Un reloj puede ser una proeza mecánica, un ejercicio de belleza o el depositario de una historia familiar. Algunos reúnen las tres virtudes. Es precisamente esa combinación la que busca el primer Concours d’Élégance Horlogère de Vacheron Constantin, una iniciativa de Phillips en asociación con Bacs & Russo que acaba de desvelar sus 34 finalistas. De las más de 550 candidaturas recibidas desde distintos países, han emergido piezas capaces de contar, desde la intimidad de una colección privada, más de dos siglos de creatividad relojera.
El certamen reúne relojes de bolsillo y de pulsera de diferentes épocas: la selección final abarca piezas fechadas entre 1822/1823 y 2006. Lejos de premiar únicamente el valor de mercado o la complejidad técnica, el concurso contempla la originalidad, la rareza, la conservación, la procedencia y el significado histórico. Antes de llegar al jurado, los especialistas del departamento de Patrimonio de Vacheron Constantin verificaron la autenticidad y la documentación de cada candidato. Una primera criba redujo la selección a 95 relojes; de ahí salieron los 34 finalistas.
Siete categorías recorren distintas facetas de la Alta Relojería: cronógrafos, Métiers d’Art, Chronomètre Royal, complicaciones astronómicas, múltiples complicaciones, diseño y mecanismos de sonería. El inventario es tan diverso como fascinante. En cronógrafos destaca una referencia 4072 de acero de 1940, con escala telemétrica y contador de 45 minutos, junto a una 4083 del mismo año en oro rosa. En Métiers d’Art conviven las esferas cloisonné de los años cincuenta con un modelo de 2002 que combina esmalte Grand Feu y champlevé con indicaciones retrógradas.
Las complicaciones reservan algunos de los hallazgos más singulares. Está el célebre «Don Pancho» de 1940, pieza única con calendario completo de fecha retrógrada y repetición de minutos, alojada en una caja tonneau de oro amarillo. También dos calendarios completos con fase lunar, referencia 4764, de los años 50: uno de oro rosa, con calendario en español y esfera restaurada, y otro de platino, realizado en un único ejemplar. En el apartado astronómico figura asimismo un calendario perpetuo esqueletizado de 1987, cuya caja de oro amarillo tiene una insólita geometría de dieciséis lados.
El diseño aporta un reloj de hora mundial de 1957, referencia 6213, equipado con el mecanismo de Louis Cottier y considerado probablemente único, aunque sus agujas fueron sustituidas. En sonería sobresalen una repetición de cuartos de 1822/1823 y la referencia 6448 de 1962, repetición de minutos extraplana en platino con índices de diamantes. Son piezas en las que la singularidad no siempre está a simple vista: a veces reside en el calibre, en una esfera improbable o en una trayectoria que merece ser reconstruida.
La elección ha recaído en un jurado internacional de catorce especialistas, copresidido por Aurel Bacs y Christian Selmoni. La tarea no ha sido sencilla: comparar creaciones de épocas, estilos y complejidades tan dispares exige mirar más allá de las preferencias personales.
Los 34 finalistas se exhibirán del 4 al 8 de noviembre en el Hôtel Président Wilson de Ginebra, coincidiendo con la semana de subastas de Phillips. El 10 de noviembre se conocerán los siete vencedores, uno por categoría, y el premio especial del jurado, Best in Show. Después, estas extraordinarias piezas regresarán a manos de sus propietarios. Habrán salido por unos días de la discreción de las colecciones privadas para recordar que el patrimonio relojero no solo se conserva en los archivos: también vive en quienes lo custodian.