Montblanc y Minerva han ido juntos de la mano desde que hace veinte años el grupo Richemont decidió adquirir esta prestigiosa manufactura e integrarla, un año más tarde, en la estructura de la famosa casa de estilográficas. Han sido dos décadas de colaboración conjunta, con algunos momentos brillantes, también acompañados de ciertas indefiniciones a la hora de establecer la personalidad relojera de cada marca. Dado que Montblanc se encuentra en un proceso de reformulación de su producto relojero (así nos lo confirma su sorprendente ausencia de Watches & Wonders), es evidente que uno de los objetivos que se ha propuesto Laurent Lecamp dentro de esta estrategia es dar un mayor protagonismo a Minerva. Quizás el que siempre debió tener y ahora por fin ha conseguido.
Desde esta misma semana, el mismo Lecamp se convierte en CEO de Minerva, puesto que compaginará con el actual de responsable del área de relojería de Montblanc. La duplicidad de cargos nos avanza una nueva fase de autonomía de la manufactura de Villeret donde las dos principales novedades serán una oferta de producto más consolidada y una política comercial más elaborada.
Directo a coleccionista
Comenzamos por esta última. El deseo de Lecamp es que Minerva cuente con su propia red de puntos de venta independientes a los de Montblanc. Esta última cuenta con una de las más extensas del grupo Richemont. Montblanc suma más de 3,000 puntos de venta en todo el mundo, con alrededor de medio millar de boutiques monomarca. Lecamp quiere que Minerva se comercialice en unos pocos puntos de venta internacionales, los cuales no tienen por qué trabajar anteriormente con Montblanc.
La idea es que el producto llegue a un selecto, pero muy activo, grupo de coleccionistas que sepan apreciar las cualidades de sus creaciones. Aunque no dan cifras de producción desde la firma (algo habitual en las firmas de grupo Richemont), es evidente que esta apuesta por Minerva vendrá acompañada de una consolidación e independización de su catálogo, el cual hasta ahora ha estado muy vinculado a Montblanc.
Un producto diferente
Está claro que el gran punto fuerte de Minerva para conquistar el favor de su público estará en sus mecanismos. La manufactura ha demostrado en estos últimos veinte años capacidad suficiente para seducir al público más exigente. Sus movimientos alcanzan un nivel de estética y terminación pocas veces alcanzado en la relojería suiza actual. Conscientes de esta virtud, la firma fue un paso más allá en 2022 con The Unveiled Secret y su concepto de revertir la posición del movimiento para poder observarlo en el frontal de la caja. Cuatro años después, The Unveiled Secret es el producto de más éxito de la casa.
Un año más tarde vino The Unveiled Timekeeper, cronógrafo de apariencia clásica, pero equipado con un curioso sistema de accionamiento a través de la corona.
Aunque de apariencia muy innovadora, este sistema estaba fuertemente vinculado con el pasado de la firma, ya que Minerva ya fabricó en 1927 un reloj militar cuyas funciones eran controladas a través del bisel.
El equipo técnico de Minerva cree que esta exclusividad técnica puede convertirse en uno de los grandes incentivos de la manufactura para atrapar la atención de una nueva generación de aficionados y lo ha recuperado para el que sin duda es su gran novedad del año, The Unveiled Crownless. Atentos, porque este reloj está predestinado a convertirse en una de las grandes sorpresas del año, como lo fue en 2025 el Souscription de Breguet.
Sin corona, sin problemas
La falta de corona hace del Minerva The Unveiled Crownless un reloj prodigiosamente geométrico. La caja es de acero con un diámetro de 41.5 milímetros y una altura de 12 milímetros. Es hermética hasta 30 metros. En la parte superior encontramos el bisel de oro rosa a través del cual realizamos todas las operaciones del reloj. En posición normal, el giro del bisel permite cargar el barrilete del movimiento, el M15.08, de remonte manual, con una reserva de marcha de 80 horas.
La sorpresa viene a la hora de tener que ajustar las agujas horarias. Para ello es necesario activar una pequeña palanca alojada en el fondo de la caja, invisible desde el fontal. Una vez extraigamos esta palanca, podremos ajustar la hora en apenas un instante.
La operación es tan sencilla como la apariencia del reloj. La carátula presenta un color dorado y viene decorada con un guilloché artesanal que remite a los relojes Minerva de los años cincuenta. Tanto las agujas como los índices son de oro rosa, al igual que el bisel.
El movimiento es visible a través de la ventana de zafiro del fondo de la caja. Es completamente nuevo, fabricado con 139 componentes, y un volante con tornillos que funciona con una frecuencia de 18,000 alternancias a la hora.
La correa es de piel de caimán verde oscuro y viene con el nuevo cierre desplegable que ha desarrollado Minerva para todas sus referencias, con un diseño que permite un ajuste muy fino sin dañar su superficie. Su precio en Europa será de 39,000 euros a la espera de conocer las equivalencias en el resto de los mercados. Sin duda, el mejor comienzo que podía tener esta nueva etapa de Minerva.