcha de los Pingüinos. Durante el COVID me buscaron para hacer una secuencia de tiburones ballena en el Caribe. También he trabajado con la BBC.

¿Qué secuencia o qué foto proyectarías en una plaza como Times Square para concienciar sobre el mar?

Yo creo que pondría una foto de la comercialización y tráfico de aletas de tiburones. Es un problema gigantesco. Estamos matando 100 millones de tiburones al año, algunos legalmente, otros ilegalmente. Para que la gente voltee a ver, sería una foto de este estilo con algún texto muy conciso: matamos 100 millones de tiburones al año por las aletas.

¿Cómo te imaginas el mar en 10, 20 años?

Yo diría en 100 años. Creo que hay de dos: o el mar va a estar lleno de jellyfish y va a ser lo único que sobrevivió, o va a estar mejor que hoy. Hace unos años di una TED Talk en Londres, donde precisamente hablo de cómo, si cuidamos lugares específicos, donde están pasando cosas importantes, ya sea de reproducción o de alimentación, lo que se conoce como hub spots, y nos enfocamos en crear áreas marinas protegidas en lugares clave, está comprobadísimo que el mar se puede recuperar muy rápido. En Cabo Pulmo, desde que se creó el parque nacional, en menos de 10 años, la biomasa ya se había incrementado un 500%. Revillagigedo, desde que se hizo parque nacional en 2017 ya no se pueden meter los barcos de pesca, ni comerciales, ni deportivos, nada. Y yo que voy una o dos veces al año, me ha tocado también ver un cambio de 180 grados y una recuperación absoluta en el ecosistema. Si nos ponemos las pilas y empezamos a proteger zonas clave puede haber una recuperación, no hay que perder la esperanza.

Foto: Jorge Cervera

¿Tienes algún fotógrafo o cineasta también del mar que haya sido tu referente?

Hay muchos. De los pioneros, Ernie Brooks me parece espectacular. Además es de una época antes de la foto digital, donde medir la luz, afocar, tomar la foto… Ernie Brooks, David Doubilet.. Howard Hall fue de los pioneros en video bajo el agua. Paul Nicklen, Amos Nachoum. Tengo la fortuna de que mucha gente que admiraba la he conocido y muchos son amigos. Sobre todo Ernie Brooks, David Doubilet… Howard Hall. Hay una serie de fotos de Paul Nicklen donde él está en la Antartica buceando y fotografiando focas leopardo. Yo no soy de romantizar la vida salvaje, pero en el caso de Paul Nicklen, con esta foca leopardo que es un animal depredador, ofreciéndole comida, me deja impactado. Cuando un animal cruza la línea y decide interactuar y se rompe la barrera de la observación se me hace muy especial. Cuando un animal salvaje quiere enseñarte algo, ayudarte con algo o simplemente jugar contigo siempre es muy especial y emotivo. Esa secuencia de fotos me conmueve mucho porque dices: me hubiera gustado estar yo detrás de la cámara.

Cuánto tiempo pasas en el mar y en la ciudad.

El año pasado estuve fuera en estos tipos de viaje más de 200 días. No necesariamente en el mar. El año pasado estuve en Mongolia, en el Ártico, navegando. Es mucho tiempo. Me gusta volver, comer rico, hacer ejercicio, vivir la ciudad, jugar al tenis…

Confidencias citadinas

Foto favorita. La cola de la ballena jorobada

Objeto que atesoras. Mi Leica M5, de los años 50 y un diente de megalodón del desierto de Marruecos que tiene unos 20 millones de años.

Foto: Nicolás Pérez.

Un reloj. Fifty Fathoms de Blancpain

Libro favorito. Endurance de Alfred Lansing.

Foto: Nicolás Pérez

Película favorita. Cinema Paradiso.

Canción favorita. El soundtrack de Cinema Paradiso de Ennio Morricone.

Sonido del mar que más te gusta. El canto de una ballena jorobada.

Amuleto que te acompañe en tus expediciones. Mis gorras y sombreros.

Yolanda Ruiz

Periodista todoterreno, llevo más de una década tomando el pulso a la industria relojera. “De los relojes lo que más me asombra es cómo actúan como instrumento de identidad. Son testigos de los cambios sociológicos y culturales».

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