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El dios Michael Phelps habla desde el Olimpo

En el mundo del deporte se podrían usar las iniciales A.P. y D.P. para indicar si un hecho ocurrió antes o después de la irrupción de Michael Phelps, el nadador estadounidense que luego de su partición en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro suma 28 medallas, 23 de ellas de oro. A sus 31 años, cuando muchos pensaron que iría a Brasil a retirarse con más pena que gloria, el “Tiburón de Baltimore” calló bocas al ganar cinco preseas doradas y una de plata. Su presencia y sus triunfos se volvieron de nuevo el punto de atención más importante durante las Olimpiadas. Phelps es embajador de Omega desde hace varios años. La marca relojera, que además es cronometradora oficial de los Juegos Olímpicos desde hace 84 años, nos dio acceso a esta entrevista con él.

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Michael Phelps es embajador de Omega desde hace varios años.

A principios de año le contaste a Omega que tenías algunas “cuentas pendientes” por saldar en Río 2016. ¿Cuáles eran esos pendientes? ¿Has completado tu sueño?     

Siempre existen cosas que creo que puedo mejorar. Ésa es la forma en la que me he conducido en la vida. Hubiera sido increíble romper otro récord mundial o hacer un mejor tiempo. Sí mejoré mi tiempo [en una competencia], pero no pude romper un récord mundial. En la prueba de relevo hice mis 100 metros más rápidos. En general conseguí lo que quería. Sé que para estos Juegos Olímpicos me preparé de la mejor forma posible y estaba listo para competir. Una de las cosas que realmente deseaba era ganar en los 200 metros mariposa. Quería esa medalla de oro para retirarme. Había participado en esa competencia en cinco Olimpiadas y quería terminar en la cima. Si me preguntas si estos resultados habrían sido buenos hace un año o dos, habría dicho que sí. Ser capaz de ganar otras cinco medallas de oro y una de plata me parece una manera inmejorable de terminar una carrera.

Vimos mucha emoción de tu parte en Río, especialmente en el podio. ¿Qué pasaba por tu mente en esos momentos?

Creo que finalmente me estaba dando cuenta de que ésta era mi última vez [en unas Olimpiadas]. Era mi último encuentro, mi último calentamiento, mi última competencia. Eso pasaba por mi mente todo el tiempo y constantemente rememoraba mi pasado y mi carrera como nadador durante los últimos 24 años. Me puse muy sensible. Es algo que no me pasó en Londres y le demuestra a la gente que no cree en mi retiro que llegó el final. He terminado. No más.

¿Cuál es el mejor recuerdo que te llevas de Río?

En lo que respecta a la natación, probablemente los 200 metros mariposa. Puedes ver la carrera y decir que fue una de las mejores de mi vida. Pero también me quedo con el recuerdo del tiempo que pasé con el equipo. En la preparación para Río teníamos muchos elementos muy jóvenes, unos 30 novatos. Así que me gustó conocerlos y ser capaz de ayudarlos. Ser elegido capitán por primera vez. Portar la bandera. Creo que todo salió perfecto en estas Olimpiadas. Fue un sueño hecho realidad.

Tres de ustedes empataron en segundo lugar en los 100 metros mariposa. Descríbenos el momento en el que todos voltearon a ver el marcador.

Cuando toqué la pared, supe que me había quedado atrás. Pensé: “¿llegó el final? ¿La perfección habrá terminado o tendré suerte otra vez?”. En el pasado había tenido mucha fortuna en esta carrera y había sido capaz de tocar la pared primero. Pero esta vez le tocó a Joe [Joseph Schooling], quien es un gran competidor, sumamente talentoso. Miré el marcador y vi que había quedado en segundo. Así que me dije: “ok, lo acepto. Estoy feliz con eso, 51.1 segundos es un tiempo más rápido que el que hice en Londres, así que está bien”. Entonces miré a Chad [le Clos], luego al marcador y noté que habíamos empatado. Después vi a Laszlo [Cseh], alcé la vista de nuevo, y los tres estábamos empatados. He tenido una rivalidad con Laszlo durante los últimos 12 años, y con Chad durante los últimos cuatro, así que realmente fue agradable terminar en el podio junto a ellos en mi última carrera individual, compartiendo el podio y la medalla de plata.

Existe una foto donde aparecen Joseph Schooling y tú, cuando él apenas tenía 13 años. ¿Qué se siente inspirar a atletas como él?

Es algo que recién empiezo a entender. Ahora puedo ver que muchas de las cosas que he hecho en el deporte han generado cambios increíbles. He sido capaz de motivar a nadadores jóvenes a ir por el oro sin tener miedo, a soñar en grande. Ahí están Katie Ledecky, Ryan Murphy, el propio Schooling. Recuerdo el día que me tomé esa foto con él: estábamos en un carrito de golf buscando monos. Me gusta haber compartido ese momento con él. Es alguien a quien ansío ver competir en el futuro, tengo esperanza de que logrará hacer carreras sumamente rápidas.

Has competido desde que eras muy joven. ¿Extrañarás los entrenamientos, levantarte temprano, etcétera? ¿Cómo será tu vida a partir de ahora?

No creo que extrañe los entrenamientos ni despertar temprano. Voy a permanecer en forma, eso sí lo garantizo. Después de Londres subí unos 13 o 15 kilos, así que no permitiré que vuelva a pasar. Ésta ha sido mi vida durante 24 años, así que seguro será raro no mantener la rutina. Pero ahora que tengo un hijo, aún tendré que despertarme temprano de todas formas.

¿Cómo va la paternidad hasta ahora?

Es lo más grande que podría haber soñado. Me gusta pasar tiempo con él y verlo sonreír. Hoy íbamos en el auto y empezó a reírse y a hacer ruiditos. Es increíble ver las expresiones de su rostro y lo mucho que ha cambiado. Tiene tres meses y medio, y no lo había visto durante las últimas tres semanas y media. Crece mucho y muy rápido. Quiero seguir viéndolo crecer hasta que se convierta en un hombre.

¿Ser padre te ha inspirado o ha cambiado tu forma de pensar?

Sin lugar a dudas. Creo que muchas de las cosas que hice como capitán del equipo fueron muy paternales. Cuando estábamos en el podio tras ganar los 400 metros de relevo en estilo libre, le dije a mis dos compañeros más jóvenes: “está bien cantar y está bien llorar”. Lo siguiente que supe es que uno de ellos estaba muy conmovido, así que puse mi brazo alrededor de él y lo abracé. Creo que ahora hago cosas más paternales y veo por el bienestar de mi equipo. Deseo estar en casa y nadar en la piscina con mi hombrecito. Le voy a enseñar a nadar y simplemente divertirnos.

¿De dónde vino la idea de la ventosaterapia?

De mi entrenador, con quien he trabajado los últimos 14 años. Siempre está leyendo e intentando nuevas cosas, además me conoce y sabe lo que me gusta. Decidió intentarlo en otro par de atletas, así que me dijo: “¿por qué no lo pruebas? Podría gustarte”. Lo probé hace unos dos o tres años y me encantó. Se trata de un masaje rápido e intenso de unos cinco minutos, que te ayuda a la recuperación de ciertas áreas del cuerpo. Realmente lo amo. De hecho tengo equipo de ventosaterapia en casa, así Nicole [su pareja] puede ayudarme con la espalda o los hombros si lo necesito.

En tu trayectoria olímpica, ¿qué tan importante ha sido la cronometría de Omega en tus resultados?

He tenido el privilegio de trabajar con muchas empresas increíbles durante mi vida, pero puedo decir honestamente que la experiencia con Omega ha sido la mejor. Hemos pasado mucho tiempo juntos y son como una familia para mi. Tener el mejor sistema de cronometraje mundial en cada uno de nuestros eventos ha sido fantástico. Sabemos que la cronometría es perfecta. No hay nadie más con quien quisiera trabajar.

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