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“Un reloj tiene que verse más en la mano que en una pantalla”

La dinastía Berger comenzó su historia como las sagas de apellidos audaces que luchan contra la adversidad para convertirse en héroes de su propio destino. Todo empezó a principios del siglo XX cuando Alex Elías Berger – nacido en Polonia en 1895- fundó en Amsterdam un taller dedicado al tallado de diamantes. Más tarde, en 1918 al termino del la I Guerra Mundial el joyero se trasladó a Amberes, Bélgica, en donde comenzó de nuevo con un tallado de diamantes consolidándose como uno de los mejores joyeros en la industria europea. Pero no fue hasta la II Guerra Mundial, cuando los nazis invadieron Bélgica, que la familia llegó a México. Era 1943 y en esa época, los hijos de Alex Elías, Maurice y Sylvain, de 8 y 10 años respectivamente, estaban destinados a convertirse en la segunda generación de joyeros. Para los años 90, la tercera generación Berger conformada por Ari y Sergio, expandieron su tradición joyera al mundo de las boutiques. Abrieron en Masaryk la tienda insignia de la casa en 1994 y llegaron a sus vitrinas marcas de alta relojería como Rolex, Patek Philippe‎,  Audemars Piguet, A. Lange & Söhne, Vacheron Constantin, Panerai y Hublot, entre otras.

Hoy la firma Berger Joyeros es una de las más importantes de México. Actualmente cuentan con las boutiques de Masaryk, Antara Polanco, Paseo Interlomas y Vía Santa Fe. Aunque no han pensado en expandirse a otros estados, su objetivo “es seguir creciendo”. Nos lo cuenta Sergio Berger, socio director del negocio. Con él sostuvimos una charla para tomar el pulso a un centenario (desde 1920) que tiene una agenda de celebraciones ambiciosa. Esta es la historia de su llegada a México, de la transformación del negocio y de los retos futuros.

TDR ¿Cuántas generaciones han estado al frente de Berger Joyeros?

Sergio Berger: Estamos en la cuarta generación y en lo preparativos de celebrar los 100 años. Este cálculo lo hacemos desde 1920, por ese año mi abuelo empezó a trabajar en la industria de la joyería. Se inició como cortador de diamantes y después incursionó como vendedor al mayoreo de estas gemas. Actividad que sostuvo hasta 1940, cuando los nazis invadieron Bélgica por lo que tuvo que huir con mi papá y mi tío de apenas 10 y 8 años, respectivamente. Así empezó su éxodo por tierra hasta llegar a Portugal donde subsistieron gracias al trueque, ya que en esa época emigraron con lo que traían puesto, además de que el dinero corriente escaseaba por obvias razones en Europa.

En 1941 se embarcaron a Cuba donde se asentaron durante dos años, en ese tiempo aquel país se volvió en el centro de diamantes, porque durante la guerra se acabó esa actividad. Ahí se dedicaban a dos líneas de trabajo, a tallar piedras preciosas y a su comercialización. Posteriormente, llegaron a México, su idea original era llegar a Estados Unidos, pero se quedaron porque les encantó el país. En primera instancia, el negocio era el mayoreo de diamantes y después se enfocaron a las piedras preciosas: rubíes, zafiros, esmeraldas, perlas, turquesas para vender a todos lo joyeros y fabricantes en piedra suelta. Hasta los años 70 empezaron a producir joyería. Nuestros clientes eran todos los joyeros de México. Al principio era un negocio de mayoreo, pero de consignación también, era un negocio muy de confianza.

Aspecto de la boutique insignia de Berger Joyeros en Masaryk renovada en 2016

¿Cómo se ha transformado el negocio desde su llegada a México?

En aquel entonces la empresa se llamaba Bermex, la cual duró hasta los años 80. Sin embargo, teníamos clientes privados que llegaban a nuestra oficina en la calle de Madero, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Venían por un anillo de compromiso o algún regalo, pero no teníamos el espacio ni las condiciones y empezamos a ser competencia con nuestros clientes, porque era más fácil para ellos importar o fabricar sus propias joyas, ahí empezamos a transformarnos.

Corrían los años 80, teníamos una clientela cautiva, así que organizamos una exposición a partir de 1987 durante el mes de diciembre, que duró 7 años. La empresa ya se llamaba Maurice y Sylvain Berger Joyeros, aunque seguía la firma Bermex que se enfocaba al mayoreo. En 1994 abrimos nuestra primera joyería ya con la marca Berger Joyeros. Tenemos una de las joyerías más importantes de América Latina y del mundo. Nuestros clientes que nos visitan de Europa, nos comentan que no han visto una joyería de este tamaño y con un stock como el que tenemos, que es impresionante en relojería y joyería.

¿Qué periodo ha sido el más complicado?

Las devaluaciones, la primera se presentó en 1982, se trató de una devaluación muy grande. Otro que recuerdo mucho fue cuando abrimos la joyería en Polanco y la de la Zona Rosa, a finales de 1994, a dos semanas de inaugurarlas. Antes de enfrentar estas situaciones todo lo teníamos marcado en pesos, pero ahora ya lo actualizamos a dólares de acuerdo al tipo de cambio.

La boutique de Masaryk renovada en 2016.

¿Cuándo introdujeron la alta relojería en su catálogo?

Entre 1987 y 1994 iniciamos con varias marcas, entre ellas Chopard y Ebel. Empezamos a tener las representaciones de TechnoMarine y de otras marcas como Cartier. Nos asociamos con ellos cuando abrieron su boutique en la Zona Rosa. Luego se mudaron a Polanco. En esa época Mazaryk empezó a detonar como un punto de referencia luxury en la Ciudad de México. Actualmente, la relojería ha crecido en los últimos años, ahora nuestro negocio se basa en la relojería en su mayoría.

Ahora el e-commerce toma más fuerza, ¿cómo lo enfrentan ustedes?

Desde luego algunas marcas lo hacen en algunos modelos, sin embargo respetan al segmento… Un reloj se tiene que ver en la mano más que en una pantalla.

¿Piensa que la relación con el cliente la mantiene el joyero?

Claro. Por otro lado, nosotros tenemos un taller en México con unos artesanos increíbles.

¿Quién participa en el diseño de las joyas?

Mi tío Maurice, a sus 89 años, sigue muy metido: Pero más adelante organizaremos un tour de cómo se hace la joya.

¿Tienen planes de expansión?

No, por ahora nos enfocamos a la Ciudad de México.

¿Cómo se ve Berger en 10 años?

Nos encantaría reafirmar nuestro liderazgo en el sector joyero y relojero, nos encantaría tener un espacio especial para cada marca, pero vamos a ver cómo es nuestro desarrollo, pero nuestro objetivo es crecer.

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Alma Delia Pacheco

Directora comercial relojes

Heredé el gusto por los relojes desde niña y profesionalmente por el diseño. Desde hace 21 años estoy en este fascinante sector relojero, trabajando de la mano junto con las marcas haciendo estrategias comerciales y de marketing.

SANDRA GUERRA

Gte. de planeación y desarrollo

Ingeniera industrial que encontró en la relojería las máquinas ideales para articular experiencias, arte y creatividad en un engranaje impulsado por personas extraordinarias. Más de 88,600 hrs. de vuelo en estrategia y…

KEVIN GONZÁLEZ

Diseñador digital y multimedia

Geek millennial, amante de la tecnología. Ing. en comunicación multimedia, llevo los relojes mecánicos a la dimensión digital. Siempre al tanto de las tendencias tecnológicas. Mi mantra: "Más que transformación, maduración digital".

LESLIE LÓPEZ

Director editorial

Lector antes que editor. Planté un limonero y escribí un libro. Espíritu deportivo para templar el ánimo. Ldo. en Filosofía (Univ. de Sevilla) y Máster de Periodismo (Complutense de Madrid).

CARLOS ALONSO

Director general

Los contenidos en evolución son su razón de ser sin que importe el soporte. “La vida y la relojería, donde se ha especializado en los últimos 25 años, no son nada sin contenido”. Después de que los soportes hayan vivido una revolución tecnológica es momento de volver a defender el buen periodismo como una necesidad general.

CARLOS MATAMOROS

Editor Podcast
Recibió su primer reloj a los siete años, aprendió a cuidarlo y desde ahí ya no hubo vuelta atrás. Gracias a la carrera espacial y a las de autos, su pasión se dividió entre las máquinas que miden el tiempo y las dedicadas a vencerlo.

ANDRÉS MORENO

Redactor

Decía Antonio Machado que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas. Me he guiado por esta máxima durante casi veinte años que llevo escribiendo de relojes. En mi mano está hacerlo del modo más ameno posible.
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