El Roadster vuelve a recorrer la autopista de la relojería de lujo sin prisas ni estridencias. Más bien, lo hace al ritmo pausado y elegante de Cartier, pese a tratarse de un modelo inspirado en el universo de los coches desde que la Maison lo presentó por primera vez en 2002.
Después de conocer los modelos lanzados en Watches and Wonders 2026, nos queda claro que el nuevo Roadster —como el original— no encarna una visión adrenalínica vinculada al cronometraje, la velocidad o el desempeño automovilístico, como la mayoría de los relojes nacidos de ese mundo. Más bien, su motor se alimenta de aquello que Cartier quiere lograr con cada uno de sus relojes. Es decir, ser un objeto contemporáneo, atemporal, imperecedero e imprescindible, que trascienda las épocas. Y emocionar, siempre emocionar.
Para llegar a la meta, Cartier ha aplicado los cuatro grandes principios creativos que guían su actual era de plenitud relojera. Nos referimos a la pureza de la línea, la precisión de la forma, la exactitud de las proporciones y la belleza de los detalles. Todo se materializa en esta generación del Roadster, compuesta por tres variantes hechas en oro, oro y acero, y acero, disponibles en tamaño mediano (42.5 x 34.9 mm) y grande (47 x 38 mm).
Experiencia renovada
Con el Roadster 2026, Cartier ha vuelto a forjar una escultura que se abraza con decisión y suavidad a la muñeca. “Esta nueva versión acentúa aún más la estética aerodinámica original, en particular gracias a sus proporciones y líneas refinadas”, afirma Pierre Rainero, director de Imagen, Estilo y Patrimonio de la Maison, en entrevista con Tiempo de Relojes. “También ofrece una ergonomía mejorada gracias a una corona integrada de forma fluida y a un nuevo brazalete intercambiable más fácil de usar, en sintonía con la demanda actual por relojes adaptables que permiten ajustarse a distintas ocasiones y estilos”.
“La nueva versión del Roadster acentúa aún más la estética aerodinámica original, en particular gracias a sus proporciones y sus líneas refinadas”
Pierre Rainero, director de Imagen, Estilo y Patrimonio de Cartier
La labor realizada para refinar el Roadster es sobresaliente. Y aunque cada año somos testigos de lo que Cartier es capaz cuando se trata de llevar a sus íconos a nuevas alturas, no por eso deja de sorprendernos. Se nota, como la propia firma señala, “la experiencia constantemente renovada de más de un centenar de artesanos, desde los diseñadores hasta los relojeros, de los fabricantes de esferas a los pulidores pasando por los estampadores”.
Equilibrio armonioso
El elemento clave del modelo está elaborado con maestría. Se trata de la corona ojival con cabujón de metal que se fusiona con la lupa de fecha en forma de faro de automóvil. Hay un equilibrio armonioso entre el bisel y la caja, como en un juego de sombras perfectamente simétrico. Y una interacción entre el cristal y el acero o el oro que sublima la forma del reloj. Los cuatro nuevos remaches en el bisel realzan la fuerza del diseño. Se sabe que, en el caso de Cartier, su intuición de joyero reconoce la belleza donde esté y se atreve a mostrar lo que otros ocultan.
En cuanto a la esfera, que recuerda a un velocímetro, la casa ha conservado el motivo estriado circular. También permanecen la minutería de ferrocarril y los números romanos, aunque entre los primeros Roadster había algunos con números arábigos. La diferencia, según Cartier, viene de las meticulosas técnicas de decoración usadas ahora: un efecto de aplique creado con una herramienta de estampado que añade relieve y un acabado con índice barnizado y minutería de ferrocarril calcada.
Las referencias de acero tienen esfera blanca y números azules, o, en el caso de uno de los modelos grandes, esfera azul y números blancos. Las agujas tipo espada son azules o antracita, y están cubiertas de SuperLumiNova. Los relojes que usan oro también cuentan con esfera blanca, pero los números y las agujas son doradas. Un gran avance en comparación con los Roadster de 2002 es que, en la actualidad, la marca tiene una capacidad de producción que le permite equipar las versiones grandes con el calibre 1847 MC y las medianas con el calibre 1899 MC, dos movimientos automáticos de la Manufactura Cartier.
Idea madre
Aunque el súbito regreso del Roadster tomó por sorpresa a la comunidad relojera global, es un lanzamiento a tono con la filosofía de Cartier que, además, ha sido muy bien recibido de manera prácticamente unánime. “Trabajar de forma creativa sobre nuestros diseños icónicos es un ejercicio habitual para nosotros en Cartier. Así ha sido históricamente”, explica Rainero. “Recordemos, por ejemplo, las sucesivas variaciones del Tank en la década de 1920, con el Tank Cintrée, Tank Louis Cartier, Tank Chinoise… hasta la nueva versión del Tank à Guichets que lanzamos en Watches and Wonders del año pasado”.
“Trabajar de forma creativa sobre nuestros diseños icónicos es un ejercicio habitual para nosotros en Cartier. Así ha sido históricamente”
Pierre Rainero, director de Imagen, Estilo y Patrimonio de Cartier
“Muchos diseños de Cartier, especialmente los más emblemáticos, son capaces de dar lugar a futuras variaciones, lo que les permite evolucionar con el paso del tiempo y con los estilos de vida”, añade. “Esto es lo que Louis Cartier llamaba una ‘idea madre’, es decir, un diseño capaz de dar nacimiento a muchos hijos, por así decirlo. El propósito consiste en transmitir el espíritu original de los modelos —y los archivos son siempre una referencia para identificar los rasgos distintivos del diseño inicial—, al tiempo que se aporta algo nuevo y pertinente para nuestros clientes de hoy, tanto en términos de diseño como de ergonomía”.
Fluidez de género
En Tiempo de Relojes, que este año celebra su 30 aniversario, también existe la ventaja de contar con unos archivos amplios. Así podemos recordar nuestras sensaciones originales y registrar los cambios en la idiosincrasia relojera. Cuando Cartier presentó el Roadster en 2002, Carlos Alonso, fundador y director general de esta revista, escribió: “Aunque por su forma troncada recuerda al modelo Tortue de la casa, lo verdaderamente novedoso del Roadster radica en su intencionalidad. Esto es: la de haber sido ideado y concebido exclusivamente como un reloj masculino. Otra cosa es que, desde su presentación a comienzos de año en seleccionadas boutiques Cartier, haya despertado pasiones entre el sector femenino”.
¿Es el Roadster actual un reloj masculino, como dijimos hace 24 años? Hoy en día, como apunta Rainero, Cartier tiene un enfoque genderless de la relojería: “Ya sea por su diseño esencial, como el Tank, que desde muy temprano fue utilizado tanto por hombres como por mujeres. O porque la historia nos ha enseñado a ser humildes sobre esta cuestión. Por ejemplo, un reloj como el Pasha, que el mercado de los años 80 consideró masculino, fue ampliamente adoptado por mujeres. Y hoy observamos una fluidez de género aún mayor”.
Dejar huella
En nuestra entrevista, Rainero se asoma al espejo retrovisor para hablar sobre el impacto de un modelo indudablemente rompedor en la trayectoria de la firma. “El Roadster dejó huella en el mundo de la relojería desde su lanzamiento en 2002 por su estética distintiva. Se inspiraba en el universo automovilístico estadounidense de las décadas de 1950 y 1960, un proceso creativo poco habitual. Quizá también fue apreciado porque aun siendo un reloj de estilo sport, digamos, e informal, ofrecía un diseño elegante, especialmente debido a sus acabados refinados y a su brazalete”.
La mención particular del brazalete se debe a que, desde aquel entonces, estaba provisto de un sistema intercambiable sin precedentes y patentado por Cartier. “Como el hombre de hoy es multifacético y las ocasiones son diversas, el Roadster introduce una verdadera novedad que consiste en brazaletes intercambiables de fácil ajuste que permiten al reloj un juego de ambigüedades del que sale muy bien parado”, reportaba Tiempo de Relojes en 2002.
En mi caso, y perdón que me meta, ha sido toda una revelación descubrir que Cartier se adelantó por lo menos una década a la tendencia —hoy convertida en nueva normalidad— de incorporar sistemas para intercambiar los brazaletes. Sobre todo en los relojes sport-elegant, aunque no se limite a esa categoría.
En los nuevos Roadster, los brazaletes metálicos incorporan la tecnología moderna del sistema patentado QuickSwitch. Así se pueden intercambiar por correas de piel de aligátor azul marino o gris semimate. O, en el caso del modelo grande con esfera azul, por una correa de caucho del mismo color. Como podía esperarse, Cartier se ha esmerado en perfeccionar la estética del brazalete y optimizar la comodidad y funcionalidad. Para ello usa unos eslabones más cortos y ergonómicos y un juego de superficies pulidas y cepilladas.
El relojero de las formas
El regreso de este modelo refleja la mentalidad que ha llevado a Cartier a ser un líder de la relojería contemporánea. La marca se ha anotado un éxito tras otro. Y su índice de deseabilidad está por los cielos. Rainero explica que, como el “relojero de las formas”, Cartier explora principalmente dos direcciones creativas complementarias. “En primer lugar está lo que se podría llamar las ‘formas esenciales’, con las que buscamos la quintaesencia de la geometría. Ahí entran el cuadrado Santos (1904), el rectangular Tank (1917) o el ovalado Baignoire (1958). En paralelo, Cartier también trabaja sobre formas más ‘expresivas’, que remiten a un universo de inspiración. Es el caso, por ejemplo, del Crash, aparentemente ‘roto’ (1967), y del Roadster, que evoca la estética de los automóviles vintage”.
Otro aspecto que adquiere relevancia con este relanzamiento es el interés de Cartier en el mundo mecánico y el auge del progreso técnico. Ese interés se ha concretado en el diseño de relojes como el Santos, el Tank y, claro está, el Roadster.
“La velocidad y el transporte encarnan un universo muy querido para Cartier”, dice Rainero. “Louis Cartier era un aficionado a los autos y a las embarcaciones. También le fascinaban los comienzos de la aviación. Recordemos que, en 1904, concibió el primer reloj moderno específicamente diseñado para llevarse en la muñeca. Estaba destinado al pionero brasileño de la aviación Alberto Santos-Dumont. El fin era ofrecerle un guardatiempo más práctico cuando pilotaba, en lugar de un reloj de bolsillo”.
Pierre Rainero, director de Imagen, Estilo y Patrimonio de Cartier
“La velocidad y el transporte encarnan un universo muy querido para la Maison. Louis Cartier era un aficionado a los autos y a las embarcaciones; también le fascinaban los comienzos de la aviación”
Como los sofisticados y poderosos autos convertibles de dos plazas que inspiran su nombre, el Roadster de Cartier evoca más que nunca el disfrute del camino bajo un sol luminoso antes que la llegada al destino. La Maison ha recuperado un clásico que nadie vio venir y que ahora se pone a la delantera.