En el marco de Patek Philippe WATCH ART Grand Exhition Milán 2026, Thierry Stern, presidente de la Gran Dama, reflexiona en un encuentro con periodistas sobre el legado de la manufactura, la importancia de sus archivos, la rareza, la conservación del valor, el diseño de piezas especiales para distintos mercados y una estrategia de producto que ya mira varias décadas hacia adelante.
Después de Tokio, ¿por qué eligieron Italia y concretamente Milán para una exposición de esta magnitud?
Queríamos volver primero a Europa. La última exposición había sido en Tokio, así que para mí estaba bastante claro que Europa debía ser el siguiente destino. Una exposición de este tamaño supone una inversión enorme y necesitas organizarla en un mercado muy consolidado. Analizamos distintas posibilidades. Alemania y Reino Unido ya habían tenido una, así que finalmente Italia resultó bastante lógica. Es uno de nuestros mercados más antiguos y cuenta con coleccionistas extraordinarios, con un enorme conocimiento de Patek Philippe. Milán también era una elección natural. Es una ciudad internacional, vinculada a la moda y a muchos otros ámbitos, y tiene toda la infraestructura necesaria. Además, permite atraer no solo al público italiano, sino a visitantes de toda Europa y del resto del mundo. Italia se lo merece. Es una oportunidad fantástica para ellos y también para nosotros.
WATCH ART permite descubrir una parte muy importante de los archivos de Patek Philippe. ¿Quiere seguir utilizando ese patrimonio para contar nuevos capítulos de la historia de la manufactura?
Totalmente. Siempre quisimos hacerlo, pero nunca tuvimos espacio suficiente para una exposición de esta magnitud. Aquí disponemos de cerca de 2,000 metros cuadrados, lo que nos ha permitido mostrar mucho más. Cuando vi que otras casas empezaban también a enseñar sus archivos pensé que nosotros habíamos esperado demasiado. Tenemos una cantidad enorme de material histórico y debemos utilizarlo. Cada mercado y cada distribuidor podrían contar su propia historia. México, Estados Unidos y muchos otros países tienen décadas de relación con Patek Philippe. Hay muchísimas historias que todavía podemos contar. Lo extraño para mí es ver mi propia cara dentro de ese relato. Me hace sentir viejo, casi como si estuviera muerto [risas]. Pero lo realmente importante es que el protagonista siga siendo el producto.
¿Dónde debe estar la familia Stern dentro de esa narrativa?
La estrella es el reloj. Nunca pondré mi rostro ni el de ningún miembro de mi familia en un anuncio. La familia forma parte de la historia, por supuesto, pero la estrella debe ser siempre el producto.
Diseñar para un mercado
Patek Philippe ha creado piezas especiales para Italia y para otros mercados. ¿Cómo se diseña un reloj destinado a un país concreto sin caer en algo superficial?
Lo primero es viajar. No puedes diseñar algo atractivo para un país si no conoces el país, sus minoristas y al cliente final. Llevo 36 años trabajando en Patek Philippe y he pasado más de la mitad de ese tiempo viajando por los mercados. Conozco a nuestros minoristas y conozco a nuestros clientes. Eso me da una gran ventaja cuando quiero crear una pieza especial. En el caso de Italia, después tienes que decidir qué elemento utilizar, porque hay muchísimos lugares, símbolos e ideas posibles. Ahí ponemos todo sobre la mesa y discutimos. En algunos casos la elección surge también del instinto. Con el Fiat 500, por ejemplo, para mí tenía sentido. Me recordaba no solo a Italia, sino también a Le Grand Bleu. Pero hay que tener cuidado. Somos Patek Philippe y existe un límite. Una pieza temática no puede convertirse en un simple truco publicitario. Cuando vi finalmente el esmalte con el pequeño Fiat y el paisaje de fondo pensé que era precioso. Al final, este tipo de decisiones nace de conocer muy bien el mercado y también de la intuición.
Entre las piezas creadas para Milán destaca un repetidor de minutos rojo. ¿Por qué utilizar un color tan intenso en una complicación tradicionalmente clásica?
A mí lo que me apasiona realmente son los repetidores de minutos, sobre todo por el sonido. Es la primera vez que utilizamos un color tan llamativo para un repetidor. Normalmente no haría una pieza así. Es como tener un Porsche precioso en un color completamente inesperado. Puede ser una locura, pero si está bien hecho puede funcionar muy bien. Patek Philippe nunca había hecho algo así. La esfera es muy sencilla, lacada, muy limpia y elegante. Después, si el propietario quiere cambiar la correa roja por una marrón o por otro color, puede hacerlo. No tengo ni idea de cuál será la demanda, aunque hablamos de solo cinco piezas. Para mí, ese rojo funciona como un acento.
¿Este tipo de pieza anuncia una Patek Philippe más atrevida y colorida?
Me he hecho esa pregunta. No creo que debamos avanzar demasiado deprisa, pero sí estamos evolucionando. El repetidor de minutos referencia 7047 [referencia a verificar] con azul y naranja ya fue un gran paso para nosotros. Mi padre probablemente habría visto esa pieza y me habría preguntado: «¿Estás seguro?». Y eso me gusta. Hay piezas que dividen a los coleccionistas: una parte dice que no y otra dice que sí. Todos somos diferentes. ¿Por qué tendríamos que hacer siempre una esfera negra o blanca? También veo a clientes mayores llevando relojes muy extravagantes. No quieren parecer mayores; quieren sentirse más jóvenes. Nos ocurrió incluso con una pieza Aquanaut engastada con piedras de colores. Pensábamos que sería principalmente para mujeres y, de repente, fueron los hombres quienes empezaron a pedirla. La demanda fue completamente inesperada.
La rareza como responsabilidad
¿Qué significa hoy crear un Patek Philippe verdaderamente raro?
La rareza es fundamental. Hay que pensar cómo se presenta una pieza, cuántas unidades se fabrican y qué elementos puedes cambiar: la caja, el color de la esfera, quizá el movimiento. Hace 20 años, algo verdaderamente raro podía ser una sola pieza. Hoy, con el número de coleccionistas que existe, diría que fabricar entre cinco y diez piezas ya puede ser extremadamente raro. Hacer una sola pieza es muy complicado. Normalmente reservo ese tipo de creación para una causa benéfica. Es probablemente la única ocasión en la que creo un reloj pensando deliberadamente en obtener la mayor cantidad de dinero posible, porque si haces algo para beneficencia, tienes que hacerlo bien.
¿Cuál sería el verdadero sueño de un coleccionista?
Tener una caja única y, todavía más importante, un movimiento único. Eso les encanta. Pero crear hoy un movimiento completamente único sería casi imposible. Podría requerir dos ingenieros y diez años de trabajo. No me van a pedir un simple movimiento de horas, minutos y segundos. Tendría que ser algo especial. Quizá para una causa benéfica excepcional podría hacerse, pero sería un proyecto enorme.
Preservar el valor
¿La rareza también implica una responsabilidad sobre el valor de los relojes?
Sí. Mi deber, si tienes un Patek, es mantener el valor de tu reloj. Esto también forma parte de mi trabajo. No quiero que alguien compre un Patek Philippe y vea después que su reloj cae de 10,000 a 2,000 porque hemos producido demasiados, porque la calidad no era suficiente o por cualquier otra razón. También es mi responsabilidad asegurarme de que el reloj se conserve bien en el mercado. No es una tarea fácil y no puede aplicarse igual a todos los relojes. Un Calatrava sencillo o un Twenty~4 fabricado en mayor volumen no va necesariamente a subir de valor. Pero tampoco debería perderlo de manera importante. Y las tendencias cambian. Una pieza puede bajar durante un tiempo y, dos años después, volver a interesar porque presentamos un nuevo modelo relacionado con ella. Esa también es parte de la belleza de Patek Philippe.
Su padre consolidó pilares institucionales como el Museo Patek Philippe y el Sello Patek Philippe. ¿Qué importancia tiene seguir elevando esos estándares?
Siempre tiene que haber desafíos. Si no los hubiera, Patek Philippe desaparecería. Cuando miré en su momento los criterios del Sello de Ginebra sentí que no evolucionaban suficientemente. Para mí era crucial avanzar. Les pedí que adaptaran y elevaran los criterios, pero no querían hacerlo. Así que decidimos crear nuestro propio sello. Hoy nuestro estándar es mucho más exigente. Hay que moverse constantemente, cambiar, escuchar al mercado y también sorprenderlo.
¿Dónde están hoy los principales desafíos de la manufactura?
Siempre hay retos y los necesitamos. Pueden estar en la investigación avanzada, que es de donde realmente viene parte del futuro, pero también en la creación de una nueva colección, en una estrategia diferente para la red de minoristas o incluso en cómo relacionarnos con el mercado secundario. La innovación puede venir del producto, de quienes venden el producto o del cliente. Hay que adaptarse todo el tiempo. Lo que hoy hemos hecho con esta exposición quizá quede obsoleto dentro de cinco años. El ADN seguirá siendo el mismo, pero tendremos que adaptar la manera de expresarlo.
Patek Philippe piensa ya en 2040
¿Con cuánta anticipación trabaja el futuro de la manufactura?
En términos de movimientos, en mi cabeza estoy listo hasta 2039 o 2040. En diseño suelo trabajar con unos tres años de anticipación, a veces incluso más. Hace poco estaba con Eric, que ahora está a cargo de creación. Era uno de esos días en los que ambos estábamos especialmente creativos. En menos de dos horas diseñamos unas 30 propuestas diferentes. Algunas empezarán a aparecer a partir del próximo año. Eso es lo que disfruto de Patek Philippe: tenemos que anticiparnos al futuro y tenemos que sorprender.
¿Veremos pronto novedades procedentes de Advanced Research?
Muy pronto. Sé que ha sido un proceso largo y que todo el mundo lleva tiempo esperando, pero estamos casi listos. Creo que van a quedar impresionados. Yo mismo quedé impresionado. Vamos a cambiar muchas cosas, aunque todavía no puedo decir cuáles.
Habla de Patek Philippe con una enorme pasión. ¿Qué importancia tiene seguir disfrutando de lo que hace?
Es fundamental. El día que deje de disfrutarlo tendré que dejar Patek Philippe y ceder mi lugar a la siguiente generación. Sin placer y sin diversión no creo que se pueda transmitir pasión ni encontrar nuevas ideas. Empezaría a quejarme todo el tiempo, y ese no es mi carácter. Mi madre era así. Siempre estaba sonriendo. Vivió momentos muy difíciles, incluida la guerra, pero siempre encontraba algo positivo. Yo soy parecido. Ahora bien, en los negocios hay que tener cuidado. Algunas personas pueden pensar que, porque eres amable y sonríes, eres fácil. Pero no. Cuando se trata del producto o de los negocios soy implacable. Ser amable no significa ser tonto. También creo que eso es importante para el equipo. Podemos trabajar doce horas y ser muy serios, pero también hay que saber divertirse, contar algún chiste y hacer que la gente disfrute.
La mujer en Patek Philippe
Patek Philippe ha reforzado su oferta femenina en los últimos años. ¿Cómo ha evolucionado la relación de las mujeres con la relojería de la manufactura?
Creo que es una evolución totalmente natural. Durante años vimos cómo las mujeres empezaban a llevar relojes tradicionalmente considerados masculinos, incluso piezas complicadas. La demanda ya no consiste simplemente en hacer un reloj más pequeño. Desde que lanzamos el Twenty~4 automático en 2018 he visto una gran evolución. Hoy una mujer puede llevar un reloj de hombre con una correa bonita, pero también quiere tener su propio reloj, con un diseño pensado específicamente para ella. Cuando empecé a trabajar en esta nueva colección tuve que decidir qué debía mandar: el movimiento o el diseño. Pensé que, si teníamos un diseño realmente atractivo, el movimiento podía ser secundario en cierta medida. El tamaño del movimiento de cuarzo me permitió crear las proporciones que buscaba y dar prioridad al diseño. Ahora tenemos seis piezas y la acogida está siendo muy buena.
¿Qué peso tiene actualmente la relojería femenina dentro de Patek Philippe?
Históricamente hemos estado aproximadamente entre el 32 y el 36 %. En 2025 estábamos alrededor del 35 %. Con esta nueva línea podríamos acercarnos al 38 o 39 %, quizá al 40 %, aunque todavía es pronto para saberlo. Lo interesante es que esta colección también está haciendo que la gente vuelva a descubrir otros relojes femeninos de Patek Philippe. Por eso creo que su éxito puede beneficiar a toda nuestra oferta para mujer.
¿Cuál fue el punto de partida creativo de la nueva línea?
El color fue uno de los elementos más importantes. También quería hacer algo claramente pensado para mujeres. Ya habíamos hecho algo similar cuando presentamos nuestro primer cronógrafo femenino con caja Gondolo. Todo el mundo esperaba que aquel cronógrafo fuera para hombre, y precisamente por eso decidí hacerlo para mujer. Fue una buena lección para quienes pensaban que Patek Philippe era solo para hombres.Esta vez he querido mantener ese mismo espíritu.