Olita: el rincón de Puerto Escondido que se parece a un Seamaster

En Playa Manzanillo, a solo minutos del aeropuerto de Puerto Escondido, está Olita. Un hospedaje de lujo donde el tiempo se detiene.

Fue como ver dos inmensas torres emerger de improviso y romper el mar. Y escuchar, como si fuera una película, un fondo de murmullos distorsionados. Un montón de exclamaciones de sorpresa que tras unos segundos se quedaron en total silencio. Porque si en la pequeña lancha que nos llevó hasta ahí hubo algo más grande que nuestro asombro, fue la consciencia de nuestra vulnerabilidad. Cuando las voces volvieron —¿alguien tomó video? ¿o fotos?—, nuestro guía explicó con una bella mezcla de expertise y ternura: “¿vieron eso? Son una familia; aquí vienen a tener a sus crías. Aquí les enseñan a ser ballenas”.

Durante nuestra visita a Olita, probamos la cámara del smartphone Huawei Nova 14. Así las capturamos.

Las ballenas jorobadas, cuando son adultas, alcanzan una longitud de 13 a 16 metros. Verlas saltar en mar abierto, cerca del amanecer, es una experiencia que quizá todos los humanos necesitamos tener en aras de reducir nuestro ego. En Olita, el lugar donde nos hospedamos, saben que quienes llegan a Plaza Manzanillo tienen que vivir este espectáculo de la naturaleza por lo que su servicio de concierge se encarga de organizarlo todo. Desde este imperdible avistamiento de ballenas o una excursión de esnórquel o de pesca hasta una cata de mezcal, un masaje relajante o una clase de yoga en la terraza desde donde, algunas mañanas, también se alcanza a ver la vida de las ballenas. Solo que, desde ahí, en la altura y dentro de un refugio de concreto, lucen tan diminutas que parece que jamás nos harían dudar de nuestro autoasignado lugar en la cadena alimenticia.

Decenas de delfines nos acompañaron a ir en busca de las ballenas. Foto tomada con Huawei Nova 14.

HOSPEDAJE A LA MEDIDA

Raymundo Domínguez, fundador de Olita, es abogado de formación. La vocación de anfitrión en la industria de la hospitalidad le llegó primero como una idea de negocio, pero el reto terminó por conquistarlo. “Atender a un huésped es complejo y gratificante. Te enfrentas a un alto grado de subjetividad en el que lo que le encanta a una persona no le gusta a otra, por lo que debes prevenir todos los escenarios”.

Todos los textiles y elementos decorativos fueron realizados por artesanos oaxaqueños.

Para hacerlo, Domínguez repasó sus propias experiencias como viajero y las integró a este conjunto de cuatro departamentos de lujo que se encuentran disponibles para ser alquilados como un Airbnb (pero mejor). “Pensé en lo que me gusta que me ofrezcan en los hoteles, pero sobre todo en lo que no me gusta que hagan. Por ejemplo, que el check-out sea temprano. Aquí, si no tenemos otra reserva, por supuesto que puedes hacer un late check-out, y hacer check-in más temprano también se puede. Además, nos preocupamos por resolver las solicitudes de los huéspedes de manera rápida y por poner a su alcance toda la gama de experiencias que hay en este destino y armarlas a medida”.

En Olita organizan todo de acuerdo con los deseos del cliente, lo que incluye experiencias gastronómicas realizadas con chefs locales.

OLITA: UN MONOLITO ORGÁNICO EN PUERTO ESCONDIDO

Los departamentos de Olita pueden reservarse de manera individual o, si es necesario, puede alquilarse el condominio completo (al cliente lo que pida). Todos cuentan con tres habitaciones, un par de baños, cocina, sala, comedor y jacuzzi, pero además están coronados por una terraza común con alberca infinita, tumbonas y comedor. La concepción de estos espacios estuvo a cargo del arquitecto Daniel Amkie W. quien concibe Olita como un “monolito orgánico”. “Lo más importante es lo intangible. Que entres y el edificio funcione como transmisor de lo que tenemos a un lado: vegetación espectacular, el mar, las ballenas. Y que encuentres también elementos que te conecten con Oaxaca como los textiles, los muebles y las artesanías que elegimos para decorar. Todo hecho con materiales honestos y locales, como precisamente es el concreto. Un material que ahora, por su frescura y resistencia en este clima, es una especie de sello de identidad de Puerto Escondido, siguiendo la escuela de Casa Wabi o los proyectos de Alberto Kalach”.

El resultado de estas ideas es, en efecto, un monolito. Y a pesar del concreto —o quizá justo por la forma en que este convive con la vegetación— se siente orgánico. Una construcción que se integra de manera natural al risco en el que se encuentra y que está a solo unos pasos del acceso a Playa Manzanillo, un rincón que aún no se siente invadido por el turismo y que tiene, además de cercanía con el aeropuerto, un acceso fácil a destinos cercanos como Punta Zicatela.

DE RELOJES Y LECCIONES SOBRE EL TIEMPO

Como huésped, el tiempo en Olita transcurre como siempre que pasa algo bueno. Parece que los minutos se alargan pero que, curiosamente, los días se acortan. ¿Qué es lo que Olita le ha enseñado sobre el tiempo a sus creadores? “Aquí, yo siento que el tiempo se detiene, no sé qué pasa”, dice Raymundo Domínguez, mientras Amkie cuenta que su lección ha ido sobre la paciencia, “sobre aprender a tenerla en todos los ámbitos de la vida. No hay que correr. Con paciencia y trabajo, las cosas se dan y todo florece”.

Hablar sobre el tiempo nos lleva de inmediato a una charla sobre relojes. Raymundo, gran aficionado a OMEGA, recuerda que su primer reloj fue un Rado de caja cuadrada (no precisa si era un Anatom o un True Square). “Me lo dio mi papá hace mucho, pero en cuanto pude hacerme de uno me compré un OMEGA Seamaster con detalles naranja, padrísimo. Es una marca que me gusta mucho. Mi bisabuelo tuvo un OMEGA de bolsillo, de esos de ferrocarrilero con su cadena. Llevaba grabado un premio que había ganado la marca, tal vez por su precisión. Así que si hoy pudiera comprarme un reloj sin que me importara el presupuesto, sería la edición más especial posible del Speedmaster Dark Side of the Moon”.

Para Raymundo y Daniel, Olita es como un Seamaster. Nosotros proponemos que sea el OMEGA Seamaster Planet Ocean 600 M que, presentado a finales de 2025, hace un guiño al primer reloj de Ray.

“¡Un OMEGA fue mi primer reloj!”, nos revela Daniel Amkie W. “Me lo dio mi papá, fue con el que se casó. Y el primero que me compré fue un Bell & Ross porque me encantan sus cajas cuadradas y grandes. Claro que si tuviera un presupuesto ilimitado, me gustaría tener un Nautilus de Patek Philippe o un Richard Mille… y también me encanta el Rolex Daytona”. ¿Y si pudieran definir la experiencia Olita con un reloj, cuál sería? Ambos están de acuerdo: sin duda, un Seamaster. Raymundo explica por qué: “No es pretencioso, luce mucho y funciona muy muy bien”.

LOS TRES RELOJES QUE LLEVARÍAMOS A OLITA

Un OMEGA Seamaster Planet Ocean que, en absoluta sintonía con el destino, puede acompañarnos en una cena privada o en una aventura submarina; un Hermès Cut Le Temps Suspendu para exaltar nuestra emoción de detener el tiempo y un TAG Heuer Carrera Chronograph Seafarer para probar en campo su complicación de indicación de mareas.

+ Info: olita.mx

Mónica Isabel Pérez

Sagitario cliché. Amante de los viajes y los estudios de lujo y tendencias. Me fascinan los relojes porque pienso que crear máquinas para contar el tiempo es una de las ambiciones más poéticas de la humanidad.

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