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El poder de la luna

Los aficionados más veteranos recordarán el revuelo que levantó Jaeger-LeCoultre hace quince años con la llegada de su Master Tourbillon. Estábamos en pleno auge de la relojería mecánica y todas las firmas luchaban entre ellas por ver quién era capaz de lanzar el reloj más sorprendente, más poderoso, más audaz. Aquí de nuevo el poder de la luna atrae con fuerza. Nace el nuevo Master Ultra Thin Tourbillon Moon. 

La manufactura de Le Sentier causó un gran impacto con este modelo, equipado con el calibre 978, inédito hasta entonces, y con un precio en su versión acero muy por debajo de lo que se estilaba en aquel momento entre la categoría de tourbillon. Años más tarde vendría TAG Heuer y las nuevas firmas surgidas de internet en su guerra por ofrecer un tourbillon a precios revolucionarios, aunque esta lucha pertenece a otra historia.

Volvamos al Master Control:  además de tener un precio de venta de lo más atractivo, el calibre 978 se destapó como un movimiento de extraordinarias condiciones técnicas, detalle que quedó demostrado en 2009 con la concesión del Premio Internacional de Cronometría del Museo de Relojería de Le Locle.

Pasados los años, el calibre 978 se ha convertido en uno de los grandes valores de Jaeger-LeCoultre. Un acierto seguro para todos los aficionados que quieran un tourbillon clásico de impecable factura y realizado según los criterios de excelencia de la escuela del Vallée de Joux. Su última materialización lo encontramos en el reciente Master Ultra Thin Tourbillon Moon. La pieza llega en caja de 41.5 mm en la nueva aleación Le Grand Rose Gold patentada por la firma.

El poder de la luna

El calibre incorpora como novedad la indicación de fases de luna. Toda una novedad al carecer hasta ahora Jaeger-LeCoultre de un modelo que combinara ambas complicaciones. La lista no acaba aquí y el movimiento disfruta de una tercera función en forma de indicación de fecha mediante aguja central.

La estética del Master Ultra Thin Tourbillon Moon es bastante clásica, acorde con el espíritu de la colección. Su caja tiene un diámetro de 41,5 milímetros, mientras el grosor se eleva hasta los 12,10 milímetros. No es precisamente el reloj ultraplano que nos indica en el nombre, aunque le perdonaremos al equipo de la firma haberse tomado esta licencia dada la complejidad de fabricación de un calibre tourbillon. Además, el movimiento (bautizado para la ocasión con la referencia 983 al incorporar la nueva función) tiene dos peculiaridades técnicas que gustarán a los aficionados más exigentes.

Las fases de luna, colocadas en un lugar predominante junto al índice de las 12 horas, disponen de una triple indicación al sumar al disco giratorio una manecilla de doble cabeza que indica de manera simultánea las fases lunares en el hemisferio Sur y la edad de la luna. En cuanto al calendario, la aguja realiza un salto cuando se acaba el día quince de cada mes para permitir que la jaula del tourbillon se puede ver en todo momento sin elemento que lo perturbe. Un ingenioso recurso que ya estaba disponible en las anteriores entregas del Master Tourbillon. En definitiva, una puesta al día de un movimiento que ya es todo un clásico en la historia reciente de Jaeger-LeCoultre por la nueva atracción del poder de la luna.

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