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Los relojes del káiser

Hace un año murió el dueño de uno nombres más escritos y pronunciados en la moda. Fue uno de los diseñadores más influyentes de esta disciplina en el siglo XX. Renovó Chanel y también Fendi. Sin él, quién sabe qué habría pasado con sendas firmas que pese a su pasado de gloria comenzaban a caer en el olvido.

Tenía un look icónico, imposible pasarlo desapercibido. Su traje negro con corbata ídem. Camisa blanca de cuello alto (para ocultar las arrugas) a juego con su pelo amarrado en una eterna coleta baja. Los broches a veces en el saco; los guantines para ocultar sus manos —porque desde pequeño, su madre le dijo que eran feas— y las infaltables gafas oscuras que utilizaba a toda hora y en todo lugar argumentando que eran una barrera protectora para sus ojos que, dada su vocación eran, en sus palabras, “lo más precioso” que poseía. Se sabe, hablando de posesiones, que era un coleccionista obsesivo. Tenía 2,400 playeras blancas casi idénticas, 300 iPods (que guardaba en un baúl Louis Vuitton hecho ex profeso para ello), antigüedades, tapices, 150 pinturas y una impactante biblioteca en la que él llegó a contar 30 mil libros. Pero hablando de relojes, se le vio solo con dos.

Karl Lagerfeld con su look icónico. Foto: PR Company Handout.

Una influencia más allá de la moda
Si bien Lagerfeld influía en el gusto global con sus colecciones y con sus propios fetiches, con sus relojes era más bien un tipo moderado. En apariencia. Nunca presumió en particular esas piezas porque su influencia en esta área ocurría tras bambalinas: bajo su dirección los códigos de la casa fundada por Gabrielle Chanel quedaron más claros que nunca; era imperativo usar los elementos favoritos de la diseñadora como las camelias, los leones, las cadenas, las C’s entrelazadas. Esto permeó en el departamento de relojería de la maison que más allá de su belleza estética se ha hecho de una gran reputación en el mundo de la haute horlogerie. La división liderada por Nicolas Beau se apega a esas líneas y hasta ha traducido la importancia del trabajo artesanal en Chanel a la mecánica. Recordemos que terminó por comprar la manufactura G&F Châtelain en La Chaux-de-Fonds en 1993.

El nuevo J12 Paradoxe —próximo a presentarse en Baselworld— evoca los famosos diseños bicolor de Madame Chanel. Tiene caja, bisel y esfera de cerámica negra de alta resistencia y oro blanco de 18K engastado con 40 diamantes talla baguette. Foto: Chanel.

También influyó en la división de relojes de Fendi, en un tono más ligero y fashion. Al hacer del logo de la casa una doble F consiguió que se hicieran diseños más versátiles y divertidos. El ejemplo más claro quizá está en el Run Aaway o en el Karlito, donde aparece su imagen caricaturizada como en otros accesorios de la marca. Mismo caso el de su marca homónima, donde también podemos encontrar la versión más lúdica de su figura, que en persona era más bien rígida e imponente, juguetear en una caja negra que curiosamente remite de inmediato a la del Royal Oak que usaba.

Aunque sobrio y rígido, Lagerfeld se permitió jugar con su propia imagen como demuestran los relojes de su marca propia (izquierda) y los de Fendi (derecha).

Cuando menos es más
Por lo visto hay dos vías para convertirse en mito: renunciar a todo o entregarse al exceso. Lagerfeld construyó para el personaje en el que se convirtió, un poco de ambos mundos. Era excéntrico y ostentoso, en especial si se trataba de hacer gastos para consentir a su gata Choupette, pero al mismo tiempo usaba atuendos monocromáticos, invertía en arte y cultura y fue fiel a los dos relojes que convirtió en mito: el primero, el Royal Oak A-Series, uno de los primeros Jumbo, completamente negro que utilizaba desde la segunda mitad de los años 70. Se sabe que el número de serie es el 12XX y que esto nos lleva al año 1973 en los archivos de Audemars Piguet, cuando el reloj fue entregado en Italia. Lo que no se sabe es cómo llegó a manos del káiser y si el reloj era negro de origen o si se le pintó más tarde, ya que ese tratamiento de PVD era muy nuevo y el total black recién lo había impuesto Porsche Design un año antes. Fue sin duda el reloj que más llevó consigo y solía usarlo sobre la manga de sus camisas blancas al estilo del magnate italiano Gianni Agnelli. Del abuelo de Lapo Elkann se sabe que las correas le molestaban al tacto con su piel, por lo que decidió ponerse los relojes sobre las camisas, imponiendo sin querer una moda que el mismo Lagerfeld siguió.

Karl Lagerfeld en abril de 1979 con su Royal Oak sobre la manga de la camisa al estilo del italiano Gianni Agnelli.
El Royal Oak A-Series con número de serie 12XX que perteneció a Karl Lagerfeld. No se sabe cuándo obtuvo su recubrimiento PVD negro.

El segundo reloj de Karl
Hay fotografías de principios de los años 80, cuando Lagerfeld aún se vestía de colores, en las que se le podía ver con un elegante Rolex Ref. 6062 Triple Calendar Moonphase. Pero el Royal Oak no tardó en volver a su muñeca. Acaso el segundo reloj con el que se le vio con más frecuencia y en los últimos años fue un Apple Watch. No uno cualquiera sino uno de oro sólido de 18 quilates regalado por la propia marca y valuado en 25 mil dólares. Lo curioso es que el káiser parece no haber cargado la batería nunca. El reloj lucía siempre la pantalla apagada, como haciendo un guiño al famoso —e inamovible— Tank de Andy Warhol, quien no lo usaba para ver la hora. “De hecho nunca le he dado cuerda”, dijo alguna vez. Entre genios se entenderán. —Mónica Isabel Pérez

El Apple Watch de oro de 18 quilates que, presumiblemente. siempre estuvo apagado.

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