Perfil

Rolex y el siglo del Oyster

Nació en 1926 como la primera caja hermética y ya como Oyster Perpetual ha sido la base de una legión de modelos míticos de Rolex


El centenario del Oyster es el acontecimiento relojero del año, celebrado con el lanzamiento de un Oyster Perpetual 41 con detalles alusivos al aniversario. Es una pieza de un enorme valor simbólico. Además, congrega un cúmulo de avances técnicos fruto de la filosofía de Rolex de crear el mejor reloj de pulsera posible. La firma también ha dado a conocer algunas joyas de su archivo documental que nos permiten apreciar la fascinante historia del Oyster desde otros ángulos. Entre ellas sobresale un anuncio ilustrado de 1927 que resume, con una perspectiva femenina, el impacto del primer reloj de pulsera completamente hermético, presentado un año antes y destinado a cambiar para siempre el rumbo de la relojería.

Con el título “The Amphibious Oyster”, el anuncio muestra en el centro a una mujer sonriente disfrutando del mar. A la izquierda, otra conduce un auto descapotable bajo la frase “For Pleasure”. Y, a la derecha, una tercera teclea una máquina de escribir acompañada por la leyenda “For Business”. Las tres, elegantísimas al estilo de los “locos años 20”, llevan en la muñeca un Oyster. Según el anuncio, el reloj desafía los elementos al ser resistente al calor, al polvo, al agua, al frío y al sudor.

La solución ideal

El Oyster nació como un reloj “anfibio” en dos sentidos. Ambos acordes con la época de intensa evolución tecnológica, social y cultural en la que Hans Wilsdorf, el fundador de Rolex, se propuso encontrar “la solución ideal a un problema que ha desconcertado a todos desde que los relojes empezaron a llevarse en la muñeca”.

En el sentido más literal, el Oyster podía “vivir indistintamente en tierra o sumergido en el agua”. Pero, además, como muestra el anuncio, acompañaba a su dueña —o dueño— tanto en el placer como en los negocios. Era un momento con una sociedad cada vez más cosmopolita, móvil y acelerada, que exigía mayor agilidad y versatilidad. Y el reloj de Rolex reflejaba que el ingenio humano estaba empeñado en superar las fronteras de lo conocido y lo posible.

Dispuesto a demostrar en la práctica las características del Oyster mediante “la prueba de todas las pruebas”, en octubre de 1927, Wilsdorf entrega un Oyster a la nadadora inglesa Mercedes Gleitze para su travesía a nado del canal de la Mancha. Este episodio marca el nacimiento del concepto de Testimonial y el comienzo de una larga y fructífera asociación de Rolex con personalidades excepcionales.

El gran arquetipo

Los cambios en el estilo de vida durante las primeras décadas del siglo XX acabarían por jubilar al reloj de bolsillo y encumbrar al reloj de pulsera en su encarnación moderna, del cual el Oyster fue el gran arquetipo. Y no solo por su hermeticidad. Visto en retrospectiva, resulta impresionante presenciar cómo Wilsdorf tenía un plan maestro concebido y meditado para que ese cambio de paradigma no se malograra por las objeciones que existían en relación con los relojes de pulsera.

Los relojeros de todo el mundo seguían mostrándose escépticos sobre las posibilidades del reloj de pulsera y creían que esta novedosa creación estaba destinada al fracaso”, escribió en 1945. “Sus argumentos en contra eran, entre otros, los siguientes. Primero, el mecanismo requerido debía ser necesariamente pequeño y delicado, por lo que nunca podría resistir los movimientos bruscos de la mano y el brazo. Segundo, el polvo y la humedad estropearían rápidamente el mecanismo, por bien construido que estuviera. Tercero, era imposible obtener precisión y regularidad con un movimiento tan pequeño”.

El fundador de Rolex se dio a la tarea de rebatir esas objeciones en la práctica.

Nuevo estándar

Para empezar, Wilsdorf emprendió la conquista de la precisión cronométrica. Empezó desde 1905, cuando fundó en Londres la empresa distribuidora de relojes que en 1908 bautizaría como Rolex. Hay dos hitos pre-Oyster significativos. En 1910, un reloj de pulsera de la firma obtuvo un certificado del Centro Oficial de Calificación de Relojes de Bienne (Suiza). Así se demostraba que podía ser tan preciso como un reloj de bolsillo.

En 1914, otro reloj de pulsera Rolex recibió un certificado de precisión “Clase A” del Observatorio de Kew (Gran Bretaña). Ese observatorio era la máxima autoridad en materia de cronometría. Durante 45 días, el reloj superó las rigurosas pruebas que se aplicaban a los cronómetros marinos. Estos eran considerados los instrumentos de medición del tiempo más precisos.

En otro anuncio del Oyster, fechado en 1927, se menciona que el movimiento había obtenido 20 récords mundiales en los observatorios de Kew, Ginebra y Neuchâtel. Desde esos años, la firma decidió certificar sus relojes ante organismos neutrales e independientes. En 1951, cuando la normativa que regulaba el uso de la denominación cronómetro empezó a exigir la certificación obligatoria por parte de un observatorio oficial de control, Rolex contaba con la mayoría de los cronómetros certificados desde 1927.

Nace Oyster

Para que la precisión sufriera lo menos posible ante las inclemencias del entorno, Wilsdorf se enfocó en crear un reloj hermético. Ese esfuerzo dio origen al Submarine de 1922. Su caja y su movimiento se alojaban dentro de una segunda caja exterior. A esta caja se fijaba la correa, y su bisel y cristal se atornillaban para garantizar la estanqueidad. La principal limitación era que la caja exterior tenía que abrirse para poder acceder a la corona y dar cuerda al reloj o ponerlo en hora.

Esa y otras limitaciones quedaron resueltas en 1926 con la caja Oyster, dotada de un sistema patentado de bisel, fondo y corona atornillados a la carrura. Marcó un antes y un después al establecer un nuevo estándar de hermeticidad en la relojería.

Wilsdorf la definió como “el invento más importante en materia de los relojes de los últimos años”. Para él, una de sus grandes virtudes era que preservaba la precisión al impedir que las partículas de polvo se mezclaran con el aceite de los pivotes. Así no se formaba la pasta abrasiva que aceleraba su desgaste y comprometía la exactitud de la marcha. El uso del nombre Oyster se extendió a los relojes de Rolex equipados con esa caja. Pero aún faltaba agregarle un apellido igual de significativo.

Mejora continua

Ese apellido era y sigue siendo Perpetual, como Rolex denominó al sistema de cuerda automática con un rotor libre que introdujo en 1931. Gracias a este desarrollo, cada movimiento de la muñeca hacía girar el rotor, lo que tensaba el muelle real. Así se reducía la necesidad de desenroscar periódicamente la corona para darle cuerda al anterior movimiento manual. Se preservaba la hermeticidad de la caja frente a los agentes externos, favoreciendo una marcha más regular y precisa.

Con ello, Wilsdorf consumaba su plan maestro para asegurarse de que Rolex ofreciera relojes de pulsera fiables, precisos y herméticos. Al mismo tiempo, ese plan fue el punto de partida de un proceso de mejora continua que se ha prolongado durante más de 100 años. Este proceso constituye una prueba clara de la notable perseverancia, coherencia y visión de largo plazo de la marca. “Rolex ha innovado de forma constante, buscando perfeccionar cada componente y mejorar el rendimiento, la robustez y la fiabilidad de sus relojes”, como afirma Jean-Frédéric Dufour, CEO de Rolex.

Un campo de pruebas

Oyster Perpetual se convirtió en una línea emblemática y también en un campo de pruebas para cumplir la promesa de crear relojes capaces de acompañar a sus dueños en cualquier actividad. A partir de él, la familia no dejó de crecer con modelos que, en su mayoría, siguen formando parte del catálogo de la marca. Otra muestra de la consistencia de Rolex.

Esos modelos son Datejust (1945); Submariner y Explorer (1953); GMT-Master (1955); Day-Date y Milgauss (1956); Lady-Datejust (1957); Air-King (1958); Cosmograph Daytona (1963); Sea-Dweller (1967); Explorer II (1971); GMT-Master II (1982); Yacht-Master (1992); Yacht-Master II (2007); Deepsea (2008); Sky-Dweller (2012) y Land-Dweller (2025).

Diccionario de innovaciones

Los avances logrados por Rolex a lo largo de estos 100 años son tan numerosos que bastarían para llenar un diccionario de innovaciones. Entre ellos destacan la lente Cyclops (1953), cuyo aumento facilita la lectura de la fecha. Las coronas Twinlock (1953) y Triplock (1970), con dos y tres zonas de sellado para reforzar la hermeticidad. La cerámica de alta tecnología Cerachrom (2005), prácticamente imposible de rayar, resistente a la corrosión y con un color inalterable frente a la radiación ultravioleta. Y la visualización Chromalight (2008), que garantiza una legibilidad óptima en cualquier condición y se perfeccionó a partir de 2021.

La lista continúa con los amortiguadores Paraflex (2005), diseñados para proteger el órgano regulador frente a los impactos. El sistema Ringlock (2008), una arquitectura de caja capaz de soportar la enorme presión de las profundidades oceánicas. El brazalete Oysterflex (2015), que combina la robustez y la fiabilidad de un brazalete metálico con la flexibilidad y la comodidad de una correa de elastómero. Y el sistema Ring Command, que coordina la interacción entre el bisel giratorio, la corona y el movimiento para simplificar el ajuste de las distintas funciones del reloj.

En el terreno de los movimientos, Rolex ha desarrollado soluciones de vanguardia destinadas a mejorar la precisión, la eficiencia energética y la resistencia a los campos magnéticos. Para ello ha recurrido al uso de silicio y de aleaciones y arquitecturas únicas en la espiral Parachrom (2000), la espiral Syloxi (2014) y el escape Chronergy (2015). En 2025, la firma sorprendió con el escape Dynapulse. Con su distribución secuencial, este escape transmite la energía al órgano regulador mediante contacto por rodadura. Fabricado con componentes de silicio, es ligero, antimagnético y representa una alternativa inédita al tradicional escape suizo de áncora.

Oyster Perpetual “100 Years”

Como modelo insignia para conmemorar el centenario del Oyster, Rolex eligió un Oyster Perpetual 41 discreto y elegante que subraya la importancia histórica del reloj sin recurrir a fuegos de artificio. Una decisión plenamente acorde con la mentalidad de la firma. Este modelo introduce por primera vez en la colección Oyster Perpetual el uso de Rolesor amarillo, la combinación de acero Oystersteel —en la caja y el brazalete— y oro amarillo de 18 quilates —en el bisel liso y la corona de cuerda—. Además, marca un hito porque, a diferencia de los Rolesor tradicionales de la marca, la fila central de eslabones del brazalete está realizada en acero en lugar de oro.

En la esfera gris pizarra con acabado satinado tipo sol aparece la inscripción “100 Years” a las 6 horas, en sustitución de la habitual mención “Swiss Made”. Otros detalles distintivos son los cuadrados verdes colocados en cada intervalo de cinco minutos en la minutería y el nombre “Rolex” impreso mediante tampografía en el verde emblemático de la marca. La corona también luce un “100” grabado en relieve.

Equipado con el calibre 3230 automático, que ofrece aproximadamente 70 horas de reserva de marcha, este Oyster Perpetual 41 cuenta con la certificación Cronómetro Superlativo. En 2026, Rolex ha reforzado este estándar al incorporar los criterios de resistencia al magnetismo, fiabilidad y sostenibilidad a los de precisión, hermeticidad, cuerda automática y autonomía, establecidos desde 2015.

El “segundo Rolex”


En el caso de la precisión, las mediciones del calibre 3230 deben arrojar una desviación de entre −2 y +2 segundos por día. Para ello, Rolex emplea una referencia de una exactitud sin precedentes. En colaboración con el Centro Suizo de Electrónica y Microtecnología (CSEM), con sede en Neuchâtel, la manufactura ha desarrollado su Reloj Atómico Óptico de Rubidio. Su precisión supera hasta 60 veces la de los relojes atómicos actuales. Esto le permite ajustar y certificar sus relojes utilizando su propio “segundo Rolex”. Con innovaciones como esta, las palabras que Hans Wilsdorf pronunció en 1927 —“Señores, fabricamos el mejor reloj de pulsera del mundo”— suenan hoy más vigentes que nunca. 

Laboratorio en la muñeca

Desde 1927, Hans Wilsdorf puso el Oyster en las muñecas de exploradores, científicos, atletas, pilotos, marinos, alpinistas y buceadores que lograron grandes hazañas. Como conquistar la cima del Everest por primera vez (sir Edmund Hillary y Tenzing Norgay en 1953) o descender hasta el fondo de la Fosa de las Marianas (Jacques Piccard y Don Walsh en 1960). Sus observaciones permitieron a los ingenieros de Rolex desarrollar y perfeccionar de forma continua los relojes de la marca.

Asimismo, la historia del Oyster está estrechamente ligada a los logros de las personas inspiradoras que lo han llevado en la muñeca gracias a la relación de Rolex con el golf, el tenis, el automovilismo, la hípica y la vela. Los Testimoniales Rolex incluyen también figuras destacadas del cine, la música y la arquitectura a través de la Iniciativa Perpetual Arts. Y el Oyster ha acompañado a individuos y organizaciones que se esfuerzan por construir un futuro mejor y se agrupan bajo su Iniciativa Perpetual Planet.

Conoce todos los nuevos modelos de Rolex en 2026 aquí.

Manuel Martinez

Me gusta encontrar y contar historias, desde hace 15 años con la relojería, el estilo de vida y el lujo como telón de fondo. Las revistas siguen siendo mi debilidad, así que en Tiempo de Relojes estoy como en casa.

Artículo anterior

Keris convierte el calibre en escultura

Siguiente artículo
Jubilee

Celebración completa por los 100 años del Rolex Oyster

Notas relacionadas
Leer más

Keris convierte el calibre en escultura

Keris lleva la arquitectura de los antiguos relojes de bolsillo a otra escala con Meca Tradition, un reloj de mesa esqueletado de 220 mm y estética dorada y limitado a 300 piezas.
Leer más

De Bethune estrena DB25 Digitale

De Bethune lleva más lejos su arquitectura mecánica con el DB25 Digitale: reconfigura el calibre DB2144, desplaza los minutos a la parte inferior de la esfera y eleva la precisión de la fase lunar hasta limitar su desviación a un solo día cada 1,112 años.

MANUEL MARTÍNEZ

Director editorial

Me gusta encontrar y contar historias, desde hace 15 años con la relojería, el estilo de vida y el lujo como telón de fondo. Las revistas siguen siendo mi debilidad, así que en Tiempo de…

Alma Delia Pacheco

Directora comercial relojes

Heredé el gusto por los relojes desde niña y profesionalmente por el diseño. Desde hace 21 años estoy en este fascinante sector relojero, trabajando de la mano junto con las marcas haciendo estrategias comerciales y de marketing.

KEVIN GONZÁLEZ

Diseñador digital y multimedia

Geek millennial, amante de la tecnología. Ing. en comunicación multimedia, llevo los relojes mecánicos a la dimensión digital. Siempre al tanto de las tendencias tecnológicas.

LESLIE LÓPEZ

Director editorial

Lector antes que editor. Planté un limonero y escribí un libro. Espíritu deportivo para templar el ánimo. Ldo. en Filosofía (Univ. de Sevilla) y Máster de Periodismo (Complutense de Madrid).

CARLOS ALONSO

Director general

Los contenidos en evolución son su razón de ser sin que importe el soporte. “La vida y la relojería, donde se ha especializado por más de 30 años, no son nada sin contenido”. Después de que los soportes hayan vivido una revolución tecnológica es momento de volver a defender el buen periodismo como una necesidad general.

ANDRÉS MORENO

Redactor

Decía Antonio Machado que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas. Me he guiado por esta máxima durante casi veinte años que llevo escribiendo de relojes. En mi mano está hacerlo del modo más ameno posible.
Total
0
Share