Bajo el mantra del Art of Fusion de Hublot, el tiempo dejó de medirse en minutos para convertirse en un ingrediente más dentro de un menú de alto nivel, donde la precisión se saborea. La escena reunió a dos pesos pesados de la gastronomía contemporánea: Andreas Caminada, con tres estrellas Michelin y una trayectoria consolidada desde 2010 en Schloss Schauenstein, y Jorge Vallejo, referente absoluto de la cocina mexicana actual, con dos estrellas Michelin (2025) y el tercer lugar en The World’s 50 Best Restaurants.
El formato fue tan claro como ambicioso: un menú degustación de 12 tiempos construido a cuatro manos, donde cada plato funcionó como un mecanismo perfectamente calibrado. Porque, igual que en la alta relojería, en la cocina de alto nivel cada segundo cuenta: desde la selección del producto hasta el ritmo del servicio.
Lenguaje creativo
No es casualidad. Hublot lleva años trazando un puente natural entre la Haute Horlogerie y la alta gastronomía a través de su concepto The Art of Gastronomy, colaborando con chefs que entienden la técnica como lenguaje creativo. Caminada, miembro de la familia Hublot desde 2017, incluso ha llevado esta relación más allá de la cocina con proyectos como un reloj conmemorativo por el 20º aniversario de su restaurante.
Del lado mexicano, Vallejo aporta esa tensión perfecta entre memoria e innovación. Su cocina —construida junto a Alejandra Flores— es una conversación constante entre tradición y vanguardia, entre origen y reinterpretación. Y justo ahí es donde conecta con la filosofía de Hublot: fusionar sin miedo, pero con rigor.
Altruismo para el futuro del oficio
Pero este festín tuvo una capa más profunda. La cena celebró el décimo aniversario de la Fundación Uccelin, creada por Caminada, y marcó su primera conmemoración internacional. Más allá del espectáculo culinario, el objetivo fue claro: invertir en el futuro del oficio. Las ganancias del evento se destinarán a financiar dos becas para cocineros y profesionales de servicio mexicanos, impulsando su formación en restaurantes de referencia internacional.
Ahí es donde la experiencia trasciende. Porque no se trata solo de técnica o estrellas Michelin —aunque aquí sobran—, sino de construir legado. De entender que el tiempo, bien invertido, puede cambiar trayectorias. En Quintonil, esa noche, el tiempo no solo se midió con precisión suiza: se transformó en emoción tangible.