En el sureste de México el tiempo parece moverse de forma distinta. No es solo el calor que envuelve al visitante, ni el color verde de la vegetación que abraza cada lugar. Es una sensación más profunda, conectada con su historia. Aquí el pasado convive con el presente con una naturalidad sorprendente. Quizá por eso el Rally Maya México encuentra en esta región su escenario perfecto: un recorrido en el que la cultura mexicana y la precisión de la relojería se encuentran en un mismo trayecto.
Grandes expectativas cumplidas
Comenzamos la travesía en Villahermosa, Tabasco, punto de encuentro antes de avanzar hacia Palenque, Chiapas, donde se celebraría uno de los momentos más esperados del evento: la cena del Concurso de la Elegancia. Desde el sur de la ciudad se percibe ese clima cálido que abraza al visitante y anuncia que algo especial está por comenzar. El rally siempre ha tenido esa capacidad de crear expectativa incluso antes de que los motores arranquen.
A diferencia de la carretera, donde el sonido de los autos domina el ambiente, la cena del Concurso de la Elegancia funciona como una pausa dentro del recorrido. Es un momento para detenerse y observar con calma aquello que normalmente vemos en movimiento: los autos clásicos que participan en el rally y que representan distintas épocas del desarrollo automotriz.
La noche del Best of Show
La cena del Concurso de la Elegancia del Rally Maya México se ha consolidado como uno de los momentos más distintivos del evento. Durante la velada, algunos de los autos más extraordinarios del rally son presentados ante un jurado especializado. Y, más que una competencia estética, se trata de reconocer aquellas piezas que mejor preservan la memoria del automóvil en su viaje por el tiempo.
Antes de que comenzara la ceremonia, los asistentes pudimos recorrer el espacio donde se encontraban los vehículos nominados al Best of Show. Cada automóvil parecía contar una historia distinta: algunos conservaban detalles originales que han sobrevivido décadas, mientras que otros habían sido restaurados con una precisión casi artesanal. En conjunto, formaban una exposición que recordaba por qué muchos describen el rally como un auténtico museo sobre ruedas.
Un Mercedes-Benz 280 SE de 1971 fue quien se llevó el reconocimiento como Best of Show. Un modelo icónico de la ingeniería alemana de la época, reconocido por la elegancia de sus líneas y su refinamiento mecánico dentro de la familia W108.
Al final de la noche llegó el momento más esperado: el anuncio de los ganadores. El Best of Show fue otorgado a un Mercedes-Benz 280 SE de 1971, un modelo emblemático de la ingeniería alemana de la época, reconocido por la elegancia de sus líneas y su refinamiento mecánico dentro de la familia W108.
Ganadores sobre ruedas
El segundo lugar fue para un Cadillac convertible de 1949, uno de los grandes símbolos del diseño automotriz estadounidense de posguerra, recordado por sus primeras aletas traseras que marcarían el estilo de toda una década. El tercer lugar lo obtuvo un Ford A de 1928, vehículo que representó el renacimiento de Ford tras el legendario Model T y que introdujo mejoras técnicas que definieron la transición hacia una nueva era del automóvil. Tres autos que representan distintas etapas del desarrollo automotriz y que hoy sobreviven como testigos de la evolución de la ingeniería y el diseño sobre ruedas.
Tiempo, historia y cultura maya
Uno de los momentos más simbólicos de la velada fue la representación de la Reina Roja, figura histórica vinculada a la antigua ciudad maya de Palenque. Su presencia evocaba una idea poderosa: el tiempo no es solo una medida mecánica, también es una narrativa cultural. Las ciudades cambian, los imperios se transforman y las generaciones se suceden, pero ciertos símbolos permanecen.
En el sureste mexicano la herencia maya sigue dialogando con el presente de formas inesperadas. Durante unos instantes, aquella representación recordó que la historia de la región no es una línea recta, sino una superposición de épocas que continúan influyendo en el presente.
Algo similar ocurre en la relojería. Cada pieza nueva es resultado de décadas de conocimiento acumulado y tradición artesanal. En el contexto del rally, esa continuidad se expresa en la relación entre el evento y la manufactura suiza Franck Muller, cuya presencia se ha convertido en parte esencial del espíritu del recorrido.
Un reloj con el espíritu del rally
Si algo distingue al Rally Maya México es su capacidad de reunir distintas formas de entender el tiempo. Está el tiempo de la carretera, marcado por los kilómetros; el tiempo histórico que habita en cada automóvil restaurado; y también el tiempo medido con precisión por la relojería. En ese punto de encuentro, la participación de Franck Muller resulta natural.
Este año, la manufactura presentó la colección Rally Maya México 2026. Una interpretación relojera del espíritu del rally. Las tres versiones lucen esfera guilloché. La carátula está inspirada en la parrilla de los Bentley clásicos y que evoca la geometría metálica que definió el diseño automotriz durante décadas.
El patrón, ejecutado en un profundo tono verde, parece capturar algo del paisaje del sureste mexicano: la vegetación densa, la humedad del aire y esa sensación de movimiento constante que acompaña a la caravana de esta carrera de regularidad. La colección luce la icónica caja Vanguard Slim, con correa verde de nylon que refuerza su identidad vinculada al evento.
En el interior late el calibre automático FM 708. Un movimiento in-house con horas, minutos y pequeño segundero a las seis en punto, con una reserva de marcha de 42 horas. El logotipo del rally aparece en el subdial del segundero, mientras que el fondo de la caja lleva grabados que conmemoran esta edición del recorrido.
En total se produjeron 60 ejemplares destinados al mercado mexicano: 25 en acero, 25 en oro rosa y 10 en acero para la declinación femenina. Una edición limitada que refuerza el carácter coleccionable de la pieza y un encuentro donde la pasión por la mecánica, la historia y el tiempo se comparte entre quienes saben apreciarlo.
Automovilismo, relojería y compromiso social
La relación entre Franck Muller y el Rally Maya México también ha estado marcada por un componente social que distingue al evento. Desde hace varios años, la firma destina un porcentaje de las ventas de los relojes de edición especial a proyectos que benefician a comunidades del sureste mexicano.
En esta edición, gracias a la colaboración con Raconli Group, distribuidor de la marca en México y aliado cercano del rally, los apoyos fueron destinados a Unidos Prodown A.C. y Fundación La Fuerza de Mi Sonrisa. La primera es una asociación civil con sede en Tuxtla Gutiérrez. Trabaja desde hace más de 20 años en la educación, inclusión y desarrollo integral de niños y jóvenes con síndrome de Down y discapacidad intelectual. Lo hace gracias a programas educativos, actividades deportivas y talleres de desarrollo personal.
Por su parte, Fundación La Fuerza de Mi Sonrisa impulsa iniciativas enfocadas en mejorar la calidad de vida de niños y familias en situación vulnerable. Lo hace mediante programas de apoyo social, salud y acompañamiento comunitario. Este componente solidario es uno de los rasgos más distintivos del rally. Una manera de demostrar que la pasión por el automovilismo clásico también puede traducirse en acciones concretas con impacto social.
La ruta continúa
Tras la cena del Concurso de la Elegancia, el rally retomó su esencia itinerante. Al día siguiente, los motores se volvieron a encender para continuar la travesía hacia Campeche, una de las escalas más emblemáticas del recorrido. Desde ahí, la caravana avanzaría posteriormente hacia Quintana Roo, pasando por Chetumal antes de completar su ruta.
Aunque mi cobertura concluyó tras la escala en Chetumal antes de regresar a Ciudad de México, el recorrido continuaría todavía algunos kilómetros más. Como cada año, el Rally Maya México seguiría su curso por el sureste del país, llevando consigo no solo el rugido de los motores clásicos, sino también una celebración del tiempo, la historia y la cultura que dan identidad a esta región.
FOTOS: CARLOS CANAL