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Los celos de Venus

Thomas Mudge sonreiría al ver esta pieza, si pudiera disfrutar de una margarita en la marina de Los Cabos y la plácida lectura de una revista de relojería. La relojería moderna nació, como Venus, en la fragante espuma del mar. Los cronómetros marinos reunían avant la lettre los principios que dictan, actualmente, los manuales sagrados de la relojería: precisión, funcionalidad, legibilidad y resistencia. Siempre se menciona que el primer Portugieser de IWC se creó en 1939, a petición expresa de dos comerciantes portugueses que encargaron un reloj de pulsera grande con la precisión de un reloj de bolsillo. Dos soñadores modernos que volvieron a reencontrarse con el espíritu del propio Mudge, Le Roy, John Harrison, Berthoud, Thomas Mercer o el más joven Breguet.

El reloj, convertido en instrumento astronómico de culto, comenzaba a levantar los celos de los dioses por profanar los límites del conocimiento celeste. Hoy el marinero de Schafhaussen es más sabio. El anhelado momento de regresar a puerto seguro es más fácil. Una complicación que hace la vida fácil aporta mucho valor. Y Portugieser Yatch Club Moon & Tide es el primer modelo de la histórica colección que ofrece lectura de mareas. Una subesfera con doble astro para adelantarnos a sus movimientos a las 12 horas. Y en la parte inferior, a las 6 horas, el transcurso de la bajamar y la pleamar, esta última cuando vivimos bajo luna llena o llega luna nueva. El dispositivo monta el calibre 82835 manufacturado por IWC con el diseño del maestro Kurt Klaus. La fase lunar que también refleja los dos hemisferios. Un movimiento automático con sistema Pellaton que ofrece 68 horas de reserva de marcha. Una pieza en caja de 44.6 mm que se presenta con clásica carátula azul en caja de oro, fechador a las 3 horas y viste una correa deportiva y elegante de caucho con textil.

Junto a este gran lobo marino, la firma renueva su Portugieser Yatch Club Cronograph con tres nuevas versiones con el mismo diámetro y novedoso brazalete de acero -nunca el Portugieser lo había utilizado-. Hay una versión bicolor en acero y oro también disponible.

El calibre 89361 de manufactura es un cronógrafo flyback de cuerda automática que ofrece a la vista en el fondo toda su maquinaria. Estéticamente, mantiene sus limpias proporciones y su excelente legibilidad.

Junto a las tres versiones mencionadas, se suma una cuarta pieza atractiva, el “Orlebar Brown”, la firma fundada por el fotógrafo británico Adam Brown que se especializa en ropa para ocio en el mar.

Una edición especial que ofrece justamente esa correa particular de caucho y textil más deportiva y confortable que viste el Moon & Tide.

Al margen, también cabe señalar una última versión boutique con llamativa carátula en un vivo tono borgoña.

Todos los nuevos rediseñados de la colección Portugieser incorporan calibres in house. Si el pasado y el legado fueran dos imperativos morales ineludibles, IWC cumple sin dudarlo en esta singladura con su obligación de llevar el Portugieser a buen puerto.

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Alma Delia Pacheco

Directora comercial relojes

Heredé el gusto por los relojes desde niña y profesionalmente por el diseño. Desde hace 21 años estoy en este fascinante sector relojero, trabajando de la mano junto con las marcas haciendo estrategias comerciales y de marketing.

SANDRA GUERRA

Gte. de planeación y desarrollo

Ingeniera industrial que encontró en la relojería las máquinas ideales para articular experiencias, arte y creatividad en un engranaje impulsado por personas extraordinarias. Más de 88,600 hrs. de vuelo en estrategia y…

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Diseñador digital y multimedia

Geek millennial, amante de la tecnología. Ing. en comunicación multimedia, llevo los relojes mecánicos a la dimensión digital. Siempre al tanto de las tendencias tecnológicas. Mi mantra: "Más que transformación, maduración digital".

LESLIE LÓPEZ

Director editorial

Lector antes que editor. Planté un limonero y escribí un libro. Espíritu deportivo para templar el ánimo. Ldo. en Filosofía (Univ. de Sevilla) y Máster de Periodismo (Complutense de Madrid).

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Recibió su primer reloj a los siete años, aprendió a cuidarlo y desde ahí ya no hubo vuelta atrás. Gracias a la carrera espacial y a las de autos, su pasión se dividió entre las máquinas que miden el tiempo y las dedicadas a vencerlo.

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Redactor

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