Carlo Crocco no buscaba una revolución. Buscaba algo aún muy elegante que diera la hora. Y lo encontró con una correa. A finales de los 70, la elegancia para él era negra, y ni el oro ni el acero le daban esa sensación sobre la muñeca. El caucho sí. La idea surgió en una conversación con su pequeño equipo, casi como una solución técnica. ¿Y si usamos una correa de caucho negro que combine con la carátula lisa negra? La revolución llegó después, por el atrevimiento.
Lo reencontramos esta tarde en Milán. Mr Crocco vive en Lugano desde 2004, cuando Jean-Claude Biver se hizo cargo de su empresa. Está dedicado a su fundación MDM, y a sus 82 años sigue tan indestructible como el material que lo hizo célebre. Hublot acompaña este lanzamiento con una donación de 100,000 francos suizos a su fundación.
La historia empieza antes de Hublot. Hacia 1976, Crocco diseñó un reloj de oro muy sobrio, con 12 pequeños tornillos en el bisel, rostro liso de esmalte blanco y nada más. Lo llamó Marie-Danielle Montre (MDM), como su esposa. Su filosofía, dice, es quitar en lugar de añadir. De aquel reloj clásico nació la idea de una versión deportiva y, de esta, el oro sobre caucho. El nombre lo puso, sin saberlo, el fabricante de cajas de La Chaux-de-Fonds, que hablaba de un ojo de buey: hublot. Las iniciales MDM Geneve, quedaron en la esfera.
Era 1980 y la relojería suiza sufrió la ofensiva del cuarzo japonés. Aquel primer Hublot, paradójicamente, llevaba un cuarzo suizo. En Basilea, donde se presentó, nadie entró al stand los primeros días. Crocco y su mujer salieron a comprar material para escribir en el escaparate que aquella correa era de caucho. Al tercer día, toda la feria hablaba de Hublot. El director de Cartier pasó a verlo y admitió que ese era el producto que su casa debió haber tenido. Poco tiempo después lo llevaban media docena de casas reales europeas. Era un reloj para el esmoquin y para el deporte, para hombres y mujeres; un médico podía lavarse las manos sin quitárselo. La correa, además, olía a vainilla para apagar el aroma rudo del caucho.
Alessandro Camilli, director creativo de Hublot e italiano como Crocco, ha firmado la reinterpretación. La explica con Lampedusa: todo ha cambiado para que todo siga igual. La frase de Il Gattopardo le sienta bien. A primera vista, cuesta distinguir el Tributo de su antecesor, pero en detalle si hay diferencias evolutivas.
ADN intacto
Crocco dio un solo consejo a Camilli: conservar los 12 tornillos y que siguiera siendo minimal. Y Hublot le hizo caso. Los tornillos en H, ligeramente abombados, vuelven a ser 12 y marcan las horas en una carátula sin índices. Se mantiene también la trilogía original de oro, caucho y negro. La fecha sigue a las 3.
Los cambios están donde deben estar. La caja pasa de 36 a 38 mm, con 9.5 mm de grosor: la discreción del original, ajustada a la muñeca de hoy. La correa se fija directamente a las asas, a la vista, sin el sistema de cambio rápido One Click. Otra concesión a la fidelidad. La corona roscada asegura 100 metros de hermeticidad.
Calibre totalmente nuevo
Por dentro, todo es nuevo. El cuarzo de 1980 cede su lugar al calibre automático de manufactura HUB1711, basado en el Elite de Zenith: 185 componentes, 4 Hz y 60 horas de reserva de marcha. Se ve a través del fondo de zafiro, con su masa oscilante calada en forma de H. El objeto de diseño se ha convertido también en un objeto relojero, concebido y ensamblado en Nyon. No es edición limitada, aunque empieza con una pequeña produción, y cuesta 36,000 dólares en ambas versiones, con una garantía que puede extenderse hasta diez años.
Las dos versiones comparten arquitectura. La de oro amarillo es la memoria: esfera negra mate, rotor de oro de 22 quilates y el MDM dorado. La de oro blanco es la interpretación, más ceremoniosa, con esfera de ónix negro pulido, tornillos negros y masa oscilante de tungsteno. Hublot la asocia a la sastrería italiana. El caucho también ha evolucionado. El de 1980 era liso; el de ahora tiene textura. Y ya no huele a vainilla. Es quizá la única nostalgia que el Tributo no recupera.
Hublot ya había mirado a su origen en 2023 con el Classic Fusion Original, pero aquel ejercicio se quedaba a medio camino. Este va hasta el final. Crocco, que no es dado a la complacencia, lo encuentra perfecto, sobre todo el de oro amarillo. Confiesa que ceder su creación a otras manos nunca le resultó fácil, y que ver hoy su primer diseño de vuelta en la manufactura le ha emocionado. Se le notaba contento en Milán, en el Circolo Filologico Milanese, donde se celebró el lanzamiento, a pocos metros de Via Cusani, donde empezó Hublot hace 46 años. En el Circolo se exhibieron otros relojes de la era pre Big Bang. Y la imaginación permite intuir que los Classic Fusion pueden eriquecerse en el futuro con reinterpretaciones de modelos históricos, como si la histroria de Hublot se hubiera agrandado de pronto 24 años más.
Al despedirnos pensamos que Crocco no inventó un reloj, sino una posibilidad: que el lujo podía mojarse sin perder la compostura. Este Tributo no celebra un modelo, sino una intuición que, 46 años después, sigue vigente.