Calibre El Primero 400 personalizado

Tiffany & Co. y la relojería: un legado que vuelve a brillar

Viajamos a Nueva York para explorar cómo Tiffany transforma su herencia joyera en una nueva ambición relojera

El décimo piso de The Landmark, la monumental boutique neoyorquina de Tiffany & Co. que ocupa la esquina de la calle 57 y la Quinta Avenida desde 1940, solo abre sus puertas para los simples mortales en ocasiones tan especiales como esta. En el lujoso espacio con grandes ventanas que mantienen a raya el frío de principios de febrero, la marca presume el pasado y presente de su trayectoria en la relojería con una exposición de piezas antiguas y de sus creaciones recientes más importantes. A Tiffany le interesa que cada vez se corra más la voz sobre su legado y sus revitalizadas capacidades relojeras.

Y tiene razón en querer compartir sus logros con el mundo. En las vitrinas de la primera sala hay una variedad de exquisitos relojes de bolsillo, de solapa, chatelâine, colgantes, de pulsera y de viaje hechos por Tiffany entre las décadas de 1860 y 1950. Por un lado, se destaca el dominio deslumbrante de diversas técnicas de esmalte (cloisonné, flinqué y grisaille) que los artesanos de la casa tenían desde esas épocas. Por el otro, se resalta su compromiso con la innovación técnica al incluir ejemplos del Tiffany Timer, el sobresaliente reloj cronómetro de bolsillo que vio la luz en 1866.

En la siguiente sala está el desfile de novedades con dos top models a los que está dedicada la curaduría de la exposición histórica. Uno es el Enamel Watch, que reinterpreta los icónicos brazaletes de esmalte paillonné con motivo croisillon creados por el gran Jean Schlumberger en 1962. El otro es la versión moderna del Tiffany Timer. Se trata del elogiado cronógrafo de platino con esfera Tiffany Blue, índices de diamante y calibre El Primero 400 de Zenith, cuyo rotor está personalizado con el Bird on a Rock –otro símbolo de la firma diseñado por Schlumberger en 1965– en oro amarillo. Estos modelos encarnan todo lo bueno del ambicioso camino trazado para su departamento por Nicolas Beau, vicepresidente de Relojes de la marca.

El secreto mejor guardado

“Desde hace cinco años trabajamos para despertar de nuevo la relojería de Tiffany en el espíritu de su fundador, Charles Lewis Tiffany. Es decir, con una fuerte inspiración en la joyería”, nos dice Beau en una habitación de The Landmark decorada con una preciosa chimenea color azul Tiffany. “Nosotros somos joyeros. Todo gira en torno a la estética, a la belleza”.

Beau se unió a Tiffany en agosto de 2021, casi dos años después de que LVMH adquiriera la marca. Su contratación confirmó la seriedad que el gigante del lujo decidió darle al fortalecimiento de la relojería al ponerla en manos de un especialista con 30 años de experiencia. No hay que olvidar que LVMH también es dueño de Bvlgari, Hublot, L’Epée 1839, TAG Heuer y Zenith, además de la manufactura La Fabrique du Temps, que trabaja con Louis Vuitton, Gérald Genta y Daniel Roth.

Cuando llegó a Tiffany, Beau dice que tuvo una sensación de Back to the Future, en referencia a la película en la que el personaje de Michael J. Fox viaja al pasado. “Después de haber visto los archivos, lo que estamos haciendo es lo que Tiffany nunca debería haber dejado de hacer”, afirma. “Sin embargo, en el momento en que la relojería se estaba desarrollando en todo el mundo, la marca decidió centrarse en la joyería. Yo llamo a Tiffany ‘el secreto mejor guardado’ [del sector relojero]”.

Mina de diamantes

Para un directivo con el recorrido y la visión de Beau, la historia relojera temprana de Tiffany es una mina de diamantes. Para los entusiastas y coleccionistas, revela episodios muy interesantes y no tan conocidos. Estos episodios hacen valorar más el vínculo con la relojería de una de las firmas joyeras más importantes del mundo. 

Los relojes no eran parte de la oferta de la primera tienda que los jóvenes Charles Lewis Tiffany y John B. Young –en 1841 se les unió J.L. Ellis– abrieron en Nueva York en 1837. La incursión de Tiffany en la categoría empezó en 1846, cuando Young compró en París relojes para venderlos en la segunda tienda, que abrió un año después. Esto lo cuenta John Loring en el libro Tiffany Time. Añade que “hay pocas dudas de que los relojes de cuerda por corona de Adrien Philippe y los cronómetros de Charles Frodsham estuvieron entre sus primeras piezas a la venta”. Se refiere a Jean-Adrien Philippe, cofundador de Patek Philippe; Frodsham era parte de Arnold & Frodsham, “el fabricante de cronómetros de bolsillo y relojes complicados más renombrado de Inglaterra”.  

El buen criterio para elegir proveedores se confirmó en 1851 y 1854. En esos años, Tiffany se convirtió en el primer minorista e importador exclusivo de Patek Philippe en su país, respectivamente. En 1876, un nuevo acuerdo la designó representante general para Estados Unidos, “encargada de velar por los intereses de Patek Philippe & Cie. como si fueran los suyos”, según la Maison relojera.

El nexo de Tiffany con la manufactura más prestigiosa nunca ha perdido solidez. Entre 1900 y 1930, fue clave en las relaciones de Patek con coleccionistas estadounidenses de la talla de Henry Graves Jr. Desde el principio, la firma suiza fabricó piezas para su aliado, una tradición que sigue vigente. Ahí está el Nautilus Ref. 5711/1A-018 con los nombres de ambas marcas en la esfera Tiffany Blue lanzado en 2021 para celebrar 170 años de esta asociación. Desde entonces, ha sido descubierto en la muñeca de algunos de los coleccionistas celebrities más importantes, como Jay-Z, LeBron James y Saúl “Canelo” Álvarez.

Manufactura Tiffany I

La relación tan única de Tiffany con Patek Philippe ha contribuido a poner en segundo plano un hecho fascinante: la casa estadounidense ya producía sus propios relojes en Suiza a partir de 1866, apenas dos décadas después de que comenzó a vender piezas de otras firmas. En su libro, Loring establece que “muchos o todos los componentes de los primeros relojes, cronógrafos e instrumentos de cronometraje Tiffany se producían en Ginebra, en su fábrica en el número 10 del Grand Quai”. Y muchas de las cajas se elaboraban o decoraban en su taller de joyería en Nueva York.

El reloj cronómetro de bolsillo Timing Watch vio la luz también en 1866. Se usaba para aplicaciones científicas y eventos deportivos. En 1868, la marca relanzó el diseño y lo bautizó como Tiffany Timer, un modelo que tuvo mucho éxito. Para Charles Lewis Tiffany, ese fue solo el principio.

Decidió invertir en una instalación más grande en Ginebra, “donde el conocimiento tecnológico estadounidense se unía con la destreza manual y el perfeccionismo de los relojeros suizos”, apunta Loring. La nueva manufactura Tiffany abrió en 1874 en la Place Cornavin. “Era pequeña (unos 7,500 metros cuadrados) en comparación con gigantes como Waltham, pero producía relojes de calidad sobresaliente”, añade el autor. Además, el taller de relojería de Tiffany en su tienda de Union Square en Nueva York “no tenía rival en Estados Unidos en cuanto a innovación”.

Las piezas fabricadas por Tiffany incluían relojes de cuerda por corona, calendarios, cronógrafos, rattrapantes y repetidores con decoraciones hermosas. Durante ese periodo, la casa obtuvo patentes por avances técnicos en movimientos y sistemas de ajuste manual. Las reseñas sobre la manufactura y sus relojes en diarios suizos y estadounidenses eran muy positivas. En 1875, el Swiss Chronicle describió la sede de Tiffany como uno de los “lugares dignos de verse” de Ginebra.

Objetos de arte

A esas alturas, como dice Loring, Tiffany “no solo era el joyero y platero más destacado de Estados Unidos, sino también el principal proveedor de relojes finos del país”. Ganaba premios en ferias internacionales, como la Exposición del Centenario de Filadelfia de 1876. Ahí, el aclamado escritor Mark Twain bromeó sobre el reloj triunfador de la firma. “No solo indica las horas, los minutos y los segundos, sino también el cambio de las mareas, las fases de la luna, el precio de los huevos y quién tiene tu paraguas”, dijo. 

Y entonces, a finales de 1878, Tiffany vendió su manufactura ginebrina.

El comprador fue nada menos que Patek Philippe. La decisión de Charles Lewis Tiffany tenía una lógica difícil de refutar. Según Loring, el empresario identificó que su oferta de relojería solo podía mejorar si le proporcionaba a su principal proveedor externo la manufactura más moderna de Suiza donde producir relojes Tiffany. Así podría concentrar sus esfuerzos en “la expansión de sus incomparables negocios de joyería y platería en Nueva York, París y Londres”.

Charles Lewis prefirió la calidad sobre la cantidad y los relojes “hechos exclusivamente para” sobre los “hechos por”. Optó por diferenciarse de marcas estadounidenses como Waltham y Elgin, que llegaron a producir millones de ejemplares a finales del siglo XIX. Para la Exposición Universal de París de 1889, Tiffany presentó relojes para hombre y para mujer lujosamente enjoyados que ganaron una medalla de oro. El Jeweler’s Weekly los describió como “una rara colección de costosos y elegantes ornamentos y objetos de arte, insuperables en esplendor a cualquier intento previo”.

Inspiración joyera

La lógica de Nicolas Beau de recuperar la inspiración joyera cobra aquí pleno sentido. Muy pronto en su trayectoria relojera, Tiffany contó con el talento de diseñadores de joyería extraordinarios. Se distingue Paulding Farnham. Trabajó en la firma desde la década de 1880 hasta 1902 y ganó fama por sus diseños de orquídeas y otras flores, como el del reloj de solapa Apple Blossom.

Ya en el siglo XX, la casa ofreció relojes de pulsera para mujer por primera vez en su Blue Book de 1909 con una amplia variedad de estilos, incluidos eslabones de oro acentuados con diamantes y esmalte. Durante la década de 1920, los relojes joya de cocktail con estética art déco de Tiffany eran muy codiciados entre la élite estadounidense. 

Jean Schlumberger se convirtió en diseñador jefe de joyería de la marca en 1956. También plasmó su enfoque exuberante en innovadores relojes de pulsera y de mesa engastados con gemas que, incluso, adoptaban la forma de un erizo de mar o de la concha de un molusco. Las prestigiosas diseñadoras de joyas Elsa Peretti y Paloma Picasso sumaron su visión a la relojería de Tiffany. 

En la década de 1980, la casa vivió una explosión relojera que empezó con el Tiffany Classic, seguido por un reloj de buceo unisex y por el Black Watch totalmente negro. En 1983 apareció la icónica línea Atlas –contundente, minimalista y caracterizada por los números romanos en el bisel–, en homenaje a la estatua del titán griego que sostiene el reloj en The Landmark.

Con modelos como Tesoro, con el brazalete integrado, y Streamerica, basado en las alas del avión DC-3 de 1935 (con todo y remaches), la firma le puso su sello de opulencia sofisticada a la tendencia sport-chic. En el siglo XXI, surgieron el cronógrafo Mark T-57, con diseño ultradeportivo. El Tiffany Grand, con caja rectangular y curvilínea que evocaba el American Deco de 1920 a 1940. Y el Tiffany CT60, inspirado en el calendario de pulsera obsequiado por su cumpleaños al presidente Franklin D. Roosevelt en 1945.

Una ambición fuerte

“Ante todo, tenemos una ambición fuerte, que es la de devolver los relojes de Tiffany al sitio donde deberían estar. Eso llevará algo de tiempo, pero es la meta”, nos dice Beau en la sala con chimenea de The Landmark.

Por lo pronto, la división ha lanzado siete colecciones en los últimos años. “De ahí vienen todas mis canas”, bromea Beau. Esas colecciones incluyen los relojes joya Eternity by Tiffany, inspirados en un anuncio de los años 60 y cuya carátula luce 12 índices de diamante, cada uno con un corte distinto. También está Union Square, con caja cuadrada y números árabes. Por su parte, la línea HardWare refleja el estilo audaz y contemporáneo de la colección de joyería homónima. Carat 128 es un extraordinario reloj de alta joyería con cristal en forma de cojín basado en el legendario diamante Tiffany de 128.54 quilates.

El legado de Schulemberg es clave para los propósitos de Beau con la colección Jean Schulemberg by Tiffany Bird on a Rock, que traduce el broche de 1965 en relojes engastados con gemas. Entre ellos, despunta Bird on a Flying Tourbillon, que combina un extraordinario engastado de diamantes con otras técnicas decorativas y un tourbillon volante. 

Como ya se mencionó, el famoso pájaro también ha aterrizado en el rotor del calibre del Tiffany Timer, que próximamente se convertirá en una colección. La línea Twenty Four Stone rinde homenaje al anillo Sixteen Stone de Schulemberg, y la colección Rope se inspira en los diseños del mismo nombre y está equipada con un movimiento solar. También el Enamel Watch ha nacido a partir de joyería diseñada por él. Por supuesto, hay que mencionar la vuelta del Atlas reinterpretado.

Manufactura Tiffany II

LVMH decidió crear una manufactura Tiffany que hiciera un guiño a la historia de la marca. “Así que elegimos Ginebra y terminamos la primera parte en 2023. Hemos reclutado un equipo completo. Somos 52 personas, con 31 oficios distintos, que van desde el diseño hasta la distribución”, dice Beau.

Sin embargo, Tiffany no tiene planeado fabricar sus propios movimientos. “Creo firmemente en hacer lo que uno hace mejor”, agrega el directivo. “Algunas marcas fabrican un movimiento simplemente para poder decir que lo hicieron. Pero la realidad es que existen empresas independientes que llevan 100 años fabricándolos. Saben exactamente lo que tienen que hacer y han acumulado un enorme conocimiento”.

Beau afirma que controlan todos los aspectos de la realización de los relojes. Cree que es más importante abarcar toda la cadena que intentar hacerlo todo internamente. Cuando necesitan un desarrollo especial –como el tourbillon volante o el rotor decorados con el Bird on the Rock–, trabajan con sus proveedores para que lleven a cabo la solución técnica y lo produzcan a medida a partir del diseño de Tiffany.

Así, la división se ha enfocado en lo que Beau define como el oficio de Tiffany: las piedras preciosas y métiers d’art como el grabado y el engaste. “Fabricar movimientos es un verdadero oficio y prefiero cien veces trabajar con Zenith que tratar de inventar un cronógrafo Tiffany. Por supuesto que podríamos hacerlo, es una cuestión de inversión económica. Pero incluso con esa inversión no se pueden compensar décadas de conocimiento. Y no creo que la gente vaya a comprar un reloj Tiffany porque tenga un movimiento propio”.

Un reloj es para siempre

Como dice Beau, Tiffany se beneficia del sólido ecosistema relojero de LVMH al colaborar con La Fabrique du Temps, Zenith o L’Epée 1839. Con esta última ha creado espectaculares relojes de mesa inspirados en coches y aviones antiguos para su línea Time Objects. También trabaja con especialistas independientes de Ginebra o con fabricantes de movimientos como La Joux-Perret.

Tras la brillante presentación en lo más alto de The Landmark, Beau piensa que tendrán que “dejar que despeguen” las colecciones que han lanzado. Dar espacio para que la gente vea los modelos, comience a apreciarlos, los asimile y, finalmente, los desee. Un proceso que, como dice, es mucho más largo que la velocidad de las redes sociales y la comunicación instantánea.

“Debemos ser muy cuidadosos porque no estamos en la moda, donde cambian las temporadas y cambia lo que compras. Un reloj es para siempre. Así que vamos a dar a estos modelos tiempo para vivir, lo que no impide que lancemos una colección como Timer o nuevas propuestas. Hay que dejar que la gente se tome su tiempo”, concluye.

Manuel Martinez

Me gusta encontrar y contar historias, desde hace 15 años con la relojería, el estilo de vida y el lujo como telón de fondo. Las revistas siguen siendo mi debilidad, así que en Tiempo de Relojes estoy como en casa.

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