Classic Fusion Tributo

Hublot Classic Fusion Tributo: el poder del origen

La combinación de oro y caucho marcó el nacimiento de Hublot en 1980. Los nuevos ‘Classic Fusion Tributo’ suman años de experiencia relojera


Una caja de oro y una correa de caucho natural. Era 1980 y el odioso cuarzo aún provocaba escalofríos en la relojería suiza. Se necesitaban electroshocks como el que proponía el empresario Carlo Crocco. Pero las primeras reacciones ante el matrimonio de un material noble y otro hasta entonces ajeno al lujo rozaban la histeria. “¡Cosas así no son posibles!” y “¡Estás loco!”. Eso recuerda Crocco que le dijeron veteranos del sector que conocieron el proyecto antes de su presentación. Para colmo, el primer día que el reloj estuvo expuesto en la feria Baselworld, nadie entró al stand. “Estábamos muy preocupados”, dice Crocco.


Sin embargo, lo que vino a continuación fue “un éxito fulgurante”, como lo llama el visionario italiano. Y también perdurable. Porque aquel reloj bautizado como Hublot —por el parecido de su bisel con 12 tornillos expuestos con el ojo de buey de un barco— fue la semilla de la revolucionaria marca homónima y de su “Arte de la Fusión”. A 46 años de su lanzamiento, Hublot le rinde homenaje a Crocco y su creación con Classic Fusion Tributo, dos modelos de oro amarillo y oro blanco fieles al diseño original. Pero, además, enriquecidos por la gran experiencia acumulada de la firma en materia de movimientos, acabados, materiales y construcción.


“La visión de Carlo Crocco permanece: precisa, disruptiva y vibrante. Ahora, esta visión se materializa con todo el alcance de nuestra experiencia manufacturera. Refleja el minimalismo por diseño, exactamente como él lo imaginó, así como la profundidad relojera con la que Hublot le da vida hoy”, afirma Julien Tornare, CEO de Hublot.

Un reloj más bello

Cuando lanzó el reloj Hublot en 1980, Carlo Crocco tenía más de 10 años de experiencia en la industria. Desde 1969 trabajaba en la empresa de su familia, que distribuía relojes suizos en Italia. Ahí era responsable de desarrollar productos de entrada de gama. “Pero quería hacer algo más bello. Así que pensé en crear un producto de muy alta gama. Lo llamé Marie-Danielle en honor de mi esposa”, dice Crocco.


Entre los relojes Marie-Danielle había uno con 12 pequeños tornillos en la caja. “Nos dimos cuenta de que con sencillez, pureza y minimalismo se pueden hacer cosas muy hermosas. Mi filosofía es quitar en lugar de añadir. Con esos 12 tornillos se podía hacer un reloj sin nada más, sin índices horarios, pero puro y muy bello. Los clientes lo recibieron muy bien”, añade.


Crocco decidió explorar la elaboración de una pieza deportiva basada en aquella caja. Quería unir toda la tradición y el savoir-faire de la relojería suiza con la creatividad del diseño italiano. Faltaba encontrar una solución capaz de expresar esa mezcla.

Tradición y revolución


“La elección de la correa fue difícil”, recuerda el fundador de Hublot. “Al principio estudiamos diferentes opciones de oro y de acero, pero nada funcionaba. Yo quería aportar algo nuevo, revolucionario. Entonces nos dimos cuenta de que el negro con el oro podía tener mucha fuerza estética y surgió la idea del caucho. De inmediato comprendí que podía ser fantástico porque marcaba una diferencia. Permitía que el reloj fuera a la vez muy elegante y deportivo. Era el contraste entre tradición y revolución”.


El desarrollo de la correa, realizado con el apoyo de un centro de investigación italiano y de un especialista en caucho, duró tres años. El resultado incorporaba insertos de acero y un detalle inesperado: aroma a vainilla. El reloj, equipado con un delgado movimiento de cuarzo, se entregaba en un estuche con correas de varios tamaños para adaptarse a cada muñeca.


Hublot era entonces el nombre del modelo, mientras que la firma se llamaba MDM Genève. Las siglas significaban “Marie-Danielle Montre”. Con el tiempo, Hublot adquirió tanta fuerza que se convirtió en el nombre de la marca, aunque MDM permaneció en la parte inferior de la esfera hasta 2004.


 “Una vez que el producto estuvo terminado y se presentó, la mayoría de la gente lo entendió. Era un reloj al mismo tiempo muy elegante, clásico y práctico. Los médicos podían lavarse las manos con él; quedaba igual de bien con un esmoquin que para practicar deporte, tanto para hombres como para mujeres. Tuvimos mucha suerte. Era perfecto”, agrega su creador.

“Cuando vimos cómo nacía y se desarrollaba el reloj ‘Hublot’, me dije que era algo especial, con esta idea de ser revolucionario y, al mismo tiempo, seguir siendo clásico”

Carlo Crocco, fundador de Hublot


Un anuncio publicado en la revista Time con la imagen de un velero llamó la atención de Constantino, exrey de Grecia, quien compró dos Hublot en Gstaad: uno para él y otro para su cuñado, el rey de España. Pronto se sumaron otros miembros de la realeza europea y personalidades de la moda. “Nos convertimos en el reloj de los reyes”, recuerda Crocco.

Espejo entre dos épocas

Los Classic Fusion Tributo funcionan como un espejo entre dos épocas. Su sencillez radical conserva el vigor que tenía el modelo de hace más de cuatro décadas. En un panorama relojero donde conviven complicaciones avanzadas y propuestas estéticas rompedoras ­—ahí están el Classic Fusion Balloon Dog y el MP-14 Origin by Jeff Koons de la propia Hublot—, también hay un gusto renovado por la pureza de los relojes de dos y tres agujas. Y el Hublot de 1980 tiene mucho que decir al respecto.


Los nuevos modelos recuperan esos códigos fundacionales sin reproducir literalmente aquel reloj. La caja crece de 36 a 38 mm conservando sus proporciones. Los 12 tornillos ligeramente abombados cumplen la misma función que en el original: marcar las horas sobre una esfera desprovista de índices. La fecha permanece a las 3 horas y la correa vuelve a ser de caucho negro estriado.

Las asas expuestas dejan a la vista la arquitectura de la caja, y Hublot prescinde deliberadamente de su sistema intercambiable One Click para conservar el ADN del modelo inicial. La corona atornillada garantiza una hermeticidad de 100 metros.

Crear algo inmortal


La transformación más importante está donde menos se ve. Si el primer Hublot llevaba un movimiento de cuarzo, los Classic Fusion Tributo incorporan el calibre automático de manufactura HUB1711 con unas 60 horas de reserva de marcha. A través del fondo de zafiro puede contemplarse su masa oscilante calada con la forma de la “H” de Hublot. Es quizá la mejor síntesis del propósito de esta reedición. Conservar la pureza de la idea original y enriquecerla con los recursos relojeros que la Manufactura ha desarrollado desde entonces.


Las dos versiones tienen personalidades distintas. La de oro amarillo es la más cercana al Hublot y recupera el contraste esencial entre el metal precioso, el caucho negro y una esfera lacada negra con un sutil efecto antracita. El rotor también es de oro amarillo y, a las 6 horas, reaparecen estampadas en oro las letras MDM. Estas siglas establecen otro vínculo con Crocco: la firma donará 100,000 francos suizos a Main Dans la Main, la fundación creada por el empresario en 1998 para apoyar proyectos humanitarios y educativos destinados a niños vulnerables y comunidades necesitadas.


En la variante de oro blanco, la esfera es de ónix negro pulido y los tornillos también son negros. En el reverso, una masa oscilante de tungsteno negro prolonga esa estética. Hublot relaciona esta versión con la elegancia de la sastrería italiana. Es una referencia a los orígenes de Crocco y al encuentro entre diseño italiano y savoir-faire suizo que dio forma al primer reloj.


¿Qué piensa Carlo Crocco de esta vuelta al punto de partida, a la fuerza original? “Me alegra mucho ver que Hublot se ha inspirado nuevamente en el modelo inicial y ha comprendido que ahí reside su fuerza: crear algo inmortal, o casi”.

Manuel Martinez

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