Cita privada con el Tank de Cartier

La última entrega de la colección Cartier Privé nos traslada a los orígenes del mito del Tank, con el interés añadido de su exquisita realización, disponible únicamente en materiales preciosos.

Es bastante irónico que un reloj que se llama Tank Normale sea un montón de cosas, menos normal. Pero el nombre tiene su lógica: aunque es sabido que el Tank nació en 1917, y fue comercializado a partir de 1919, el diseño de aquel primer modelo difiere de la imagen más popular que hoy en día tenemos de esta mítica colección. Hay una colección Tank, pero multitud de versiones a lo largo de los más de cien años que lleva el reloj en la calle.

En la actualidad, la versión más habitual del Tank es la conocida como Louis Cartier. Es una bellísima y estilizada adaptación del diseño original, con unas angarillas sutilmente curvadas que conforman la imagen unitaria de la caja. Es el mejor ejemplo para entender el éxito del diseño Tank y por qué es considerado el primer reloj de pulsera de la Modernidad. La fama del Tank va más allá, con versiones modernistas como el Tank à Guichet, el Cintrée, el Americaine o más contemporáneas, como el recientemente recuperado Tank Française, que perfilan la evolución de la colección durante su siglo de vida. 

El club privado de Cartier

Pero el Tank Normale es algo completamente diferente. Cartier basa su exitosa estrategia de los últimos años en una recuperación y adaptación de los iconos clásicos de la casa a los gustos de las nuevas generaciones de clientes. Dicha adaptación incluye la sutil transformación de estas creaciones, aparte de una extensa oferta de producto que abarca diferentes segmentos de precios en los que no falta el acero.

Cartier Privé Tank Normale en platino
El Tank Normale respeta la estética y medidas del primer Tank de Cartier, comercializado a partir de 1919.

Esta aproximación al público general tiene su complemento ideal en la colección Cartier Privé, una exquisita selección de piezas pensada para los coleccionistas más ortodoxos donde los diseños se mantienen fieles a los originales, solo se realizan en materiales preciosos y en ediciones limitadas y numeradas. Tank Normale es la última incorporación al Cartier Privé y cumple con todos los requisitos para atrapar la atención del aficionado más exigente. 

Siete versiones diferentes

A pesar de su exclusiva concepción, el Tank Normale se ha presentado nada menos que en siete versiones diferentes. Tres de ellas corresponden al modelo Esqueleto, de gran interés por acompañar este característico acabado de la Maison con una complicación en forma de indicador de 24 horas.

Cinco de las versiones del Tank Normale
Cinco de las siete versiones en las que se ha presentado del Tank Normale de la colección Cartier Privé.

Centrados en el modelo Esqueleto, el reloj equipa un movimiento de cuerda manual 9628 MC, realizado por la propia Cartier. La Maison es especialista en el esqueletado de mecanismos. Su sello personal consiste en dar forma a los puentes del movimiento esqueletado para que tengan una función en las indicaciones del reloj. Lo más habitual es encontrar puentes con la forma de números romanos. En esta ocasión la forma cambia y los puentes son, en la parte superior, un sol radiante. En la inferior, una secuencia de las fases lunares. Bonito, pero también práctico: el dueño ya sabrá gracias a este dibujo, que las horas de la mitad superior son las diurnas y las del inferior las nocturnas.

Reloj esqueletado de Cartier
El movimiento de esta versión del Tank Normale está esqueletado con la forma del sol en la parte superior y la luna en la inferior. Un modo de informar al usuario de la distribución de la escala de 24 horas que indica su movimiento de carga manual.

Las otras cuatro versiones se presentan con un acabado tradicional de carátula opalina y cajas en oro amarillo o platino. Son los modelos que más se asemejan a la creación de 1919 y que seguro son los más demandadas. De ser así, nos tocaría elegir si queremos que la caja del reloj venga acompañada de una correa de piel de aligátor o de un brazalete metálico de siete filas de eslabones. Si nos preguntan a nosotros, sin duda nos quedamos con esta segunda opción, mucho mejor si se trata de la versión en platino. 

La exquisita versión en platino

Centrados en este último modelo, tenemos que decir que estamos ante uno de las piezas más interesantes y brillantes que ha sacado Cartier en los últimos años. La caja es muy pequeña, con un ancho de 25.7 milímetros y un largo de 32.6 milímetros. No es precisamente muy plana (6.85 milímetros), mucho más si tenemos en cuenta que el cristal de zafiro mantiene la forma biselada del Tank original para convertirse en uno de los grandes atractivos del reloj.

Tank Normale en oro y platino
Las dos versiones de la versión básica del Tank Normale. La imagen de la izquierda corresponde al modelo con caja y brazalete de platino, rematada con una corona engastada con un rubí.

Este cristal remarca de un modo muy especial el estilo vintage de la pieza y encuentra su mejor combinación con el citado brazalete metálico hasta conseguir un efecto de reloj antiguo como solo Cartier era capaz de realizar. Completado con un movimiento manufactura de cuerda manual, el Cartier Privé Tank Normale es un fiel testigo de la edad dorada de la relojería de la casa francesa. 

Ediciones limitadas

Uno de los atractivos de las referencias de Cartier Privé es la poca cantidad de piezas realizadas en cada edición. En el caso del Tank Normale, las versiones de caja de oro amarillo y platino con correa de aligátor están limitadas a 200 piezas. Si hablamos de las versiones con brazalete, el límite son 100 unidades, tanto en la versión en oro amarillo como platino. Más exclusivas aún son las versiones esqueleto: 50 piezas tanto en la versión de caja de platino como en la de oro amarillo, y apenas 20 en la exquisita edición con caja de platino engastada con 42 diamantes en talla brillante, con un peso total de 1.95 quilates. Simplemente espectacular.

Andrés Moreno

Decía Antonio Machado que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas. Me he guiado por esta máxima durante casi veinte años que llevo escribiendo de relojes. En mi mano está hacerlo del modo más ameno posible.

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